La muerte de Alberto Víctor, el príncipe que estaba destinado a ser rey en el siglo XX

A la reina Victoria de Gran Bretaña, ya mayor, viuda y amargada, no le gustó nada cuando su hijo, el príncipe de Gales, bautizó a su primer hijo con los nombres de Alberto Víctor en 1864. Aquel niño, nacido en enero de ese año, estaba destinado a rey en el prometedor siglo XX.

LEE LA HISTORIA COMPLETA
Anuncios

“La Favorita”, un relato obsesión, traición y venganza sobre la vida amorosa de la reina Ana de Inglaterra

La carta reflejaba una pasión mal disimulada: “Espero tener un momento o dos para estar con Mi Querida…”, escribió la joven. “Quisiera tener un querido abrazo, el cual anhelo más de lo que puedo expresar”. En otra carta, la joven le rogó: “¡Ven a mí tan pronto como puedas, para que me abrace a ti (…) No puedo ir a la cama sin verte … Si supieras en qué condición me has dejado, estoy segura de que tendrías lástima“.

La correspondencia, escrita hace más de 300 años, es muy íntima pero dentro de los estándares pasionales de cualquier persona enamorada. Sin embargo, la autora de estas apasionadas misivas no era una mujer común y corriente, sino una princesa, Ana Estuardo, que se convirtió en la reina de Gran Bretaña en 1702. Y lo que hace a las cartas aún más intrigantes es que el destinatario del deseo de la joven princesa era otra mujer.

ana 2
ANA DE INGLATERRA MURIÓ EN 1714.

La mujer que la princesa Ana amaba con un ardor que iba mucho más allá de la amistad era Sarah Churchill, la bella, carismática e intrigante Duquesa de Marlborough, cuyo vínculo con la princesa era tan íntimo que escandalizaba a la corte de Londres. Ana amaba a su esposo, el príncipe Jorge de Dinamarca, y de hecho fruto de su unión fueron los constantes embarazos de la princesa (uno cada 18 meses).

Ahora, 300 años después, el Palacio de Kensington, una de las residencias de la realeza británica en Londres, abrió las puertas de una exposición que recuerda la vida de la que es una de las monarcas menos conocidas de la historia inglesa justo cuando se estrena una película sobre su vida, “La favorita”, dirigida por Yorgos Lanthimos y protagonizada por Olivia Coleman, Emma Stone y Rachel Weisz.

La muestra exhibe los trajes utilizados en la película con el propósito de contar la “verdadera historia” de la última monarca de la dinastía Estuardo. Matthew Storey, curador de las Colecciones Históricas de los Palacios Reales, dijo: “Hemos querido contar la historia de la reina Ana por un tiempo. Parece una monarca algo olvidada. Hemos estado investigando mucho sobre cómo podemos contar historias diversas, especialmente historias LGBT, y la reina Ana es una persona clave para eso“.

“Kensington es el lugar donde estas mujeres vivieron, amaron y donde la reina Ana murió en 1714”, agrega Storey. “Los vestuarios de la tres veces ganadora de premios de la Academia Sandy Powell se inspiraron en los estilos y siluetas de la moda de los días de la reina Ana, pero usaron telas y técnicas modernas para dar vida a las historias de esas mujeres”.

img_20181217_040849_209388564057.jpg

La favorita“, ganadora de varios premios de la “British Independent Film Awards“, detalla la relación íntima de Ana con la duquesa de Marlborough y con Abigail Hill, además de la amarga rivalidad entre las tres que consumiría la corte de la última monarca de la dinastía Estuardo.

Ana amaba a Sarah Jennings, con quien estaba obsesionada, casi desde su niñez. La princesa, era capaz de viajar por todo el país sólo para poder estar unas pocas horas junto a ella u organizar una citas nocturnas secretas. Era tan grande la pasión de Ana por Sarah que poco a poco ambas fueron víctimas de celos obsesivos y peleas monumentales.

Nadie sabe si la refinada Sarah en realidad amaba a Ana, pero se quejaba constantemente de los celos de su amante. Ana, por su parte, se manifestaba atormentada por las otras amistades femeninas y sensuales de Sarah, provenientes de la alta sociedad. Por eso, después de más de veinte años de intimidad, la relación se agrió y la princesa pareció transferir su amor a una simple burguesa llamada Abigail Masham, que era su dama del guardarropas real.

La duquesa fue expulsada y, como tantos cortesanos, exigió una venganza por lo que consideraba su traición. Primero, ella acusó públicamente a Ana de mantener relaciones lésbicas con Abigail. Luego escribió sus memorias, poniendo al descubierto las cartas de amor que la inocente y enamorada princesa le había escrito. Posesivas, apasionadas y vibrantes, las cartas plantean interrogantes acerca de la naturaleza de la relación entre Ana, la duquesa y su dama.

Una reina y una pasión desconocidas

Queen_Anne_of_Great_Britain

La historia ha considerado durante mucho tiempo a Ana como una de las monarcas más oscuras de la historia inglesa: gorda, aburrida, sin encanto y de inteligencia limitada. Nacida en 1665, fue la segunda hija sobreviviente de James Estuardo, duque de York, y de Lady Anne Hyde, y desde temprana edad, mantuvo una serie de amistades femeninas que causaron escándalo en la corte debido a su naturaleza obsesiva e íntima.

Siendo una adolescente, Ana se enamoró de una dama del guardarropas real, Mary Cornwallis, a quien ella escribió cartas tan ardientes que el duque de York se preocupó por la naturaleza de la relación y despidió a la dama. Según Sarah, el tío de Ana, el rey Carlos II, también lo había notado, comentando: “Ningún hombre ha amado a su señora tanto como Ana ha amado a la señora Cornwallis”.

Las relaciones de lesbianas no eran inauditas en la acalorada Corte de los Estuardo, que llegó a Inglaterra desde Escocia de la mano de un homosexual, Jacobo I. Su nieta Ana creció en el ambiente libertino de la corte de Carlos II, donde había pocos tabúes. De hecho, fue el “Monarca Alegre” quien encontró, con gran sorpresa, a una de sus amantes en la cama con otra mujer, y, tras unos instantes de perplejidad, se metió a la cama con ellas. Algunos años más tarde, se mostró menos feliz cuando otra de sus amantes inició un romance con su hija ilegítima.

“Deseaba poseerme completamente”

sarah
SARAH, DUQUESA DE MARLBOROUGH

Sarah Jennings y la princesa Ana eran amigas desde la niñez, aunque la duquesa era cinco años mayor. Cuando era adolescente, Sarah ya era descrita como una de las grandes bellezas de la corte. Rubia, vivaz y carismática, cautivaba a hombres y mujeres por igual y se casó con un ambicioso y apuesto joven oficial del ejército, John Churchill, diez años mayor que ella.

Churchill estaba apasionadamente enamorado de su esposa, y sus cartas ardían de deseo, pero él pasaba la mayor parte de su tiempo en el extranjero, luchando en la guerra contra Francia. Sarah no se contentaba con jugar a la esposa sumisa y obediente, y en su lugar, decidió a la tímida y regordeta princesa Ana, para la que se hizo indispensable.

Para tener cerca a la duquesa, Ana la nombró dama de la recámara (lady of the Bedchamber), lo que le confería un acceso completo a la vida íntima de la princesa. Por entonces el padre de la princesa desaprobaba esta relación, temiendo que Sarah dominara a su influenciable hija, y tenía razón, pero era demasiado tarde. De pronto, la encandilada Ana obedecía todos los mandatos de Sarah Churchill. Ingeniosa, confiada, encantadora y hermosa, la duquesa era todo lo que Ana no era, y eso la cautivaba.

Las cartas de Ana revelan lo encantada que estaba con su amiga: “Aunque escribiera volúmenes enteros, nunca podría expresar lo mucho que te amo”, le escribió. Como Sarah confesó más tarde, la princesa “deseaba poseerme completamente”. En cartas, Sarah y la princesa se referían entre sí por apodos. Ana era “Miss Morley” mientras la duquesa era “Mrs Freeman“, para subrayar que la relación no era una de una princesa y su sirviente, sino de iguales.

380028-1365763520
LA DUQUESA DE MARLBOROUGH FUE UNA DE LAS MUJERES MÁS RICAS Y PODEROSAS DE SU TIEMPO

En 1688, el padre de Ana fue depuesto y reemplazado por su hija mayor, María II, y su esposo, el príncipe Guillermo de Orange (el futuro rey Guillermo III), ambos protestantes. La princesa Ana se puso del lado de Guillermo y María, pero Sarah la animó a mantener la distancia (ella y Ana llamaban en privado a Guillermo III con el apodo de “aborto holandés”).

Furiosa, la reina María exigió a su hermana que expulsara a Sarah de la corte, culpándola por su alejamiento, pero Ana se negó. En protesta, ella misma abandonó palacio con su marido y se mudó al campo, a una residencia cercana a la de Sarah. Fue en ese tiempo cuando Ana se volvió cada vez más dependiente de Sarah, soportando sus frecuentes berrinches, críticas e intimidación.

A pesar de su feliz matrimonio, Ana era una mujer absolutamente solitaria. Su padre abandonó Inglaterra rumbo al exilio en Francia, su madre estaba muerta, su hermana estaba enfrentada con ella y perdió a 17 hijos en abortos espontáneos, partos mortales o enfermedades de la infancia. Solo uno de los niños sobrevivió a la infancia, el príncipe Guillermo, duque de Gloucester.

Los sirvientes eran espías de la reina María II, los cortesanos conspiraban y los nobles intrigaban contra Ana, por lo que no era de extrañar que la princesa -presunta heredera del trono porque María no tenía hijos- se aferrara a la astuta duquesa de Marlborough.

Guerra de favoritas en el palacio de Kensington

abigail
ABIGAIL, BARONESA MASHAM

Cuando Ana fue coronada reina, en 1702, después de la muerte de su hermana y de su cuñado, era una mujer obesa y con una salud quebrantada por la gota y otros males. Sarah se convirtió en la mujer más poderosa en la corte, ostentando los cargos de Guardián del Monedero Privado -que controlaba las finanzas de la reina-, y ejerció el cargo de “Groom of the Stool”, el puesto más alto e influyente de la corte, que tenía por objetivo asistir a la reina mientras hacía sus necesidades más íntimas.

Durante varios años, la duquesa de Marlborough intrigó e influyó poderosamente en la corte, haciendo notar a todos que la reina no era más que un títere suyo, una mujer vaga y poco interesada en los asuntos del gobierno.

Muy afectada por la actitud de su favorita, Ana se refugió en la tierna compañía de la joven Abigail Masham, una mujer sencilla que desde el principio se mostró dispuesta a escuchar, y consolar a la atribulada Ana, que para principios del siglo XVIII ya estaba muy enferma.

Cuando Sarah se dio cuenta de que Abigail la había reemplazado en el corazón de la reina Ana, reaccionó con furia amarga, llamando públicamente a Abigail como “la víbora” y la “perra desagradecida”. La despechada duquesa acusó violentamente a la reina de mantener “una pasión tan grande por tal mujer” y le advirtió que si el mundo se enteraba de su “intimidad” con Abigail y que la reina “no tenía inclinación hacia nadie del sexo opuesto”, su reputación quedaría arruinada para siempre.

En 1709, Sarah Churchill amenazó a la reina con contarle a todo el mundo que era lesbiana a menos que se deshiciera de Abigail, pero Ana se negó a ser chantajeada, respondiéndole: “Yo puedo amar a quien yo quiera”. Celosa, la duquesa comenzó a difundir rumores sobre la reina y su dama, insinuando que el país estaba siendo gobernado por un par de lesbianas.

Uno de los aliados de la duquesa de Marlborugh escribió una balada vergonzosa acerca de la relación “antinatural” de Ana con su “puta de Estado”, describiendo cómo le encantaba la “sucia camarera” Abigail ofrecer sus “dulces servicios” a la reina por las noches.

Los chismes comenzaron a extenderse. La corte murmuraba el “vicio femenino” de la reina, que se entregaba a los actos “más detestables de la naturaleza” y Sarah insinuaba que, mientras el príncipe Jorge estaba vivo, Ana y Abigail habían disfrutado de encuentros amorosos durante sus siestas de la tarde.

gettyimages-51160663-1024x1024
ANA FUE LA ÚLTIMA MONARCA DE LA DINASTÍA ESTUARDO.

Completamente enfurecida por las acusaciones de Sarah, Ana la expulsó de la corte junto a su marido. Los aliados de la duquesa en la corte y el gobierno fueron remplazados por amigos y familiares de Abigail.

Desde su exilio cortesano, una furiosa duquesa de Marlborough comenzó a amenazar a la reina con publicar las cartas privadas que le había enviado a través de los años: “Si esto se conoce, podrías perder la corona”. Pero esta vez las amenazas funcionaron: la reina pagó generosamente por las cartas y las ocultó para siempre.

Para ese entonces la duquesa era la mujer más rica de Inglaterra, con una fortuna equivalente a más de 100 millones de dólares actuales y era ama y señora del esplendoroso palacio de Blenheim. Pero aún ansiaba tener la última palabra revelando las cartas de Ana en sus propias memorias.

Cualquiera que sea la verdad sobre cualquier intimidad sexual en el dormitorio real, la historia de la reina Ana, la dama Abigail y la duquesa de Marlborough siendo un relato tentador de obsesión, traición y venganza.

Revelaron detalles sobre la locura del “ingobernable”, “malhumorado” e “incoherente” rey Jorge III

(S.C.) El rey Jorge III sufrió un brote de enfermedades mentales después de leer “El Rey Lear”, la obra de William Shakespeare sobre un monarca que desciende a la locura, de acuerdo con los registros médicos que los Archivos Reales del castillo de Windsor publicaron por primera vez en Internet.

Los documentos que detallan cómo el rey “ingobernable” fue puesto en una camisa de fuerza y atado durante la crisis de la regencia de 1789 también revelan cómo la tragedia de Shakespeare dejó al soberano en un estado “agitado y confuso”. La obra, originalmente redactada en 1605, no fue interpreatada durante el reinado de Jorge III porque se consideraba “insultante”.

De acuerdo con los documentos publicados, Jorge III, nacido en 1738, sufrió períodos significativos de mala salud durante su reinado de 60 años de 1760 a 1820, que fueron en gran parte mal entendidos y tratados con “remedios” como purgas, sangrados, ampollas e incluso dosis de opio.

Los cambios en la conducta y la salud del monarca durante 1788-89, cuando el Parlamento intentó establecer una regencia debido a su comportamiento, se documentaron en un diario de su caballerizo, Robert Fulke Greville. En una nota de octubre de 1788, señala que “Su Majestad se ha vuelto más malhumorado de lo que solía ser” y está “agitado y hablando incesante e incoherentemente”.

Revelaron detalles sobre la locura del "ingobernable", "malhumorado" e "incoherente" rey Jorge III

Para diciembre de ese año, la salud de Jorge III empeoró y se ha convocó a un médico, Francis Willis, que tenía experiencia en el tratamiento de pacientes con enfermedades mentales. A finales de ese mes, el 20 de diciembre, la condición del rey se había deteriorado aún más: “S.M. se volvió tan ingobernable que se recurrió al chaleco de fuerza: tenía las piernas atadas, y lo sujetaron por el pecho, y en esta situación deplorable se encontraba, cuando vine a hacer mis consultas matutinas”.

A lo largo de la enfermedad de Jorge III, su hijo el Príncipe de Gales (más tarde el Príncipe Regente y luego Jorge IV), recibió cartas regulares de los médicos de su padre. En una, fechado el 18 de diciembre de 1788, Sir Lucas Pepys informa al Príncipe de un deterioro en la salud de su padre, lo que atribuye a la lectura de Shakespeare: “Esta mañana está casi en el mismo estado que estaba en la noche, pero es más agitado y confundido, tal vez porque se le permitió leer al Rey Lear”.

Para marzo de 1789, el rey se había recuperado, pero sufrió más episodios de mala salud en 1801 y 1804, antes del último y largo período de enfermedad desde 1810 hasta su muerte, en 1820.

Un volumen titulado “El progreso de los síntomas de la enfermedad del rey desde noviembre de 1810” proporciona un resumen diario del bienestar del rey y destaca el seguimiento cercano al que estuvo sujeto. La entrada para el 21 de marzo de 1811 habla del “nerviosismo y la ansiedad” del monarca y de la “desconfianza de sus médicos”.

Los informes regulares al Príncipe de Gales continuaron hasta que murió el Rey, de 81 años. La última carta enviada ese día, firmada por cuatro médicos Henry Halford, Matthew Bailie, Robert Willis y David Dundas, dice: “El pulso de Su Majestad sigue siendo regular, pero muy débil, y no podemos ocultar a Su Alteza Real nuestros temores de que Su Majestad no se nos pueda librar por mucho más tiempo “.

Los documentos se publicaron como parte del Programa de Documentos de Georgia, que está transformando el acceso a más de 350.000 documentos en los Archivos Reales y la Biblioteca Real, ubicados en el Castillo de Windsor, relacionados con el período georgiano, como se denomina al reinado de la Casa de Hannover entre 1707 y 1837.

Hace 200 años: dos bodas principescas y una esperanza para el trono británico

El 11 de julio de 1818, hace 200 años, el palacio de Kew en Inglaterra fue testigo de dos bodas reales simultáneas. Los príncipes Guillermo y Eduardo, hijos del rey Jorge III, se casaron respectivamente con las princesas alemanas Adelaida de Sajonia-Meiningen y Victoria María Luisa de Sajonia-Coburgo. La apresurada boda de los príncipes, que tenían entonces 53 y 55 años responían a un tema preocupante: la casa de Hannover necesitaba herederos después de la muerte de la princesa Carlota de Gales.

Carlota había fallecido muy joven después de dar a luz a un niño muerto, con lo que la corona pasó a depender de su padre, el príncipe de Gales, quien no tenía más hijos, y de una serie de tios avejentados, avaros y ociosos tapados de deudas, amantes e hijos bastardos. A cambio de una generosa pensión del Parlamento, Guillermo (duque de Clarence) y Eduardo (duque de Kent) abandonaron a sus amantes y sus hijos ilegítimos y se celebraron matrimonios apresuradamente. El rey Jorge III no asistió a la boda porque estaba confinado en Windsor, demasiado débil física y mentalmente.

kew
EL PALACIO DE KEW HACE 200 AÑOS | WIKI COMMONS

La boda se celebró en la pequeña Sala de Dibujos, o ‘Drawing Room’, del antiguo Palacio Real de Kew, a unos 10 kilómetros de Londres. Gravemente enferma de hidropesía, la reina Carlota, madre de los dos duques, no podía trasladarse a la corte de St. James para asistir a la boda de sus hijos, por lo que se escogió esta sala de su residencia campestre para que pudiera presenciar a la ceremonia. La reina moriría apenas cuatro meses más tarde.

65432-1401894001
LOS PRÍNCIPES GUILLERMO Y EDUARDO CUANDO ERAN NIÑOS.

El espacio ofrecía un escenario extremadamente modesto si lo comparamos con el esplendor de las bodas reales que se celebrarían uno y dos siglos más tarde. Los tapiceros reales ‘France & Bantingerigieron un altar improvisado en un extremo de la sala, donde celebró la boda un obispo. Además, la sala fue adornada con un dosel y reclinatorios de terciopelo carmesí, y la platería litúrgica de la Torre de Londres, incluyendo el enorme plato de limosnas creado para la coronación de Carlos II en el siglo XVII.

Dhwh88kVAAAEpWs
DRAWING ROOM DEL PALACIO DE KEW | HRP

Las dos princesas alemanas asistieron a su boda igualmente glamorosas. La princesa Adelaide, hija del duque de Meiningen, llevaba un vestido realizado en seda tejida con plata y adornada con encajes de plata. La futura duquesa de Kent, por su parte, llevaba un vestido similar, pero de oro, y ambas llevaban guirnaldas de diamantes en el pelo. Los novios, aunque se veían sofisticados con sus atuendos militar y naval, eran ya dos hombres calvos, avejentados y corpulentos. Fueron llevados al altar por su hermano mayor, el príncipe de Gales, quien ejercía la regencia por causa de la demencia de su padre. Solo miembros de la familia inmediata y los ministros del gobierno de más alto rango asistieron al servicio.

Diseño sin título
LOS DUQUES DE KENT FUERON LOS PADRES DE LA REINA VICTORIA.

El futuro de las dos parejas de recién casados no ofreció muchas esperanzas al viejo trono británico. El duque de Clarence mantuvo siempre una pésima relación con su padre, el rey Jorge III, respetuoso de la institución familiar, quien le reprochaba sus aventuras sexuales con señoritas de toda condición social. Su hermano mayor, el Regente, lo detestaba a causa de su absoluta falta de cultura y refinamiento. Su relación con su madre, en honor a la verdad, fue malísima: “Solo deseaba que la maldita perra vomitara su alma hacia las alturas”, confesó Guillermo. “En ese caso, todos habríamos tenido un poco de paz en la casa”.

Diseño sin título(1)
LOS DUQUES DE CLARENCE TUVIERON DOS HIJAS QUE MURIERON PEQUEÑAS.

En el sorteo de novias, a Guillermo le tocó la peor parte: la princesa Adelaida sería definida por un un contemporáneo como “sin dudas la mujer más fea de sus dominios”. Nunca tuvieron hijos y Adelaida, aunque no deseada, cuidó con paciencia a su obeso y vicioso marido. Cuando llegó el momento de su coronación, en 1830, Guillermo IV era un hombre goloso, obeso y con frecuentes estallidos de ira. Bebía sin límites y eructaba en los banquetes de Estado. Durante mucho tiempo había sido ridiculizado por todos (la corte, la nobleza, su familia incluso), y todos se reían a sus espaldas con el apodo que se le había impuesto: “Coconut”, por la forma ovalada de su cabeza. Murió en 1837.

sin-tc3adtulo
GUILLERMO Y ADELAIDA REINARON ENTRE 1830 Y 1837.

El futuro de Eduardo, duque de Kent, tampoco fue muy glorioso. En 1819 nació la que sería su única hija, la princesa Alejandrina Victoria, a quien la historia recuerda como la reina Victoria. Una gitana le había anticipado a Eduardo que él jamás reinaría, pero sí lo haría su descendencia después de una serie de fallecimientos dentro de su familia. Y eso lo incluía a él. El duque de Kent murió en 1820, seis días antes de la muerte de su padre. Su pequeña hija tendría que esperar diecisiete años para convertirse en la gran monarca de Gran Bretaña durante 64 años. De alguna forma, aquella improvisada doble boda, que no ofrecía demasiadas esperanzas dinásticas, salvó a la monarquía británica.

¡Horror en Hampton Court! La reina que fue repudiada por fea

El 12 de octubre de 1537, en el palacio real de Hampton Court, la reina Jane de Inglaterra dio a luz al esperado heredero al trono. Un niño débil y de poca salud que reinaría por pocos años con el nombre de Eduardo VI. Doce días después, las complicaciones del posparto llevaron a la reina Jane a la muerte.

El viudo, el rey Enrique VIII, desolado ante la inesperada muerte de su amada, no fue capaz de acudir a su funeral. Deshecho por el dolor, en un extraño acto de amor, el rey dispuso que se le enterrara junto a ella en la capilla de St. George, del castillo de Windsor, y guardó tres años de luto antes de casarse de nuevo.

Enrique VIII se encerró durante un tiempo en la abadía de Westminster y se veía verdaderamente desconsolado. El luto lo mantuvo alejado de los asuntos del gobierno durante varios meses hasta que se vio obligado a salir del ostracismo. La dinastía Tudor necesitaba otro príncipe.

El afamado artista Hans Holbein fue enviado por Enrique VIII a las cortes reales de Europa para retratar a varias princesas que podían casarse con el rey de Inglaterra, de manera que este pudiera hacerse una idea de cómo lucían. En Le Havre, Holbein retrató a Luisa de Guisa; en Joinville y Nancy, a las hijas del duque de Lorena; en Cléves, a las hijas del duque de ese lugar, Ana y Amalia.

593923665
ANA ERA HERMANA DEL DUQUE DE CLEVES.

Una de las más bonitas fue la duquesa Cristina de Milán, sobrina del emperador Carlos V, a quien Enrique le escribió para proponerle matrimonio. La astuta princesa no se mostró demasiado entusiasmada con la idea de ser reina de Inglaterra y le respondió, amable pero irónicamente, que tenía solo una cabeza y le era absolutamente necesaria.

Desilusionado, Enrique VIII le pidió al rey Francisco I de Francia que enviara a Calais a un grupo de las mujeres más bonitas de su dinastía para que él eligiera alguna, pero el francés se negó muy disgustado: “Las princesas franceses no son una manada de yeguas que se ponen a la venta”, le respondió. “¿O acaso, hermano mío, pretendes probarlas una tras una como un semental?”

Tras el fracaso de todos los buenos proyectos matrimoniales, el lord canciller, Thomas Cromwell, le aconsejó al rey casarse con Ana de Cléves (1515–1557), quien, según el lord, superaba en belleza a Cristina de Dinamarca “como el dorado sol supera a la plateada luna”.

A pesar de su carácter amable y dócil, y de ser retratada como dueña de una “absoluta belleza”, la historia no guarda agradables recuerdos de ella. Ana era la hermana del duque Guillermo de Cléves, un ducado antipapista ubicado entre los actuales Países Bajos y Alemania, que era favorable a la fe luterana.

51242710

El divorcio de Enrique VIII y Catalina de Aragón le había creado dificultades diplomáticas con el sobrino de la reina esposa, el emperador Carlos V, y se temió que éste se aliara con la otra potencia católica de la época, Francia, para lanzar una cruzada contra Inglaterra.

Por ello, el rey aceptó la sugerencia de Cronwell de casarse con aquella princesa alemana y establecer, de esta forma, una alianza con los príncipes alemanes protestantes opuestos a la todopoderosa dinastía Habsburgo, que reinaba en España y Austria. Además, a Enrique le pareció buena idea tomar por esposa a una mujer a la que el embajador francés Charles de Marillac describía como “alta y delgada, de mediana belleza, y de apariencia bien segura y resuelta”.

De inmediato, Cromwell envió al pintor cortesano Hans Holbein al ducado de Cleves para encargarle un retrato de Ana. Allí, el pintor fue recibido con cierta reserva. La muchacha había sido criada en un ambiente austero, mediocre, casi espartano. Solo hablaba alemán y su única habilidad consistía en bordar.

No sabía cantar ni tocar ningún instrumento musical, talentos muy valorados en la corte Tudor, porque en Alemania esos pasatiempos no se consideraban propios de una dama. Holbein no pudo convencer al duque de Cleves de que su modelo se quitara el voluminoso velo que cubría su cara ni de que cambiara el pesado manto que la cubría por algún vestido que mostrara discretamente sus curvas. A pesar de este inconveniente, Holbein pudo retratar a una misteriosa chica con frente alta, de párpados caídos y una barbilla puntiaguda.

Lo cierto es que, según los cánones de la época, Ana era realmente fea y eso lo reconocía hasta su esposo: era demasiado alta y corpulenta; su rostro poco agraciado mostraba, además, cicatrices cutáneas de haber padecido la viruela. Impaciente ante los halagadores comentarios que en la corte se hacían sobre su futura esposa, Enrique VIII marchó a Rochester y quedó totalmente desilusionado.

163234019

Sintió que había sido engañado, pues todo el mundo había alabado los atractivos de Ana: “No es en absoluto tan bella como me habían contado”, se quejó. “¡Me has engañado! ¡Me has engañado!”, le gritó Enrique a Cromwell. “¡Tu y ese maldito pintor me mintieron! No es rubia, no es bonita, ¡no me gusta! ¡No quiero casarme con ella!”

La boda se celebró de todos modos el 6 de enero de 1540, y la primera noche no fue nada agradable. Al día siguiente, Enrique VIII, acostumbrado a tener en su cama a las mujeres más bellas de sus dominios, confió avergonzado a su canciller los motivos por los cuales no había logrado consumar el matrimonio: “Antes no me gustaba mucho, pero ahora me gusta mucho menos. Esta vaca flamenca está picada de viruelas, es medio hombruna, de carnes marchitas y senos caídos”.

Después el rey le contó a sus médicos que el cuerpo de la reina era “tan deforme y poco agraciado que no me provocó la menor excitación”. Bastante hastiado y necesitado de herederos, Enrique VIII se deshizo amablemente de su fea consorte seis meses después, tratando de que ella se sintiera ofendida.

wk_70510_46925_large

El rey alegó que Ana no había llegado virgen al matrimonio, arguyendo como prueba que sus pechos eran demasiado grandes. Noche tras noche, Enrique y Ana se acostaban juntos pero no pasaba nada, mientras el rey no paraba de confesarle a Cromwell que su esposa era “todavía una doncella, tanto como cuando su madre la trajo al mundo”.

A pedido del rey, el Parlamento declaró el divorcio de Ana de Cleves. La anulación del matrimonio se decretó básicamente por su no consumación: la reina jamás había sido instruida sobre cómo debía perder la virginidad y no permitió en ningún momento que el rey la tocara. Cuando este lo hacía, sólo estallaba en grotescas carcajadas a causa de las cosquillas. La reina nunca fue coronada y aceptó con sumisión el divorcio.

En recompensa, se le otorgaron joyas, dos palacios lujosamente amueblados y unas tierras que producían cuatro mil libras de renta anual. Además, consintió en permanecer en Inglaterra como súbdita y recibió el trato oficial de “Muy Querida hermana del Rey” En la jerarquía cortesana, pasó a ocupar un lugar de preferencia después del rey, la reina y los tres hijos reales ¡Fue, sin dudas, la más afortunada de las seis reinas de Enrique VIII!

 

POST DATA. Por cierto, el matrimonio de Enrique y Ana terminó de forma amistosa y el único al que le fue mal es a Thomas Cromwell. El consejero del rey tuvo que pagar con su vida el terrible error de haber convencido al rey de que se casara con “la yegua de Flandes”. Acusado de traición y sin derecho a defensa, a causa de su origen plebeyo, Cromwell fue condenado a una muerte lenta y degradante, pero, en recompensa por sus muchos años de servicios, se le acordó el privilegio de una ejecución rápida. En 1542, después que la siguiente esposa del rey fuese decapitada, los Cléves presionaron a Enrique VIII para que volviera a casarse con Ana, a lo que el monarca respondió con un tajante, pero amable, “no”.

50 cosas curiosas sobre la coronación de Isabel II (el 2 de junio de hace 65 años)

1. La Abadía de Westminster, en Londres, ha sido el escenario de cada coronación desde el año 1066. Antes de la construcción de la abadía, las coronaciones se llevaron a cabo en ciudades como Bath, Oxford y Canterbury.

2. La reina Isabel II fue coronada el 2 de junio de 1953 en Westminster. Es la trigésimo novena soberana que coronada en este templo.

3. Isabel II es la sexta Reina que ha sido coronada en la Abadía de Westminster por derecho propio. La primera fue la reina María Tudor, que fue coronada el 1 de octubre de 1553.

4. Isabel accedió al Trono el 6 de febrero de 1952 por la muerte de su padre, el rey Jorge VI. Ella estaba en Kenia en ese momento y se convirtió en el primer soberano en más de 200 años que ascendió al trono estando en el extranjero.

5. La abuela de la reina, la reina Mary, de 81 años, fue la primera reina en ver un nieto ascender al trono. Sin embargo, murió unos meses antes de la ceremonia de coronación.

coronaci1

6. El servicio de coronación utilizado por la reina Isabel II proviene de la coronación del rey Edgar en Bath en el año 973. El orden del servicio del siglo XIV fue escrito en latín y fue utilizado hasta la coronación de Isabel I.

7. El Earl Marshal (Conde Mariscal) es el responsable de organizar la coronación. Desde 1386 esta responsabilidad recae en los sucesivos Duques de Norfolk. El 16° duque de Norfolk fue responsable de la coronación de 1953 y también fue responsable del funeral de Sir Winston Churchill (1965) y la investidura del Príncipe de Gales (1969).

8. El “Gold State Coach” fue el encargado de transportar a la reina y el duque de Edimburgo desde el palacio hasta la Abadía. Estaba tirado por ocho caballos llamados Cunningham, Tovey, Noah, Tedder, Eisenhower, White Snow, Tipperary y McCreery.

coronaci2

9. El ramo de flores que llevaba la reina estaba compuesto por orquídeas y lirios de los valles de Inglaterra, stephanotis de Escocia, orquídeas de Gales y claveles de Irlanda del Norte y la Isla de Man.

10. El duque de Edimburgo, de 31 años, utilizó su uniforme en el viaje hacia y desde la Abadía. Mientras duró la ceremonia, utilizó una corona ducal y una túnica sobre su uniforme.

11. El vestido de la coronación de la reina, diseñado por el diseñador de moda británico Norman Hartnell, fue hecho del satén blanco y bordado con los emblemas del Reino Unido y de la Commonwealth en hilo del oro y de la plata.

12. Desde la coronación, la reina ha usado el vestido de coronación en seis ocasiones, incluyendo la Apertura del Parlamento en Nueva Zelanda y Australia en 1954.

13. Las camareras, los cocineros y los jardineros del Palacio de Buckingham se reunieron en el Gran Salón del Palacio de Buckingham para ver a la reina partir con rumbo a la Abadía de Westminster.

14. El servicio de la coronación comenzó a las 11:15 am y duró casi tres horas.

15. En su camino a la abadía, la reina utilizó la “Diadema de Estado de Jorge IV”, confeccionada en 1820 y adornada con figuras de rosas, tréboles y cardos, 1.333 diamantes y 169 perlas.

16. La procesión estaba compuesta por 250 personas, incluyendo líderes de la Iglesia, primeros ministros de la Commonwealth, miembros de la Casa Real, líderes civiles y militares y miembros de la Guardia.

17. El arzobispo de Canterbury es el encargado de dirigir el servicio desde la Conquista en 1066. Por primera vez en 1953, también participó un representante de otra Iglesia, el Moderador de la Iglesia de Escocia.

18. El servicio de coronación se divide en seis partes: el Reconocimiento, el Juramento, la Unción, la Investidura (que incluye la coronación), la Entronización y el Homenaje.

19. El óleo de la Unción se realiza con aceites de naranja, rosas, canela, almizcle y ámbar gris. Generalmente un lote puede usarse durante varias coronaciones, pero en mayo de 1941 una bomba destruyó el frasco, por lo que hubo que fabricar un nuevo óleo.

20. Una de las instalaciones más notables para la coronación fue el anexo en el extremo oeste de la Abadía de Westminster. Esto proporcionaba el espacio necesario en el que las procesiones pudieran formarse sin ser vistas por las multitudes.

21. Durante la investidura, la reina se puso por primera vez el “Colobium Sindonis”, una prenda de lino, y luego una túnica de oro llamado “Dalmatic” o “Supertúnica”. El Lord Gran Chambelán le presentó las espuelas de oro (símbolo de la caballería), después de lo cual el arzobispo de Canterbury le presentó una espada enjoyada, símbolo del poder. En los brazos se la reina fueron colocados los brazaletes dorados que simbolizan la Sinceridad y Sabiduría. Por último, la reina se puso la estola y el manto dorado y recibió el orbe, el anillo de la coronación, el guante, y luego el cetro.

22. El príncipe Carlos fue el primer niño en ser testigo de la coronación de su madre como coberano. La princesa Ana, de 2 años, no asistió a la ceremonia ya que la consideraban demasiado joven.

23. El Príncipe Carlos recibió una invitación especial de niños pintada a mano para asistir a la coronación de su madre.

24. Un total de 8.251 invitados asistieron a la ceremonia en la Abadía de Westminster.

25. 129 naciones y territorios del Imperio Británico estuvieron oficialmente representados en la coronación.

26. Algunas personas presentes en la Abadía fueron testigos de su cuarta coronación. La princesa María Luisa (nieta de la Reina Victoria) también había visto las coronaciones de Eduardo VII (1902), Jorge V (1911) y Jorge VI (1937).

27. Isabel II fue coronada en el Trono de San Eduardo, conocido también como la “Silla de la Coronación”, construido en 1300 para Eduardo I y usado en cada coronación desde entonces. Actualmente se conserva en la abadía de Westminster.

28. La Corona de San Eduardo, hecha en 1661, fue puesta en la cabeza de la reina durante la coronación. Hecha de oro sólido, tiene una altura de 31,5 cm. y pesa aproximadamente 0,91 kg.

coronaci3

29. Después de la corona, el orbe, también hecho en 1661, es la pieza más importante de las regalías. Es un globo de oro rodeado por una cruz rodeada por una banda de diamantes, esmeraldas, rubíes, zafiros y perlas con una gran amatista en la cumbre.

30. El Anillo de Coronación, conocido como “El anillo de bodas de Inglaterra” fue colocado en el dedo anular de la mano derecha de la reina. Confeccionado para la coronación del rey Guillermo IV en 1831, el anillo se ha usado en cada coronación desde entonces, excepto de la reina Victoria, cuyos dedos eran tan pequeños que el anillo no podía reducirse lo suficientemente.

31. La cobertura de la BBC de la coronación fue un gran avance para la historia de la radiodifusión. Era el primer servicio televisado y para la mayoría de la gente, era la primera vez que veían un evento en la televisión.

32. 27 millones de personas en el Reino Unido (de los 36 millones de habitantes) vieron la ceremonia en la televisión y 11 millones la escucharon en la radio.

33. Se acreditaron más de 2.000 periodistas y 500 fotógrafos de 92 naciones en la ceremonia.

34. Entre los muchos periodistas extranjeros estaba Jacqueline Bouvier (más tarde la Primera Dama de los Estados Unidos, Jackie Kennedy), que trabajaba para el “Washington Times-Herald” en ese momento.

coronaci4

 

35. La ruta de regreso al Palacio fue diseñada para que la procesión pudiera ser vista por la mayor cantidad de gente posible en Londres. La ruta de 7,2 km necesitó un viaje de dos horas para completarse.

36. Muchas personas acamparon en The Mall para echar un vistazo a la procesión, incluyendo una familia que había navegado desde Australia en un ketch para la ocasión. Miles de personas más celebradas en todo el país y la Commonwealth con fiestas callejeras.

37. El Ministerio de Alimentación concedió 82 solicitudes para cocinar bueyes rostizados, una tradición que se mantenía desde varias coronaciones anteriores.

38. La Corona Estatal Imperial, que fue usada por la reina durante su regreso al Palacio de Buckingham, contenía cuatro perlas tradicionalmente creídas para ser los pendientes de la reina Isabel Tudor.

39. En el camino de regreso al Palacio de Buckingham, la reina utilizó la nueva túnica púrpura. Fue creada por 12 costureras de la Real Escuela de Costura, que trabajaron durante 3.500 horas.

40. 30.000 hombres participaron en la procesión: 3.600 de la Armada Real, 16.100 del Ejército y 7.000 de la RAF, 2.000 de la Commonwealth y 500 de las “Colonias”. Hubo además 6.700 soldados de reserva y 1.000 oficiales de la policía militar real fueron los encargados de velar por la seguridad en Londres. Otros 7.000 policías fueron llevados de 75 fuerzas provinciales.

41. La reina Salote Tupou III de Tonga, invitada a la ceremonia, se ganó las simpatías de las multitudes negándose a cerrar el techo de su carruaje a pesar de la lluvia.

42. Las decoraciones principales de la ruta procesional se encontraban en The Mall, donde había cuatro arcos de acero tubular de dos arcos, que se iluminaban por la noche. Los arcos fueron levantados en su lugar por gigantes grúas móviles. Vinculando los arcos de la ruta se encontraban las largas filas de patrones montados con coronas de oro y cada uno colgaba con cuatro pancartas escarlatas que llevaban el Monograma Real.

43. La reina apareció con su familia en el balcón del Palacio de Buckingham, que todavía llevaba la Corona del Estado Imperial y los trajes de la ceremonia para saludar a las multitudes animadoras. Isabel II volvió a aparecer en el balcón a las 21.45 para encender las “luces de Londres”.

coronaci6

44. El “Coronation Chicken” fue un plato inventado para los invitados extranjeros después de la ceremonia. La comida tenía que prepararse con anticipación y una florista propuso una receta de pollo frío en una salsa de crema de curry con una ensalada bien condimentada de arroz, guisantes verdes y hierbas mezcladas. La receta ganó la aprobación del Ministro de Obras y desde entonces ha sido conocida como “Coronation Chicken”.

45. Numerosas fotografías oficiales fueron tomadas en el Palacio de Buckingham después de la coronación, pero las más memorables son las tomadas por Cecil Beaton.

46. El artista oficial de la coronación fue el polaco Feliks Topolski.

47. Entre los miles de invitados se encontraron la reina de Tonga, el rey de Suazilandia, los príncipes herederos de Noruega, de Laos, de Japón, de Etiopía y de Irak, y príncipes y princesas de las casas reales de Dinamarca, Suecia, Bélgica, Luxemburgo, Mónaco, Liechtenstein, Jordania, Arabia Saudita, Holanda, entre otros.

48. El 2 de junio de 1953, se supo que Edmund Hilary y Tenzing Norgay habían llegado a la cumbre del Monte Everest. La reina presentó a los 14 miembros de la expedición con medallas especiales de la coronación de la edición con la frase adicional “Expedición del Monte Everest”.

49. La primera gira en el extranjero que realizó Isabel II tras su coronación fue a Bermuda, Jamaica, Panamá, Fiji, Tonga y Nueva Zelanda a partir de noviembre de 1953. La reina regresó en 1954 a Australia, Ceilán (ahora Sri Lanka) Aden y Uganda – En Britannia de Aden vía Malta y Gibraltar.

50. El 24 de junio de 1953, los honores de Escocia (la corona, el cetro y la espada) fueron llevados antes de la reina en una procesión del palacio de Holyroodhouse a la catedral de St Giles.

#royalwedding: ¿Fue la reina Carlota fue la primera “princesa negra” de la monarquía británica?

Tras su boda con el príncipe Harry el próximo sábado 19 de mayo, la actriz estadounidense Meghan Markle se convertirá en el primer miembro de la familia real británica con raíces africanas en la época moderna. Algunos comentarios en las redes sociales ya califican a Meghan como “princesa negra“, y la futura duquesa llegó a ser víctima de ataques racistas.

Sin embargo, algunos creen que Meghan no será la primera mujer de orígenes africanos en incorporarse a la familia real británica. Existió una “princesa negra” en el siglo XVIII, la alemana Carlota de Mecklemburgo-Strelitz, quien se casó a los 17 años con el rey Jorge III en 1761. Carlota, convertida en reina consorte, fue madre de 15 hijos y el príncipe Harry es uno de sus descendientes directos. Su tumba se encuentra muy cerca del altar donde Meghan se casará con el príncipe.

Carlota nació en 1744 en la localidad de Mirow, en el noreste de Alemania, y era hija del príncipe Carlos Luis Federico de Mecklemburgo y de su esposa, la princesa Isabel Albertina de Sajonia-Hildburghausen.

carlota 4

Según relata Janice Hadlow en su libro “Un experimento real: la vida privada del rey Jorge III”, el rey y Carlota se conocieron solo unas horas antes de su boda después de que la princesa experimentara un difícil viaje con tormenta en el mar desde Cuxhaven, en la costa alemana. El rey estaba feliz con la esposa que su madre le había elegido y esperó con impaciencia su llegada.

Cuando Carlota fue presentada al rey, ella “se arrojó a sus pies”, pero el rey la levantó y la envolvió cariñosamente en sus brazos. Multitudes de plebeyos se estiraron para ver este primer encuentro entre el rey y su princesa, cuyo cabello castaño estaba apilado en rizos rizados que caían sobre su largo cuello y que parecía ser de un hermoso color café con leche.

Después de que Jorge anunció en julio de 1761 su intención de casarse con Carlota, envió una flota a Alemania para llevar a su novia a Inglaterra. “Llegaron el 14 de agosto de 1761”, según un informe del Palacio de Buckingham, “y fueron recibidos por el hermano de Carlota, el actual duque, y se firmó el contrato de matrimonio. Después de tres días de celebraciones, el 17 de agosto la Princesa partió hacia Gran Bretaña. El viaje fue difícil, con tres tormentas en el mar, llegando a Londres el 8 de septiembre“.

carlota 2

El yate principal, el “Royal Caroline”, pasó a llamarse “Royal Charlotte” “y se ajustó suntuosamente para la princesa”, según una exhibición en los Museos Reales de Greenwich, que contiene una pintura de la llegada de Carlota en septiembre de 1761 a Harwich Harbour.

“Las ráfagas del oeste hicieron volar al escuadrón que regresaba a la costa noruega tres veces, por lo que pasaron diez días antes de que llegara a Harwich”. “De vuelta en Londres, el entusiasmo del rey aumentaba a diario”, escribió Hadlow en su libro. “Había adquirido un retrato de Carlota y se decía que era estaba fascinado con ella, pero no deja que ningún mortal lo mirara“.

“En media hora, uno solo oyó proclamas de su belleza: todos estaban contentos, todos contentos”, escribió Horace Walpole. “Se la ve muy sensata, alegre y notablemente refinada”. Según sus memorias, Walpole describió a Carlota como “de estatura mediana, y bastante pequeña, pero su forma es fina y su porte elegante; sus manos y cuello estaban muy bien revueltos; su cabello castaño; su rostro redondo y rubio; los ojos de un azul claro, y radiante de dulzura; la nariz un poco plana, y apareció en el punto; la boca bastante grande, con labios rosados y dientes muy finos “.

familia real 17871

Absolutamente encantado con su novia, Jorge III la presentó a su madre, Augusta -princesa viuda de Gales-, sus tres hermanas, sus tres hermanos y a su tío el duque de Cumberland, según el relato de Hadlow. Antes de la boda, se celebró una cena muy inglesa de perdices rellenas de trufas y pasteles de venado mientras los trabajadores de la corte se dedicaban apresuradamente a organizar la ceremonia de la boda.

Carlota, que no sabía inglés a su llegada, conversó en francés y alemán con el rey. A las 9 de la noche, seis horas después de su desembarco, Carlota se casó en la Capilla Real del Palacio de St. James y se convirtió en reina.

Para su boda, Carlota utilizó un vestido hecho de tejido plateado y una tiara de enormes diamantes, e iba cubierta con una capa de terciopelo púrpura. “A pesar de su magnificencia”, escribe Hadlow, “el atuendo de Carlota era muy pobre” y “el vestido, cargado con pesadas joyas, era demasiado grande para el esbelto cuerpo de Carlota”. Su capa de color púrpura, escribió Walpole, era “tan pesada, que los espectadores vieron tanto de su mitad superior como el rey mismo”.

carlota 3

 

A pesar de que en la biografía no hay indicios de otras posibles raíces, el historiador Mario de Valdes y Cocom, especializado en la diáspora africana, está convencido de que existía una conexión con África. Según sus investigaciones, ésta se remonta a una descendencia directa de una línea negra de la casa real portuguesa, concretamente, Margarita de Castro y Sousa.

Mario De Valdés y Cocom argumenta que Carlota descendía directamente de una rama negra de la familia real portuguesa: Alfonso III y su concubina, Ouruana, un moro negro. En el siglo XIII, “Alfonso III de Portugal conquistó una pequeña ciudad llamada Faro de los moros”, dijo Valdés en una entrevista con The Washington Post. “Exigió a la hija [del gobernador] como amante” y tuvo tres hijos con ella. Uno de sus hijos, Martín Alfonso, se casó con la noble familia De Sousa, que también tenía ancestros negros, y uno de sus descendientes fue Carlota de Mecklemburg.

Muchas de las especulaciones sobre las supuestas raíces africanas de la reina Carlota proceden de varios cuadros del pintor escocés Allan Ramsay, quien retrató a la monarca con el pelo muy encrespado y -si se toman por ciertas algunas interpretaciones- rasgos africanos.

queen-charlotte-V1PMYmH

La colección real describe el trabajo de Ramsay como “cercano a la elegancia, sutilidad y precisión del arte del retrato francés“, no hace, sin embargo, alusión alguna sobre las diferencias entre sus dibujos y la representación de Carlota por parte de otros pintores. Valdes opina que Ramsay, un declarado enemigo de la esclavitud, quería mostrar a la verdadera Carlota, mientras que otros pintores seguían las convenciones de la época y suavizaron los “rasgos indeseados”.

Ramsay, dijo Valdés, era un abolicionista casado con la sobrina de Lord Mansfield, el juez que dictaminó en 1772 que la esclavitud debería ser abolida en el Imperio Británico. Además, el pintor era tío por matrimonio de Dido Elizabeth Lindsay, la sobrina nieta negra de Lord Mansfield, cuya vida fue retratada recientemente en la película “Belle”.

Valdés cree, además, que en el clima racial actual, la genealogía de la reina es importante para la historia: la ciudad estadounidense de harlottesville, donde los supremacistas blancos realizaron un mitin de Unite the Right que se volvió violento, “lleva el nombre de esta reina. Su ascendencia es muy relevante”.

Por el contrario, Desmond Shawe-Taylor, responsable de la conservación de la colección real de pintura, The Royal Collection, no cree en la “princesa negra”. El Museo Británico posee una gran colección de caricaturas de la reina, dijo al periódico The Guardian. “Ninguna de ella la muestra como africana y se podría pensar que las caricaturas lo hubieran hecho si su origen africano hubiera sido evidente”, señaló. En su opinión, los dibujantes seguramente lo hubieran dejado claro.

El Monarca Alegre y sus favoritas: así se vivía en la alegre corte de Carlos II

El reinado de Carlos II de Inglaterra y Escocia (1630-1685) fue sinónimo de libertinaje y los jugosos rumores que llegaban desde palacio impactaban a sus súbditos, más acostumbrados al estricto puritanismo del gobierno de Oliver Cromwell, el hombre que lideró la revolución que le cortó la cabeza a Carlos I en 1649.

Nunca antes -ni después- un monarca inglés presumió tan abiertamente de sus múltiples amantes. Carlos incluso les dio reconocimiento público, no solo ubicándolas a su lado en la corte, sino encargando retratos oficiales de sus “reinas” en poses provocativas: su ropa se deslizaba para revelar hombros, escote y, a veces más…

Se cuenta que durante semanas el rey Carlos II persiguió a la señorita Frances Stuart, la última incorporación a la corte y, según el cronista real Samuel Pepys, “la chica más bonita del mundo“. Pero ella rechazó una y otra vez las insinuaciones del monarca, asegurando que no quería sacrificar su virginidad antes de casarse.

El “Monarca Alegre” no estaba acostumbrado al rechazo: la mayoría de las mujeres de la corte, damas nobles, sirvientas o actrices se mostraban felices de compartir la cama real si así lo solicitaban. A los 32 años Carlos II ya había disfrutado de los favores de docenas de mujeres, desde prostitutas hasta damas de la aristocracia.

Su amante oficial era entonces Barbara Palmer, Lady Castlemaine. Increíblemente hermosa, Barbara era incluso más voraz que el rey. Y, también como él, tenía poco respeto por la fidelidad. Pero una noche, cuando llegó a su habitación, se sorprendió al encontrar a Bárbara en la cama, no acostada con otro hombre, sino con la mismísima Frances Stuart.

A modo de broma, tal vez para excitar a su amante, Barbara había organizado antes de esa fogosa noche una ceremonia “de bodas” con Frances. Luego se fueron a la cama juntas. Después de un tiempo, según Pepys: “Lady Castlemaine, que fungía de novio, se levantó, y el rey se acercó y tomó su lugar en la cama”.

Lo que sucedió después no fue registrado por el cronista real, y aunque parece que la virginidad de Frances permaneció intacta, el acontecimiento avivó las llamas de la obsesión del rey Carlos. El descarado juego de Barbara había fallado: habiendo subestimado a su rival, ahora su puesto como favorita oficial del rey estaba en peligro.

Pronto la corte se acostumbró a ver al rey besando a Lady Frances en público e incluso se rumoreaba que podría divorciarse de su reina, la sufrida portuguesa Catalina de Braganza, quien desafortunadamente no había podido tener hijos, para casarse con su nueva amante.

carlos
CARLOS II (1630-1685)

La venganza de Lady Barbara no se hizo esperar. Ingeniosamente movió los hilos para que el rey visitara el dormitorio de Frances una noche, donde encontró a la supuestamente virtuosa chica en la cama con el duque de Richmond. Reuniendo velozmente su ropa, el duque huyó avergonzado.

A pesar de su promiscuidad, sin embargo, Carlos II siempre trató a las mujeres con respeto. De hecho, el Monarca Alegre siempre se mostró dispuesto a escuchar sus demandas, por dinero, títulos y poder, y la costumbre de tratarlas a todas la misma manera que preocupaba a sus cortesanos.

Carlos Estuardo fue criado por mujeres fuertes, su madre francesa Enriqueta María de Orleáns y su bonita institutriz Christabella Wyndham, de quien se rumoreaba que había criado al príncipe cuando era niño y haberlo iniciado sexualmente cuando era adolescente. Como resultado, siempre se sintió atraído por las mujeres luchadoras.

Escapando de Inglaterra en 1646 después de la Guerra Civil, el entonces príncipe de Gales pasó catorce años en el exilio en los Países Bajos y Francia, donde conoció la esplendorosa y promiscua corte de su primo Luis XIV. Como recuperar la corona no era parte de sus propósitos, pasó toda su juventud buscando placer.

La primera amante importante de Carlos Estuardo fue Lucy Walter, una “bella ramera” que se había unido a la corte en el exilio en Holanda en 1648 y sedujo a Carlos, de 18 años. Rápidamente le dio un hijo ilegítimo, James Scott, más tarde el duque de Monmouth, quien sería ejectado por intentar apoderarse de la corona en 1685.

Ni Lucy ni Carlos eran fieles, y cuando su promiscuidad se hizo evidente, él la dejó poco antes de que ella muriera de sífilis en 1658. En los siguientes años, Carlos pasó por la cama de diversas amantes hasta que conoció a la seductora Barbara Palmer, en 1660.

Nacida como Barbara Villiers, en su adolescencia había tomado al conde de Chesterfield como su amante y una vez disfrutó de un “ménage-a-trois” con él y otra chica. A los 18 años se casó con Roger Palmer, un rico monárquico que arriesgó su vida trabajando para el “Sealed Knot”, el grupo que tramaba la restauración de Carlos en el trono.

Sin llegar a sospechar nada, Palmer envió a Barbara a Holanda para darle un mensaje criptado al príncipe Carlos, quien dijo haberse enamorado instantáneamente de esa chica de pelo castaño rojizo, ojos violetas y boca sensual.

barbara
BARBARA VILLIERS

 

Barbara estuvo al lado de Carlos cuando regresó a Inglaterra para recuperar el trono en 1660. Después de su procesión triunfal por Londres, ella concibió al primero de sus cinco hijos habidos con el rey y los cortesanos y nobles ingleses pronto aprendieron que para ganarse el favor del monarca, primero debían ganar el de ella. Cualquiera que la despreciara sería desterrado de la corte.

Entre los diversos títulos que Charles le otorgó a Barbara fue el de Lady Castlemaine, pero los nobles la llamaron la “Puta Real” o, como la llamó el cronista John Evelyn, “la maldición de la nación”.

Lady Bárbara era avara, reclamaba descaradamente a Carlos II títulos, joyas, tierra y dinero. Con frecuencia, el rey tenía que pagar con dinero público sus millonarias deudas de juego mientras que los marineros que habían luchado por la Restauración nunca fueron recompensados.

Los dramas de la favorita real eran tan legendarios como su destreza sexual: “Lady Castlemaine lo gobierna, conoce todos los trucos que deben practicarse para dar placer“, señaló Pepys. Sin embargo, lo que Barbara no sabía es que, a pesar de la tolerancia hacia las relaciones extramatrimoniales, un niño podría conducir a la ruina social de las mujeres solteras.

En la corte de los Estuardo, un marido tolerante o ausente era un accesorio esencial para una amante, pero no todos los cornudos eran complacientes. James, duque de York, que carecía de la apariencia y el encanto de su hermano pero compartía su apetito sexual, armó su propio harén de mujeres, entre las cuales estaba la bella recién casada Margaret Denham. Un año después de convertirse en la favorita del duque, murió. Según la rumorología de la corte, su celoso marido la había envenenado.

Lo mismo le pasó a la hermosa Elizabeth Butler. Su esposo, el conde de Chesterfield, se indignó cuando vio la mano del duque de York desapareciendo por la falda de su esposa en una fiesta. El conde desterró a su esposa de la corte, y ella murió al poco tiempo, presuntamente por el veneno.

Como a Carlos II le encantaba ser infiel, solía hacer la vista gorda hacia las aventuras de su amante con otros hombres, una extensa lista que incluía a un acróbata de la corte, a un actor (que había sido el primer amante de Nell Gwyn), a un dramaturgo, y a un hombre con quien le gustaba compartir un baño. Sin embargo, el rey se sintió molesto cuando la mirada lujuriosa de Bárbara se posó en su propio hijo, el duque de Monmouth, de 13 años. De inmediato, el rey organizó una boda de su hijo para alejarlo de las garras de Lady Barbara.

Aunque la corte estaba llena de mujeres hermosas y dispuestas, Carlos II con frecuencia se aventuraba más allá del palacio real para satisfacer sus deseos. Una cuadrilla de jóvenes libertinos, conocida como “Merry Gang”, lo ayudó en esta búsqueda. Este grupo, que incluían al duque de Buckingham, Charles Sackville, el conde de Dorset, Charles Sedley, John Wilmot y el duque de Rochester, se deleitaba superando a los demás en la depravación.

frances
FRANCES STUART

Rochester una vez llevó a Carlos II, disfrazado, a una visita a un burdel. Por una broma, luego robó la ropa y el dinero del Rey mientras estaba ocupado en el acto, dejándolo sin otra opción que pagar con el “Anillo Real” que le fue entregado en su coronación.

Fue Charles Sackville quien descubrió en el teatro por primera vez a la bella actriz Nell Gwyn, entonces de 15 años, y la tomó como amante antes de pasarla al rey. Esta muchacha era más honesta y menos ambiciosa que las otras amantes de Carlos y, a diferencia de ellas, era fiel. Pero el rey no lo era, y durante un lugar tiempo se entretuvo con ella, Barbara Villiers y otra actriz llamada Mary “Moll” Davis.

Nell, al enterarse de que el rey planeaba hacerle una visita a Moll una noche, invitó a su rival a tomar el té y untó su pastel con un laxante. Como resultado, Moll no pudo hacer nada y Carlos II decidió entonces visitar a Nell. Como resultado, ella se convirtió en su nueva favorita y Moll fue abandonada.

Para este tiempo, muchos cortesanos se mostraban desesperados porque el rey pasaba tanto tiempo de placer que tenía poco tiempo para asuntos de Estado. Algunos interpretaron la Gran Plaga de 1665 como una retribución divina por la conducta de la corte. Por otra parte, la enfermedad venérea era muy común, destruyendo la apariencia, la carrera y la salud de muchas cortesana: el conde de Rochester murió a los 33 años de la sífilis.

Barbara Palmer finalmente fue suplantada como amante principal por la bonita Louise de Keroualle, quien acumuló riquezas, honores y títulos como parte de los mimos del rey. Nell, que la despreciaba, difundió el rumor de que usaba ropa interior sucia. Mientras tanto, desde Francia llegó en 1676 la riquísima heredera Hortense Mancini, con un currículum colmado de aventuras amorosas con hombres (como Luis XIV) y muchas mujeres.

Carlos II se sintió complacido cuando Hortense se hizo amiga de la quinceañera Anne FitzRoy, hija de Barbara Villiers. Pero se sintió menos feliz cuando supo que Hortense y la joven Anne, que estaba casada y embarazada de su primer hijo, estaban teniendo una aventura amorosa y eran la comidilla de la corte. Anne fue enviada apresuradamente al campo.

Cuando Carlos II murió, en 1685, las últimas palabras que dijo fueron dedicadas a las mujeres a las que había amado más tiempo y mejor. Instó a su hermano James a cuidar de Bárbara y de Luisa, y le pidió específicamente que “la pobre Nelly no muera de hambre”.

A pesar de todos sus vicios, Carlos II había logrado mantener unido a un país profundamente dividido durante su reinado de 25 años. Había promovido la tolerancia, el teatro y las artes, lo cual no era un mal legado para un hombre que había pasado tanto tiempo “deleitándose, bebiendo y prostituyéndose”.

nell
NELL GWYN

Louis Arthur Charles: los nombres de un niño que no estaba destinado a ser príncipe

Esta semana, la monarquía británica supo mantener al público mundial en la expectativa. Este viernes se develó, por fin, el misterio del nombre del “royal baby” británico, cuatro días después de su nacimiento en el Hospital St. Mary de Londres. El Palacio de Kensington anunció que el tercer hijo del príncipe Guillermo y la duquesa de Cambridge será bautizado Louis Arthur Charles. En castellano, Luis Arturo Carlos.

Los nombres elegidos por los duques de Cambridge para su nuevo bebé honran tanto al abuelo del príncipe, el príncipe Carlos (Príncipe de Gales), como a Lord Louis Mountbatten, el tío del duque de Edimburgo, quien fuera asesinado por una bomba del Ejército Revolucionario Irlandés (IRA) en 1979.

El que fue bautizado popularmente #RoyalBaby3 y #BabyCambridge ocupa desde el momento de su nacimiento el 5º lugar en la sucesión al trono inglés, de más de diez siglos de antigüedad, desplazando a su tío, el príncipe Harry. Además, el bebé tendrá un título oficial: “Su Alteza Real el Príncipe Luis de Cambridge”. Sin embargo, la realidad es que el príncipe Luis no estaba destinado a ser un príncipe en absoluto, y solo tiene el título porque su bisabuela, la reina Isabel II, intervino para cambiar las reglas.

luis 5

Todo comenzó hace 100 años, en 1917, en plena Primera Guerra Mundial, cuando el rey Jorge V decidió que los títulos de la realeza británica deberían ser limitados. Decidió que solo el monarca, sus hijos, sus nietos en línea masculina y solamente el primer nieto del Príncipe de Gales podrían tener títulos de “Príncipes del reino”, dejando la oportunidad a primos y primos lejanos de tener otros títulos de nobleza, de menor rango, con el objetivo de simplificar y reducir al máximo al núcleo de la Familia Real.

Bajo las viejas reglas, el príncipe Jorge, nacido en 2013, hubiera tenido el título que hoy lleva como primer nieto del príncipe de Gales, pero sus hermanos menores tendrían otros títulos. La princesa Carlota -nacida en 2015- probablemente habría sido Lady Charlotte Mountbatten-Windsor y el nuevo bebé, Luis, habría sido Lord Louis Mountbatten-Windsor. Suena bien.

TELEMMGLPICT000161278182-xlarge_trans_NvBQzQNjv4BqeK8ehqBZJSTiVTgumtathRyT9BmsXxLzAJRaHIt-hvM
EL PRÍNCIPE NACIÓ DOS DÍAS DESPUÉS DEL CUMPLEAÑOS 92 DE SU BISABUELA, ISABEL II.

Pero antes de que el príncipe Jorge naciera, su bisabuela intervino para asegurar que su bisnieto tuviera títulos adecuados para un futuro monarca. La reina anunció su decidión en su Carta Patente de 2012, procedimiento legal que le permite hacer un cambio sin que pase por el Parlamento, sobre el tema. Gracias a esto, todos los hijos de los duques de Cambridge son príncipes pese a que la ley orgánica de la monarquía no lo permite.

Un aviso publicado en el London Gazette decía: “La Reina se ha complacido en declarar con Cartas Patentes bajo el Gran Sello del Reino del 31 de diciembre de 2012 que todos los hijos del hijo mayor del Príncipe de Gales deben tener y disfrutar el estilo , título y atributo de la alteza real con la dignidad titular de Príncipe o Princesa prefijada a sus nombres cristianos o con otros títulos“.

El nombre del nuevo príncipe, francés y con raíces germánicas, no es común dentro del árbol genealógico de la familia real inglesa. De hecho, se cree que las casas de apuestas británicas ganaron millones de libras gracias a que miles de apostadores ofrecieron su dinero con nombres más monárquicos, como Albert, James, Arthur e incluso Philip, como el bisabuelo de 96 años del niño, el duque de Edimburgo. El nombre se encuentra actualmente entre los 70 y 80 nombres masculinos más populares entre los recién nacidos del Reino Unido.

 

Un homenaje al “Tío Dickie”

luis 7
VICTORIA DE HESSE Y LUIS DE BATTENBERG SON ANTEPASADOS DEL BEBÉ REAL.

La mayoría de los especialistas británicos dicen que la reverencia de la familia real por el nombre de Luis se debe simplemente a un homenaje al “tío” favorito del príncipe Carlos, el Almirante de la Flota Lord Louis Francis Albert Victor Nicholas Mountbatten, el primer conde Mountbatten de Birmania y el último Virrey de la India (1899-1979).

Louis era originalmente un príncipe de Battenberg, una rama de la casa real alemana de Hesse caída en desgracia, nacida de un matrimonio morganático que fue adoptada cariñosamente por la reina Victoria en su corte. Una nieta de Victoria, la princesa Victoria de Hesse-Darmstadt, se casó con el príncipe Luis de Battenberg en 1884. Fueron padres de la princesa Luisa, futura reina consorte de Suecia, y de la princesa Alicia, la madre del duque de Edimburgo y suegra de Isabel II.

En 1917, Luis de Battenberg ocupaba el importantísimo cargo de Primer Lord del Mar -Comandante de la Armada Real- y un lugar destacado en la familia del rey Jorge V, pero durante la Gran Guerra fue víctima de la germanofilia popular y tuvo que retirarse a pesar de su manifiesto sesgo inglés. Cuando fue necesario abandonar todo rastro germánico de la familia, Luis de Battenberg renunció a su título y apellido alemanes para convertirse en un lord inglés Louis Mountbatten, primer marqués de Milford-Haven.

mountbatten
EL PRÍNCIPE CARLOS Y SU MENTOR, “DICKIE” MOUNTBATTEN.

Su hijo, el príncipe Luis, conocido cariñosamente como “Dickie”, fue uno de los últimos bisnietos que conoció la reina Victoria, quien posó junto a él en una fotografía después de su bautismo. Pese a su sangre alemana y su ascendencia Hesse, Dickie fue toda su vida perfectamente inglés. Fue el “celestino” encargado de urdir el romance de su sobrino, Felipe de Grecia, con la entonces princesa -y ahora reina- Isabel, hace 70 años.

Hizo carrera militar, se casó con una inglesa y llegó a ser un héroe de guerra muy condecorado. Inicialmente sirvió en un destructor hundido por bombarderos alemanes y se convirtió en comandante supremo aliado en el Comando del Sudeste Asiático supervisando la derrota del asalto japonés sobre la India, por entonces todavía la “joya” del Imperio británico.

En 1979, lord Mountbatten fue asesinado, junto a su nieto, Nicholas Snatchbull, y un yerno, por el grupo terrorista irlandés IRA, que había colocado una bomba en su barco de pesca, Shadow V, en Mullaghmore, Condado de Sligo, Irlanda. El príncipe Carlos caminó apesadumbrado tras el cortejo en los funerales “de rey” que se le ofrecieron en Londres. Más tarde se refirió al “tio Dickie” como el “abuelo que nunca tuvo”: “Lo admiro casi más que a nadie más que conozco”.

luis 6
LORD MOUNTBATTEN EN EL JUBILEO DE PLATA DE LA REINA (1977).

Luis, como el Rey Sol

King Louis XIV of France
LUIS XIV, EL “REY SOL” DE FRANCIA

Ningún rey británico ha sido nombrado ‘Louis’, pero fue un nombre muy popular en Francia, donde 18 reyes fueron bautizados con ese nombre. Durante 186 años, entre 1610 y 1798, cada rey francés se llamó Louis pero el nombre llegó a su apogeo gracias al monarca más famoso de Francia, Luis XIV. Apodado el “Rey Sol”, reinó desde 1643 hasta 1715 -durante más de 72 fantásticos años- y su reinado personalista promocionó un crecimiento masivo del poder francés.

El bisnieto de Luis XIV, Luis XVI, rey de Francia desde 1774 hasta 1792, perdió la cabeza en la guillotina después de ser declarado culpable de traición tras la Revolución Francesa. En 1830, el decimonoveno rey Luis de Francia gobernó durante los 20 minutos antes de abdicar. Su padre Carlos X había abdicado ese mismo día durante la Segunda Revolución Francesa.

rs-9567_1024x1024
LUIS FEDERICO DE GALES, HIJO DE JORGE II, EL ÚLTIMO PRÍNCIPE INGLÉS LLAMADO ASÍ.

La historia recuerda a solo un príncipe de Inglaterra llamado Luis –Luis Federico, el hijo mayor de Jorge II- y apenas un un rey llamado así: El rey francés Luis VIII llegó a Inglaterra en 1216 y reclamó el título de Rey de Inglaterra desde 1216 hasta 1217. Los barones de Inglaterra lo preferían como monarca ya que despreciaban al rey Juan “Sin Tierra”.

Los críticos acusaron esta semana a los duques de Cambridge de elegir un nombre “Remainer”, alegando que es demasiado europeo y algunos aseguran que responde al deseo de Guillermo y su familia de separarse de las tradiciones de la Casa de Windsor, donde todos hasta ahora se han llamado Jorge o Eduardo. En cambio, hubo muchas versiones femeninas del nombre: los reyes Jorge II y Eduardo VII, así como la reina Victoria, tuvieron hijas llamadas Luisa.

arturo
ARTHUR, UN REY LEGENDARIO, FUE EL NOMBRE FAVORITO DE LOS INGLESES.

¿Y con respecto a los otros nombres? Arthur es el segundo nombre de pila del bebé real y es un nombre con conexiones con el legendario Rey Arturo. Tanto el príncipe Guillermo como su padre recibieron a Arturo entre sus múltiples nombres y un hijo de la reina Victoria -su favorito- fue bautizado así en el siglo XIX. Antes, la historia recuerda a Arturo I, duque de Bretaña (1187-1203), sobrino del rey Ricardo II, y a Arturo, príncipe de Gales (1486–1502), hijo mayor de Enrique VII.

No hay que pensar mucho cuando se trata de descubrir por qué el príncipe Luis también se llama Carlos: es un homenaje a su abuelo, el príncipe de Gales, quien el 14 de noviembre próximo cumplirá 70 años. Antes que él, dos de los más de 40 monarcas ingleses se llamaron Carlos: el primero fue decapitado por el Parlamento en 1649 después de perder la Guerra Civil inglesa, y su hijo Carlos II experimentó un reinado trágico, con la Gran Plaga y el Gran Incendio de Londres, que mataron a unas 100.000 personas.

El príncipe más hermoso de su tiempo (según la reina Victoria), y otros Albertos de la monarquía británica

El nombre Alberto (Albert, en inglés) ha sido muy poco frecuente en la familia real británica, y sin embargo muy apreciado. Desde que murió el esposo de la reina Victoria, llamado Alberto, solo dos príncipes fueron bautizados con este nombre. Uno de ellos fue una verdadera desgracia para la familia: mujeriego, bebedor, vago, nada le importaba en la vida más que divertirse, y sus diversiones lo llevaron a la tumba siendo muy joven.

El siguiente Alberto, fue sin embargo todo lo contrario. Admirado como príncipe trabajador y discreto, llegó a ser Rey de Gran Bretaña (con el nombre de Jorge VI) durante los difíciles tiempos de la Segunda Guerra Mundial consiguiendo elevar el prestigio y la popularidad de la Corona a la cumbre.

EL PRÍNCIPE MÁS AMADO

En febrero de 1840, cuando ya llevaba tres años en el trono británico, la reina Victoria le pidió matrimonio al príncipe más hermoso de su tiempo, Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha. “Es un hombre hermoso”, dijo ella al verlo. Germánico como los reyes ingleses de la dinastía Hannover y sus consortes desde hacía siglo y medio, proveniente del reino de Sajonia y de una familia que gobernaba el ducado de Coburgo, Alberto era visto como el consorte ideal para la joven Victoria, de 19 años. Para ella, era el hombre de sus sueños.

Durante veintiún años, Victoria y Alberto gozaron de una dichosa vida familiar y dieron a la monarquía un total de nueve hijos que aportaban sangre fresca para la vieja y desprestigiada Casa de Hannover. Alberto era un hombre de carácter noble, de gran habilidad, y se dedicó devotamente a Gran Bretaña ayudando y aconsejando a su esposa en el gobierno, como ningún otro consorte lo había hecho antes. De hecho, la historia solamente recordaba un príncipe consorte, Jorge de Dinamarca, el fecundo esposo de la reina Ana Estuardo, que había tenido la astucia de no entrometerse en ninguna cuestión política.

La influencia moral y la severidad de la corte británica sobre las costumbres de la sociedad “victoriana” fue muy intensa. Alberto no quiso ningún honor -muy a regañadientes, aceptó el título de “Prince Consort”- honor, puesto o poder, diciendo que solo deseaba aligerar el duro trabajo de la soberana, tratando de convertirlo en algo más agradable y llevadero: “Mi ángel querido constituye un gran apoyo para mí”, escribió Victoria. “Pone un gran interés en todo lo que pasa, pero se abstiene de influirme”.

social-queen-victoria-prince-albert-wedding

Los británicos se acostumbraron a considerar a la pareja real como un reflejo de lo que debía ser la conducta familiar de sus súbditos. Como su sucesor en el siglo, Felipe de Edimburgo, Alberto dejó a Victoria reinar en sus dominios mientras él se dedicó a reinar en la familia y la casa real, especialmente por la reticencia de los ingleses a aceptar a “un extranjero” en el trono. En los palacios reales de Buckingham, St. James, Windsor, Osborne y Balmoral, Alberto y Victoria criaron a sus hijos con mucha severidad y mucho cariño.

Los primeros años, como cabe esperar, no fueron fáciles. Victoria todavía era una mujer muy joven, amaba las fiestas y bailar toda la noche. Alberto, simplemente alemán, odiaba trasnochar y prefería la conversación con hombres de ciencia o artistas. Por otra parte, Victoria solía tener explosiones de ira y era muy autoritaria, y Alberto, más pacífico, no deseaba doblegarse a la voluntad de una mujer.

En el plano público, Alberto protegió la industria, las artes, la ciencia y en 1851 pensó que sería beneficioso para los especialistas y los trabajadores tener la oportunidad de ver y conocer las obras realizadas en otros lugares. Fue así como creó en Hyde Park la Exposición Universal, que fue instalada dentro del Palacio de Cristal, una gigantesca estructura de hierro recubierta de vidrio.

Allí se exhibieron los productos elaborados, materias primas, máquinas, muebles y esculturas recoletadas en los más remotos rincones del Imperio británico y el extranjero. Todas las naciones fueron invitadas a exponer sus mejores y más interesantes manufacturas. Seis millones de personas visitaron este gran monumento y su éxito todavía atribuido al innovador príncipe Alberto.

alberto 23

Victoria estuvo enamorada de Alberto toda su vida. El 14 de diciembre de 1861, el consorte murió consumido por la fiebre a los 43 años de edad. El país se mostró tan apesadumbrado como la viuda y sus jóvenes hijos, la menor de los cuales tenía 4 años de edad. “Me puse en pie, besé su frente amada y celestial”, escribió Victoria sobre aquella noche, “y exclamé con un grito amargo y doloroso ‘¡Oh! ¡Mi amado!, y después caí de rodillas en un gesto de muda y dolorosa desesperación, incapaz de pronunciar una palabra o derramar una lágrima”.

La reina Victoria quedó sumida en una profunda y lastimosa depresión. En la corte se suspendieron los banquetes reales, los bailes, las fiestas de jardín, las ceremonias de condecoraciones y los desfiles. Oculta de la mirada pública, ni la presencia de sus muchos nietos logró sacar a la viuda de su ostracismo por la ausencia de su “querido ángel”. En breves y concretas frases, Victoria transmitió el doloroso sentimiento que se había instalado en su ser desde el trágico día en que Alberto la abandonó. Quienes estaban cerca, solían escucharla decir “¡La felicidad ya no existe para mi!” o “¡Mi vida se ha terminado!”

Los súbditos del “Imperio donde el Sol nunca se ponía” casi olvidaron el rostro la
reina, quien permaneció enclaustrada durante casi una década. La reclusión absoluta de Victoria, en el Castillo de Windsor o en Osborne House (Isla de Wright), llevó a un súbdito inglés a colocar, en broma, un cartel en las puertas exteriores del Palacio de Buckingham: “Estas amplias instalaciones se venden o se alquilan. El último ocupante se ha jubilado”.

LA DECEPCIÓN DE LA FAMILIA

A la reina Victoria, ya mayor, viuda y amargada, no le gustó nada cuando su hijo, el príncipe de Gales, bautizó a su primer hijo con los nombres de Alberto Víctor en 1864. La soberana, que todavía llevaba luto por su “amado ángel”, creía que nadie merecía llamarse Alberto. Cuando le recordaron a Victoria que el bebé estaba destinado a ser rey en el futuro, se alegró: por fin habría un Rey Alberto en la monarquía inglesa, y aquello le parecía un homenaje muy apropiado a su finado esposo.

Pero Alberto Víctor (apodado “Eddy”) no tenía el futuro asegurado. De todos los hijos del príncipe y la princesa de Gales, fue el menos ilustrado: no le interesaba nada, solamente el cognac, los cigarrillos caros, y las mujeres de bajas categorías. Los burdeles para homosexuales de Londres se acostumbraron a verlo como cliente, borracho y protagonista de peleas. Las prostitutas del West End se peleaban por complacer al príncipe, que salía de incógnito pero no podía disimular su dinero. “Prefería francamente el placer a cualquier forma de trabajo”, escribió su biógrafo.

Cuando tenía veinte años, Eddy era un hombre arruinado. Padecía graves ataques de gota y se dice que contrajo todas las enfermedades venéreas conocidas en su época. En el invierno de 1892, poco después de que sus padres organizaran su compromiso matrimonial con una princesa de cuna inglesa, las defensas de Eddy colapsaron. Su madre, la princesa Alejandra, veló día y noche junto a su moribundo hijo mayor hasta que murió. Antes de morir, a los 28 años, se disculpó con sus padres por haberles causado tantos problemas.

EL REY QUE NO QUERÍA SERLO

queen-elizabeth001

Dos años después de la muerte de “Eddy”, otro príncipe inglés sería bautizado Alberto. El hermano del difunto, el príncipe Jorge, terminó casado con la antigua prometida de Eddy, cumpliendo así la voluntad de la reina Victoria. En 1894 nació su segundo hijo, quien fue bautizado Alberto. Casualmente, nació el 14 de diciembre, en el aniversario de la muerte del príncipe consorte Alberto. La noticia alegró tanto a la viuda Victoria que consideró que, por fin, el estigma de esa fecha se había ido para siempre. Lo apodaron “Bertie”.

Tímido, introvertido y ferozmente tartamudo, tuvo una infancia triste porque su padre creía que sus hijos debían tenerle miedo y su madre fue una mujer fría e incapaz de demostrar sentimientos hacia sus hijos. En 1923 tuvo la suerte de casarse con una chica buena que lo ayudó a superar sus miedos y la tartamudez que lo dominaba, lady Elizabeth Bowes-Lyon, del linaje de los condes de Strathmore. Tuvieron dos hijas, la mayor de las cuales es la actual reina Isabel II.

jorge vi 1

Su padre, el rey Jorge V, pasó los últimos años de su vida lamentándose por su heredero, el príncipe de Gales y futuro Eduardo VIII: “Dios quiera cuando yo muera nada se interponga entre ‘Bertie’, Lilibet y el trono”, suspiró. En otra ocasión, cuando ya estaba por morir, vaticinó refiriéndose a su heredero: “Cuando yo muera, el chico se arruinará en doce meses“. Dicho y hecho. Jorge V murió y con el advenimiento de Eduardo VIII estalló su aventura romántica con la estadounidense doblemente divorciada Wallis Simpson, que provocó una crisis constitucional sin precedentes. Era el año 1936, el año de los tres reyes.

Se dice que Bertie lloró desconsoladamente en el regazo de su madre cuando se conoció la noticia de que su hermano iba a abdicar: no quería serlo, afirmaba no estar preparado para semejante carga, y de hecho, se dice que este traumático hecho fue lo que lo condujo a la muerte temprana, a los 56 años. Sin embargo, hizo todo lo mejor que pudo: reinó durante la Segunda Guerra Mundial y, junto a Winston Churchill, llegó a ser considerado el héroe de la nación pese a sus pocas luces y su reticencia a portar una corona que nunca había deseado.