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Luis XIV, su gloria, su vanidad y su corte en palabras del Duque de Saint-Simon

Una lectura muy interesante de las “Memorias” de Louis de Rouvroy, duque de Saint-Simon (1675-1755), un cortesano especialmente molesto para el “Rey Sol”.

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La pobre princesa Juana de Francia era demasiado fea para ser reina

La princesa Juana de Valois (1464-1505), hija del rey Luis XI de Francia, era una jovencita delicada, culta y muy espiritual pero era muy (¡muy!) fea. Su madre, la sufrida Carlota de Saboya, la acostumbró a usar vestidos amplios y corséts que tenían la misión de disimular sus defectos, especialmente la cojera, pero no pudo hacer milagros, y varios príncipes se negaron a casarse con ella. Tomando cartas en el asunto, Luis XI amenazó a su pariente Luis de Orleáns con encerrarlo en un monasterio si no consentía en casarse con su hija. La indeseada boda se llevó a cabo, para desgracia de ambos contrayentes. El novio jamás quiso tocarle un solo pelo a Juana. Años más tarde, Orleáns fue coronado rey de Francia (Luis XIII) y envió a su esposa a un convento. La despreciada Juana se retiró de la vida cortesana y se entregó a las obras caritativas y a los rezos, fundando una orden. Murió por desnutrición (ayunaba demasiado) a los 40 años. En 1950 fue canonizada por la Iglesia católica.

Bomba en la corte de Francia: ¿La Reina dio a luz a una niña africana?

El 9 de junio de 1660, María Teresa de España, hija del rey Felipe IV, se casó con el rey Luis XIV de Francia, reconocido mundialmente como el “Rey Sol”. En su primer encuentro, la infanta española se mostró maravillada con su futuro marido, quien respondió con cierta indiferencia hacia ella. Madame de Motteville cuenta que, al salir de su primer encuentro con la que sería su esposa, el rey declaró que “en un principio, la fealdad del peinado y del vestido de la infanta lo habían sorprendido, pero que al mirarla con más atención había visto que poseía mucha belleza y entendió que le sería fácil amarla”.

Cuando los reyes hacían la guerra y el amor pero no se bañaban

A pesar de su absoluta carencia de agua y jabón, Enrique de Borbón, rey de Navarra y Francia (1553-1610), fue un verdadero seductor. Para cuando había superado la cuarentena, ya era conocido como el “Vert-Galant”, o el “Viejo Verde”, a causa de sus numerosas aventuras amorosas con chicas muy jóvenes y de cualquier estrato social. Su esposa legal, Margot de Valois, se había enterado de que su marido legal vivía como un hombre soltero y llevaba a su cama a damas de la corte (jóvenes, por supuesto) y campesinas por igual. Entre ellas se encontraba “la belle” Corisande, una legendaria viuda que se comportaba como si fuera la reina. Más que por sus frecuentes amoríos, Enrique de Borbón era famoso porque no se bañaba nunca y sus amantes caían ante sus pies (literalmente) a causa de su olor; y la más famosa de sus mujeres, Gabrielle d’Estrées, le afirmaba a que tenía suerte de ser rey, porque sin eso ella no lo hubiera podido aguantar a causa de que él “olía como la carroña”.

Mujer fatal: La leyenda de Margot, la fogosa reina de Francia y Navarra

“Si ha existido en el mundo un modelo perfecto de belleza este es la reina Margot de Navarra”. Así definió Pierre de Brantôme a Margarita de Valois, reina de Francia y de Navarra (1553-1615). Refiriéndose a la misma mujer, don Juan de Austria dijo en una oportunidad: “Parece más una diosa del cielo que una princesa terrenal. Sus encantos son más apropiados para perder a los hombres que para salvarlos. Su belleza fue hecha para condenarnos”. Según Juana de Albret, su suegra, Margot era “hermosa, de buen aspecto, graciosa, pero educada en la más maldita y corrompida compañía”. Alejandro Dumas, en la obra que lleva el nombre de esta reina, dejaría escrito: “Margarita no sólo era la más bella sino también la más culta de las mujeres de su tiempo (…) Ver la corte y no ver a Margarita de Valois es como no ver a Francia ni a su corte”.

La “silla voladora”, un burdel privado y otros caprichos del mujeriego Luis XV

Para cuando Luis XV (1710-1774) llegó al trono de Francia, en 1715, el magnífico Palacio de Versalles construido por su abuelo, el “Rey Sol”, ya se había convertido en un reino gobernado por las grandes favoritas reales. La amante del rey era una figura institucionalizada y (ya fuese alguna de las hermanas Mailly-Nesle, Madame de Maintenon o Madame du Barry) imperaba en Versalles sin recato. En aquella época, los matrimonios reales se orquestaban en función de las necesidades de la política internacional y el hecho de que la princesa candidata le gustara al rey era un accesorio y no una necesidad. Para eso existía la figura de la “maîtresse en titre”, algo así como una amante oficial elegida por el rey y reconocida como tal por todos. Incluso la reina consorte debía procurar mantener buenas relaciones con la favorita. A la “maîtresse en titre” se la introducía en la corte como dama de honor de la reina o un título semejante, pero todo el mundo sabía exactamente lo que era: la mujer a la que …

Talismanes, astrólogos, venenos y espejos mágicos: vida en la corte de Catalina de Médicis

Cuando Catalina de Médicis (1515-1589) contrajo matrimonio con Enrique de Francia, su destino no era ser reina. Era la esposa del segundo hijo del rey y éste dejaría la corona, algún día, a su hijo mayor, Francisco. Olvidada por su marido, quien prefería la compañía de Diana de Poitiers, y maltratada por gran parte de la corte francesa, esta robusta y fea florentina se dedicó a la lectura y la compañía de oscuros personajes: perfumistas, encantadores, envenenadores… Se empezó a rumorear en toda Francia que, gracias a la peligrosa influencia que aquellos personajes siniestros mantenían sobre Catalina de Médicis, en 1536 su cuñado Francisco murió. El delfín de Francia apenas 18 años cuando, de camino a Tournon, donde iba a encontrarse con su padre, después de un intenso partido de tenis, el joven bebió agua helada de los Alpes Marítimos y sufrió una pleuresía que le llevó a la muerte. Aunque se anunció que el príncipe heredero había muerto tras un encuentro deportivo, por lo bajo se murmuró que había sido Catalina la instigadora de …

Hace 300 años: el día que el Zar de Rusia alzó en sus brazos al Rey de Francia

El flamante presidente de Francia, Emmanuel Macron, recibió este lunes 29 de mayo al presidente de Rusia, Vladimir Putin, en el palacio de Versalles, residencia de la antigua monarquía francesa en las afueras de París. La visita tiene un gran simbolismo, pues durante los meses de mayo y junio el palacio se encuentra conmemorando los 300 años de la visita del zar Pedro “el Grande” de Rusia a Francia, donde fue recibido por el joven rey Luis XV. Corría el año 1717, cuando el emperador estaba convencido de que su tarea histórica era convertir a Rusia en una de las más grandes potencias europeas, a la par de Francia, Austria y Gran Bretaña. Para ello, tenía que entablar relaciones diplomáticas con los soberanos de aquellos países, y decidió emprender un viaje histórico.

Las princesas de la torre: las tres nueras del rey de Francia condenadas por adulterio

El 19 de junio de 1315 el rey Luis X de Francia contrajo matrimonio con la princesa Clementina de Hungría. La noticia hubiera sido motivo de grandes celebraciones de no ser porque, a pocos kilómetros de la ciudad donde tenían lugares las nupcias, casi al mismo tiempo era sepultada la primera esposa del rey, Margarita de Borgoña (1290-1315). La que era reina consorte de Francia había sido encontrada cuatro días antes muerta en una celda helada y desprovista de comodidades del Castillo de Gaillard. Todas las miradas apuntaban a un asesino: el rey. La misteriosa muerte de la reina era un capítulo más de la tragedia personal del rey Felipe IV “el Hermoso” de Francia, quien había fallecido algunos meses antes a causa de una caída de caballo que le provocó una hemorragia cerebral. El bello monarca, se dice, era víctima de una maldición que también se propagaría a todos los miembros su familia y provocaría el final de su dinastía. La maldición habría sido lanzada en la hoguera por Jacques de Molay, el Gran …