Autor: Darío Silva D'Andrea

Fanático de la caza, este archiduque llegó a matar 274.899 en toda su vida

Unos 100.000 trofeos de caza se exhiben en su finca de Konopiště en la República Checa.

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La fabulosa Tiara Vladimir, de la realeza rusa, es exhibida al público en Londres

La fabulosa Tiara Vladimir es una de las joyas históricas que exhibe el Palacio de Buckingham, en Londres, hasta el próximo 28 de abril en su exhibición “Russia: Royalty and the Romanovs”, que explora los estrechos vínculos entre la familia real británica y la dinastía Romanov. Su historia comenzó en 1874, cuando el gran duque Vladimir Alejandrovich, hermano menor del zar Alejandro III, le obsequió esta impresionante joya a su prometida, la duquesa María de Mecklemburgo-Schwerin, para su boda. Fue diseñada por el joyero de la corte Carl Edvard Bolin y se conoció como “Vladimir Tiara”, llamada así por el cliente. Después de la Revolución, la gran duquesa se escondió en Kislovodsk y, gracias a la ayuda del diplomático y anticuario inglés Albert Stopford, pudo sacar su dinero y sus joyas del escondite de San Petersburgo antes de sacarlos de Rusia en 1920. Tras la muerte de la gran duquesa María, su hija vendió las joyas a la reina María de Inglaterra, que legó la tiara a su nieta Isabel II.

Un romance del que todos hablaban en la corte de Felipe IV

Durante el reinado de Felipe IV, rey de España, corría el rumor de que su esposa francesa, la hermosa Isabel de Borbón, tenía un amorío clandestino con el apuesto conde de Villamediana. Si bien Felipe IV fue el rey más mujeriego de su dinastía (¡Se dice que tuvo más de 50 hijos naturales!), al parecer conocía los chismes que esparcían los cortesanos y le dolía mucho ser un cornudo. Sobre todo por aquella vez que entró de sorpresa a la alcoba de Isabel, le tapó los ojos y ella dijo: “¡Estáos quieto, conde!” Al notar que se trataba de su esposo, la reina atinó a completar astutamente “… de Barcelona”.