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La historia de Constantino II, el último hombre que ocupó el trono griego, al cumplir 80 años

  • Casado con Ana María de Dinamarca y padre de cinco hijos, se vio obligado a exiliarse tras el golpe militar de 1967.
  • Descendiente de la reina Victoria, los zares de Rusia y los emperadores de Alemania, pasó su vejez en Londres, despojado de su nacionalidad griega.
  • “La monarquía sólo es relevante si el pueblo lo quiere”, dijo una vez. “El pueblo griego ya ha decidido que quiere una república y me parece bien”.

El último hombre titulado Rey de los Helenos, Constantino II, cumple este 2 de junio 80 años, más de medio siglo después de ser derrocado y protagonizar la caída de la monarquía. Hijo del rey Pablo I, bisnieto del último emperador de Alemania, hermano de la reina doña Sofía de España, primo de Isabel II de Inglaterra y de Margarita II de Dinamarca, Constantino vivía desde finales de los años ‘60 en Londres, donde llevó una vida tranquila y con ciertas necesidades económicas. El exiliado monarca es el exponente más longevo de su dinastía, superarando a su bisabuelo, Jorge I, quien fue asesinado a los 79 años.

Nacido el 2 de junio de 1940, su madre fue la princesa alemana Federica de Hannover, descendiente directa de la familia real británica. Su padre, el rey Pablo I, era hijo del rey Constantino I y nieto del príncipe danés Guillermo, quien en 1863 fue invitado a reinar en Grecia y, con el nombre de Jorge I, inaugurar una dinastía. La familia sería derrocada y golpeada por tragedias en numerosas oportunidades durante la primera mitad del siglo XX hasta que Constantino II -bisnieto del rey fundador- recibió el golpe final a sus veintisiete años.

Constantino II se convirtió en rey en marzo de 1964, al morir su padre a causa de un cáncer de estómago. Unos meses después, el joven rey se casó con la princesa Ana María, hija de los reyes Federico IX e Ingrid de Dinamarca. “Yo vi una fotografía de Ana María en una revista y dije: «Quiero que sea mi esposa»”, relató Constantino. “Le dije a mi padre: «Voy a viajar a Dinamarca para conocerla». Me respondió que estaba loco. Es difícil explicar la ventaja de que un rey se case con una princesa. Pero mire el ejemplo de mi hermana, ella no tuvo que aprender a ser una Reina, nació siendo Reina. Tuvo que aprender español, pero ella ya sabía cuál es su misión: servir al pueblo”.

La boda real, a la que asistieron decenas de monarcas y príncipes extranjeros, fue muy celebrada por los griegos, que recordaban la leyenda de la “princesa llegada del Norte” que traería paz y prosperidad al país. Sin embargo, con el inicio de su matrimonio comenzaron los problemas para Constantino II. La prensa comenzó a mostrarse especialmente crítica con la reina viuda, Federica, a quien acusaban de derrochar demasiado dinero público. Un periódico llegó titularla “culpable de todos los males” del país.

El rey Constantino se granjeó la oposición de la mayoría de su pueblo en 1967, cuando se negó a condenar el denominado Golpe de los Coroneles, perpetrado en abril de ese año. Durante las siguientes semanas fue acusado de colaborar con los golpistas, a los que avaló con su firmaen centenares de decretos. El fracaso de un contragole, auspiciado por el ex monarca el 13 de diciembre, le llevó a abandonar Atenas a los gritos de “apóstata” y “traidor”, animadversión que se extendía a sus hermanas, la reina Sofía y la princesa Irene.

Con algunas pocas pertenencias, el rey Constantino II y las reinas Ana María y Federica abandonaron Grecia. En Roma los acogieron el príncipe Enrique de Hesse, nieto del rey Víctor Manuel III de Italia, y Juan Carlos de Borbón -se cuenta que tuvo prestar ropa a su cuñado- y recibieron ayuda económica de los reyes de Grecia y de Bélgica. Para entonces, Constantino II ya tenía dos hijos: la princesa Alexia y el príncipe heredero Pablo. En 1969, en Roma, nació el príncipe Nicolás, y los príncipes Teodora y Filipos nacieron en Londres.

Según extractos de los archivos del ex jefe de Estado Constantin Caramanlis, el depuesto rey preparó en 1975 un golpe de Estado militar en Grecia para restablecer la monarquía, dos años después de que un cuestionado referéndum nacional diera como resultado la proclamación de la República y la abolición definitiva de la monarquía. Esos documentos, sobre la existencia de la conjura, que implicaban a oficiales del Ejército de Tierra y revelan que el golpe estaba previsto para febrero de 1976. El plan golpista fracasó gracias al poco apoyo que prestó al monarca el Ejército y a la respuesta del Gobierno de Constantino Caramanlis.

Despojado de su nacionalidad, Constantino II volvió a Atenas en 1981 para enterrar a su madre junto a su padre. La segunda visita fue en 1993, pero al oírle manifestar que seguía pretendiendo reinar, el Gobierno reaccionó expropiándole todos su bienes y retirándole el pasaporte. Entonces, Constantino II comenzó una larga batalla legal para recuperar su patrimonio familiar, que finalizó en 2002 cuando el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo dictó sentencia a su favor. En 2004, anunció el final de su exilio, pero sus esperanzas de reinar comenzaron a menguar junto con su estado físico: “La monarquía solo es relevante si el pueblo así lo quiere”, dijo en una entrevista. “Pero es muy poco democrático solicitar cada cinco o diez años un referéndum para decidir si quieres o no una Monarquía. No es justo querer cambiar las reglas del juego todo el tiempo. El pueblo griego ya ha decidido que quiere una república y me parece bien”.

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