Obituarios

Obituario: Badiya bint Alí, la última princesa de Irak que sobrevivió al sangriento golpe de 1958

Descendiente del Profeta del Islam, Mahoma, la princesa era miembro de la monarquía hachemita establecida en Irak por el rey Faisal I en 1921. Su sobrino fue el último rey iraquí.

Badiya Bint Ali, una princesa iraquí que sobrevivió al sangriento golpe de Estado de 1958 que terminó con el gobierno de su familia, murió a los 100 años en el exilio en Londres este 9 de mayo. Nacida en Damasco en 1920, la princesa era la tía del rey Faisal II de Iraq, el último rey de Iraq, que fue asesinado junto a su familia, incluido el hermano de la princesa Badiya, el príncipe heredero Abd al-Ilah, en la revolución que derrocó a la monarquía y estableció a Irak como una república. El presidente de Irak, Barham Salih, envió sus condolencias al hijo de la princesa Badiya, el príncipe Ali Bin Al-Hussein, quien se considera el heredero legítimo del trono de Irak y aboga por reinstalar la monarquía del linaje hachemita (descendiente del profeta Mahoma) en el país.

La dinastía fue fundada por el príncipe Hussein bn Ali, quien se proclamó a sí mismo Rey del Hejaz -en Arabia occidental- después de que lanzó la revuelta árabe respaldada por los británicos contra el Imperio Otomano en 1916 durante la Primera Guerra Mundial. Hussein no logró su ambición de ser rey de un estado árabe más grande y fue expulsado del Hejaz por el rey Abdulaziz Bin Saud, el fundador de Arabia Saudita, en 1924, después de unir a sus partidarios y de ser ampliamente acusado de administrar mal la peregrinación a las ciudades santas del Islam. Sin embargo, sus hijos Abdullah y Faisal asumieron los tronos de los estados recién creados de Jordania e Irak, respectivamente.

La coronación de Faisal I como rey de Irak en 1921 estableció la monarquía hachemita iraquí. Ese monarca fue una figura clave en la revuelta árabe y había sido proclamado previamente como rey de la monarquía de corta duración en Siria, antes de ser derrocado por los franceses. Gobernó Irak durante 12 años antes de su repentina muerte en 1933, a los 48 años. La causa oficial de la muerte fue un ataque al corazón, pero algunos especularon que había sido envenenado. Fue sucedido por su único hijo, Ghazi I bin Faisal, que tuvo un hijo con su prima y esposa, la reina Aliya Bin Ali, hermana de la princesa Badiya.

Ghazi I gobernó durante solo seis años hasta que murió en un sospechoso accidente automovilístico, supuestamente orquestado por el primer ministro pro británico Nuri Said, quien entró en conflicto con Ghazi por sus políticas anti británicas. El único hijo del rey Ghazi y la reina Aliya, Faisal II, tenía solo tres años cuando su padre murió, por lo que el tío Abd al-Ilah al Faisal, hermano de Badiya, se desempeñó como regente desde 1939 hasta 1953, cuando llegó a la mayoría de edad.

El joven rey sería derrocado cinco años más tardeen un golpe liderado por el coronel Abd Al-Karim Qasim, conspiró para derrocar a la monarquía pro británica y alinear a Irak con las fuerzas nacionalistas árabes y antioccidentales. El rey, junto con Abd al-Ilah, el primer ministro Said, y varios otros miembros de la familia real iraquí, incluida la hermana de Badiya, la princesa Abadiya y la cuñada, la princesa Hiyam, fueron alineados contra una pared y asesinados a tiros. Posteriormente sus cuerpos fueron mutilados las multitudes alegres desfilaron con esos restos por la ciudad.

La princesa Badiya perdió a gran parte de su familia durante el golpe de estado de 1958, y podría haber sido asesinada, si no fuera por una combinación de suerte y la ayuda de la embajada de Arabia Saudita. Afortunadamente, no estaba en el palacio de Al Rihab cuando los hombres del coronel Qasim perpetraron el golpe. Con tiempo a favor, la princesa, su esposo, Sharif Al-Hussein Bin Ali y sus tres hijos, la princesa Badiya llegaron a la embajada saudita en Bagdad y se refugiaron allí durante un mes después de que el rey Saud de Arabia Saudita insistiera directamente en que la embajada garantiza que la familia saliera del país de manera segura.

La princesa huyó a Egipto, y luego a Suiza, antes de establecerse en el Reino Unido, donde pasó el resto de su vida. Públicamente apoyó a su hijo Ali Bin Al-Hussein, quien se opuso a la dictadura de Saddam Hussein y abogó por el regreso de la monarquía iraquí consigo mismo como rey. Al anunciarse su fallecimiento se rindieron homenajes como el del primer ministro iraquí, Mustafa Al-Kadhimi, quien dijo que “con la muerte de la princesa Badiya, hija del rey Ali, se terminó un capítulo brillante e importante en la historia moderna de Irak”. “La princesa fallecida era parte de una escena cultural y política que representaba bien a Irak. Que su familia obtenga paciencia y soledad por su pérdida y que Dios bendiga y perdone su alma”.