Suecia

El príncipe Erik de Suecia, joven víctima de sangre azul de la pandemia de gripe española

Hace 102 años, afectó a casi un tercio de la población mundial y no discriminó entre clases sociales.

En una era anterior a los antibióticos y las vacunas, la “gripe española” fue una de las más grandes pandemias que la Humanidad sufrió en el siglo XX, que afectó a casi un tercio de la población mundial y no discriminó entre clases sociales. A medida que la pandemia alcanzó proporciones épicas en 1918, se la conoció comúnmente como la “gripe española” en los Estados Unidos y Europa porque España fue efectivamente el primer país que informó abiertamente sobre la enfermedad, altamente mortal.

El diario español La Vanguardia informó que el rey Alfonso XIII, entonces de 33 años, había sido víctima de una “enfermedad de moda” cuya “gran mayoría de las víctimas pertenecen a familias obreras”. Después, el diario The Times de Londres citó un cable de la agencia Reuters: UNA EXTRAÑA FORMA DE ENFERMEDAD DE CARÁCTER EPIDÉMICO HA APARECIDO EN MADRID. Solo entonces hubo lugar para la cobertura, hasta entonces silenciada por los países que estaban involucrados en la Guerra. En los primeros días de junio, se informaba que el rey ya estaba mejor y descansaba en el campo, aunque la cifra mundial de muertes fue increíble: según estimaciones recientes, entre 50 y 100 millones de personas perecieron en las tres olas pandémicas entre 1918 y 1919.

El príncipe Erik de Suecia fue una de las millones de víctimas de la pandemia, que afectó a casi un tercio de la población mundial entre 1918 y 1918. Duque de Västmanland, Erik nació en el Palacio Real de Estocolmo en abril de 1889 y fue el hijo menor del rey Gustavo V y su esposa alemana, Victoria de Baden. El príncipe era epiléptico y sufría una leve discapacidad de aprendizaje, que se cree que fue causada por la fuerte medicación que tomó su madre durante el embarazo. Por lo tanto, vivió una vida muy aislada y muy rara vez asistió a grandes reuniones sociales.

Desde finales de 1917 vivió en el Palacio Drottningholm mientras esperaba que el Palacio Haga estuviera listo para ser habitado. Antes de que se pudieran completar las renovaciones necesarias la residencia, el príncipe se contagió de la gripe y murió en 1918 a los 29 años. La enfermedad afectó a medio millón de suecos y mató a casi 40.000. “La muerte del Príncipe fue una sorpresa y una revelación para muchos. Si alguien de los estratos más más altos del Estado podía morir, con acceso a todo tipo de atención médica, cualquiera podría verse afectado”, dijo el historiador sueco Magnus Västerbro. En efecto, la enfermedad no distinguía entre clases sociales, y había matado también a la reina Takipo de Tonga y enfermado al primer ministro británico, David Lloyd George, al estadounidense Franklin D. Roosevelt y al famoso noruego pintor Edvard Munch, entre muchos otros.

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