Europa

Astrid, la princesa de Noruega que desafió a la corona y se casó por amor, cumple 88 años

La hermana del rey Harald V nació el 12 de febrero de 1932. Su país la respeta mucho por toda una vida de servicio público.

Por S.C.

Última princesa noruega 100% de sangre azul, Astrid es la única hermana sobreviviente del rey Harald V. Nació el 12 de febrero de 1932 en el Palacio Real de Oslo, dos años después que su hermana mayor, la ya fallecida princesa Ragnhild, y cinco años antes de que Noruega festejara el nacimiento de su único hermano varón, el primer príncipe nacido en suelo noruego en más de 300 años. Sus padres eran el entonces príncipe Olav (1903-1991) y la princesa Martha de Suecia (1904-1954). El nombre completo de la princesa es Astrid Maud Ingeborg, en honor a su tía, la reina Astrid de Bélgica, y sus dos abuelas, la reina Maud de Noruega y la princesa Ingeborg de Suecia.

Al momento del nacimiento de Astrid, sus abuelos el rey Haakon VII y la reina Maud llevaban casi treinta años de reinado. Los tres príncipes crecieron en la finca real de Skaugum, en las afueras de Oslo, pero la infancia que parecía idílica se rompió brutalmente cuando los alemanes invadieron Noruega el 9 de abril de 1940. Para evitar ser detenidos por la potencia ocupante, la familia real, el gobierno y el Storting (parlamento) abandonaron Oslo en tren.

Los niños fueron despertados por sus padres en medio de la noche cuando les avisaron que había que escapar cuanto antes. La princesa Ragnhild recordó esa noche en una entrevista: “Nos despertamos en medio de la noche y nos dijeron que nos vistiéramos para una caminata. La señal más clara de algo inusual fue que fueron nuestros padres quienes nos despertaron”. Märtha y los tres niños huyeron a un lugar seguro a través de la frontera con Suecia, mientras que el príncipe heredero se separó de ellos en Elverum.

Astrid, entonces de ocho años, recuerda bien el viaje en automóvil a Suecia, que se hacía por las noches, hasta que el 10 de abril la princesa Martha y sus hijoz cruzaron finalmente la frontera de una manera particularmente dramática después de que los guardias incrédulos se negaran a permitirles el paso. Märtha, princesa sueca de nacimiento, llevó a sus hijos con padres (los príncipes Carlos e Ingeborg de Suecia) en Estocolmo. Ingeborg estaba muy preocupada por su hija y sus nietos y le entregó un conjunto de esmeraldas heredadas de su madre para vender en caso de que la familia necesitara dinero.

“Cuando los nazis invadieron Noruega, mi madre huyó con nosotros tres niños a través de la frontera sueca. Nos quedamos con la abuela y el abuelo (la princesa Ingeborg y el príncipe Carl) durante unos meses antes de decidir abandonar Suecia y viajar a los Estados Unidos a raíz de una invitación personal del presidente Franklin D. Roosevelt”, recordó Astrid muchos años después. El rey Haakon y el príncipe Olav se quedaron en Londres, mientras el resto de la familia vivió en Washington hasta que llegó la paz en 1945.

Cuando la familia regresó a Noruega el 7 de junio de 1945, por primera vez, la princesa Ragnhild conoció al hombre con el que luego se casó, Erling Sven Lorentzen, que estaba entre los guardias que escoltaron a la familia real cuando Haakon VII regresó a Noruega. Cuando se casó con Lorentzen en la Iglesia Asker el 15 de mayo de 1953, Ragnhild se convirtió en la primera princesa europea que se casaba con un plebeyo.

“Haz lo que te parezca natural”

Astrid siguió los pasos de su hermana y los latidos de su corazón, pero el camino no fue fácil. En 1954, Noruega lamentó la muerte de la princesa Martha, víctima del cáncer a los 50 años de edad. La princesa heredera tenía una salud en declive después de la guerra y y para sus tres jóvenes hijos fue una experiencia extremadamente difícil perder a su madre tan temprano en la vida. Su hija menor, muy a su pesar, se convirtió así en la primera dama del reino ya que su abuela también había fallecido prematuramente.

Joven e inexperta, asumió con mucho talento las tareas que hasta entonces había cumplido su madre, acompañando a su abuelo en las mayores pompas cortesanas. “No sabía lo que estaba pasando, y no tuve ningún entrenamiento sobre cómo comportarme”, relató Astrid. “Hoy en día, te entrenan para que estés preparado antes de cumplir tus funciones. Pero yo no estaba acostumbrada a ser la pieza central, solía esconderme detrás de las faldas de mi madre. Y nunca había estado en una visita de estado. Pero recibí buenos consejos de tía Ingrid [reina de Noruega]: Haz lo que te parezca natural”.

Pero la nueva condición no le permitiría contraer matrimonio con el hombre que amaba, Johan Martin Ferner, un empleado de las tiendas Harrod’s de Londres que se cansó de esperar y se casó con una modelo profesional de la que se divorció apenas dos años después. Astrid y Ferner volvieron a encontrarse pero debieron luchar durante 13 hasta hasta lograr el consentimiento al matrimonio. En 1960, Astrid empezó una especie de huelga, negándose a cumplir con sus obligaciones reales hasta que su padre, ya convertido en rey, dio su bendición.

“La casa real de Noruega conoce el drama más terrible de su existencia”, anunció un respetado periódico noruego, en una época en la que Europa aún no estaba acostumbrada a los matrimonios de príncipes con plebeyos. Y de verdad fue un escándalo: el vicepresidente Parlamento se negó a felicitar a la pareja, el osbispo de Oslo se negó a casarlos y un diario cuestionó la falta de cordura de la princesa por no saber “elegir el camino del deber”.

La boda finalmente se celebró en 1961, en presencia de numerosos príncipes extranjeros, incluida Margarita de Inglaterra con su flamante esposo, un fotógrafo de sociedad. Pero, a diferencia de su hermana mayor, Astrid no fue “castigada” porque la casa real la necesitaba: continuó desempeñándose como primera dama y no perdió su estatus real ni su asignación estatal, señales de una importancia dentro de la corte que todavía conserva.

En 2011, Astrid y Ferner celebraron sus 50 años de matrimonio cuando la princesa -ahora con cinco hijos y cinco nietos- todavía es un miembro muy activo de la casa real. En su 70 cumpleaños en 2002, la princesa recibió una pensión estatal honoraria como reconocimiento y agradecimiento por sus muchos años de esfuerzos, tanto como la primera dama del país y más tarde en relación con amplias tareas de representación.

Viuda desde 2015, la princesa Astrid no ha disminuido sus esfuerzos por apoyar a su hermano y durante su vejez sigue representando diligentemente a la casa real y a Noruega, involucrándose en trabajos sociales con niños y adolescentes que, como ella, tienen dislexia. Además, es presidenta del Fondo Memorial de la Princesa Heredera Märtha.

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