Luxemburgo

Enrique y María Teresa de Luxemburgo: crónica de un reinado problemático

Violencia, terror y silencio son las tres palabras que se oyen en diferentes informes sobre el funcionamiento de la casa real en los últimos años.

Por Darío Silva D’Andrea | @dariosilvad

La publicación del Informe Waringo, que pone de manifiesto la crítica situación que atraviesa el personal de la casa real de Luxemburgo y la “problemática” injerencia de la gran duquesa María Teresa es el más reciente capítulo en un reinado insualmente turbulento. La situación llevó a un período de tensión en el reinado del gran duque Enrique I, que comenzó el 7 de octubre de 2000. Su ascenso al trono anunció un nuevo reinado con un estilo más moderno: una pareja Grand Ducal más accesible, más cercana al público que nunca, pero los problemas comenzaron de inmediato.

La negativa del gran duque a firmar la ley de eutanasia en 2006, que se dice que se debe a creencias personales, llevó a una restricción a los poderes del monarca de esta pequeña nación ubicada en el corazón de Europa. Como resultado, se adaptó un artículo constitucional de 150 años de antigüedad, lo que significaba que el Gran Duque ya no tenía el derecho de sancionar nuevas leyes, simplemente de promulgarlas.

El interés político del Gran Duque se hizo evidente ya en la apertura de la sesión parlamentaria en 2001-2002. Como regla general, el soberano delega el deber de abrir la Cámara al Primer Ministro, pero en esa ocasión, el jefe de estado y su esposa María Teresa asumieron la tarea. Esto se consideró un paso inusual, ya que el jefe de estado generalmente se mantenía alejado de la esfera política y el anterior gran duque, Juan, fue considerado un monarca ejemplarmente respetuoso de la Constitución.

Negocios cuestionados

Otro paso inusual fue, en 2002, la decisión de la gran duquesa María Teresa (nacida en 1956 en La Habana, Cuba) de invitar a 15 editores en jefe a la residencia Colmar-Berg a quienes habló sobre el hostigamiento que había sufrido de parte su suegra, la gran duquesa Josefina Carlota, diciéndole a la prensa que a menudo la soberana se dirigía a ella despectivamente como la “pequeña cubana” y se burlaba de sus raíces no aristocráticas. El Gran Duque le pidió a la prensa que apoyara a su esposa.

En 2006, la venta de las joyas legadas por Josefina Carlota en la casa de subastas Sotheby’s causó mucha controversia, lo que resultó en la retirada de los artículos de la venta. Ocho años después, un artículo de los muebles de la madre del gran duque se vendió en una subasta por alrededor de £ 153.000, engrosando la fortuna familia. Una situación similar surgió un año después con el bosque Grünewald, que es propiedad privada de la familia real, y cuyos planes para venderlo fueron descartados más tarde.

En los últimos años, se conoció una serie de renuncias intempestivas del 30% del personal al servicio de la corte Gran Ducal, lo que llevó al primer ministro Xavier Bettel a instruir a Jeannot Waringo, exfuncionario financiero de palacio, para que investigara y redactara un informe sobre el funcionamiento de la monarquía. Roles como Mariscal de la Corte, Primer Consejero, Secretario General, Jefe del Servicio de Comunicación, etc., habían sido reemplazados a intervalos regulares. Las razones nunca se hicieron públicas, pero los rumores de disputas estuvieron circulando durante muchos años.

Un ex miembro del personal de la corte había dicho que tenía la intención de expresarse públicamente en forma de libro. Después de trabajar durante 14 años como empleada doméstica, el término “insubordinación” se utilizó en su carta de despido. La mujer afirmó que fue sometida a humillación y acoso antes de acudir a la justicia laboral. Otro ex miembro del personal acusó al palacio de intimidación y en una entrevista con la agencia de noticias francesa AFP, María Teresa explicó que no abordarían el asunto en la corte porque sentía que era un mal uso de los fondos públicos y, por lo tanto, no era ético. Cuando se le preguntó sobre su papel, que no está cubierto por la Constitución, María Teresa declaró que la monarquía era una asociación, señalando casos similares en España, Bélgica y Holanda, donde la consorte del monarca contribuye al “brillo de la monarquía”.

En el plano diplomático, María Teresa fue acusada de cometer ciertos pasos en falso cuando se perdió eventos oficiales, como en junio de 2016, cuando no asistió a la recepción del presidente rumano Klaus Iohannis. Se dijo que la consorte estaba enojada porque un miembro del personal que trabajaba cerca suyo se había visto obligado a abandonar la Corte. La mujer en cuestión era Chantal Selva, quien no había revelado que tenía antecedentes penales en Francia. En su ira, la gran duquesa hizo un viaje de último minuto a Suiza, obligando al presidente rumano y su esposa a cambiar su agenda.

En 2017, no viajó a Japón debido a su miedo a volar y en 2019 tampoco asistió a la entronización del emperador Naruhito. Tampoco estuvo presente en el funeral del padre de su nuera, Estefanía, porque prefirió viajar a París para entregar un premio al periodista y amigo Stéphane Bern, quien días atrás la defendió públicamente. A mediados del año pasado, la europarlamentaria Astrid Lulling mantuvo supuestamente una discusión con la gran duquesa en una reunión del Consejo Nacional de Mujeres. Lulling dijo que se ofendió por los comentarios hechos por María Teresa y, como resultado, su federación fue retirada del consejo nacional.

Violencia, terror y silencio

El último “golpe palaciego” lo dio el 17 de enero el periodista Pol Schock, quien publicó un artículo en Lëtzebuerger Land, afirmando tener conocimientos explosivos sobre el personal del Palacio. “Las decisiones se toman arbitrariamente, se ignora la legislación laboral, los empleados son amenazados, humillados o despedidos”, afirmó. “Y para garantizar que nada de esto llegue al público, el tribunal ha construido una cultura de silencio, un sistema de Omertà”. “El papel decisivo es jugado por la Gran Duquesa María Teresa; marca el ritmo, toma todas las decisiones y difunde el miedo y el terror al personal”, sentenció Schock.

Este 4 de febrero, la fiscalía de Luxemburgo ha iniciado una investigación sobre la cuestión de si hubo o no incidentes violentos contra el personal empleado en los palacios reales. En una entrevista con la cadena RTL, Pol Schock dijo que había escuchado muchos relatos de violencia física sufrida por los miembros del personal, citando lo que llamó historias “creíbles” de personas que habían sido golpeadas en el rostro durante el desempeño de sus labores. Tras ello, la oficina del fiscal confirmó que la policía judicial ya abordó las tareas de investigación y que esperará las conclusiones para decidir las posibles consecuencias.

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