Familia Real Britanica

Carlos de Inglaterra recordó con “inmenso orgullo” a su abuela, que salvó a una familia judía del nazismo


“En 1943, salvó a una familia judía llevándolas a su casa y escondiéndolas”, recordó ante líderes mundiales en el recuerdo del Holocausto.

Por S.C.

El príncipe Carlos, heredero del trono británico, recordó con “inmenso orgullo” a su abuela, la princesa Alicia de Grecia, durante el 5º Foro Mundial del Holocausto en Jerusalén, la ciudad donde la princesa está sepultada. Alicia, bisnieta de la reina Victoria, ayudó a una familia judía griega a ocultarse en Atenas para no ser deportada a un campo de concentración: “Así como cada vida perdida en la Shoá representa a todos los millones que murieron, cada historia inspiradora (…) representa la fuerza del espíritu, el coraje incomparable, el desafío decidido, de lo mejor de la humanidad cuando confrontado con lo peor”, dijo Carlos.

“Por mi parte, me he inspirado durante mucho tiempo en las acciones desinteresadas de mi querida abuela, la princesa Alicia de Grecia, quien en 1943, en la Atenas ocupada por los nazis, salvó a una familia judía llevándolas a su casa y escondiéndolas”, dijo el príncipe ante una audiencia de unos 40 líderes internacionales que conmemoraron el 75 aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz y contó con la asistencia de unos 40 líderes internacionales. “Mi abuela, que está enterrada en el Monte de los Olivos, tiene un árbol plantado a su nombre aquí en Yad Vashem, y se cuenta como uno de los Justos entre las Naciones: ḥasidei ummot ha`olam, un hecho que me da a mí y a mi familia, inmenso orgullo”, agregó.

Separada del príncipe Andrés de Grecia, Alicia de Battenberg (1887-1969) fue internada en un psiquiátrico a causa de sus alucinaciones y delirios místicos, mayormente después de la muerte trágica de una de sus hijas. Al salir, se dedicó a la iglesia y fundó una orden religiosa, vistiendo de monja el resto de su vida. En palabras de su madre, era “una monja que fuma y juega a las cartas”. Alicia se quedó en Grecia durante la invasión nazi y al terminar la guerra se supo que había ocultado, cuidado y alimentado durante todos esos años a una familia judía que corría el riesgo de ser deportada. En 1967 fue llevada a Londres ante la agitación política que vivía grecia y murió dos años después. Fue sepultada en Jerusalén y sólo después de esto su familia conoció la ayuda que había proporcionado a la familia judía en Atenas.

El hijo de la reina Isabel II recordó que “la magnitud del genocidio que pesó sobre el pueblo judío desafía la comprensión y puede hacer que aquellos de nosotros que vivimos a la sombra de esos eventos indescriptibles nos sintamos inadecuados”. “La magnitud del mal fue tan grande, el impacto tan profundo, que amenaza con oscurecer las innumerables historias humanas individuales de tragedia, pérdida y sufrimiento de las que estaba compuesto. Es por eso que lugares como este, y eventos como este, son de vital importancia”, agregó en su discurso en el Yad Vashem de Jerusalén. “El hecho de que un mal no pueda ser descrito no significa que no pueda ser derrotado. Que no se pueda entender completamente, no significa que no se pueda superar”, agregó.

“Debemos comprometernos a garantizar que sus historias vivan, sean conocidas y entendidas por cada generación sucesiva”, dijo Carlos ante el presidente israelí y los mandatarios de Rusia, Alemania, España, Holanda y EEUU, entre otros. “Nunca se debe permitir que el Holocausto se convierta simplemente en un hecho de la historia: nunca debemos dejar de horrorizarnos, ni movernos por el testimonio de quienes lo vivieron. Su experiencia siempre debe educar, guiar y advertirnos”, advirtió el príncipe, quien agregó que “75 años después de la Liberación de Auschwitz-Birkenau, el odio y la intolerancia aún acechan en el corazón humano, todavía se dicen nuevas mentiras, se adoptan nuevos disfraces y aún se buscan nuevas víctimas”.

En estos tiempos, reconoció el príncipe de Gales, “las palabras se usan como insignias de vergüenza para marcar a otros como enemigos, para marcar a los que son diferentes como algo antinatural”. Agregó que “con demasiada frecuencia, la virtud parece buscarse mediante la violencia verbal” y “sobreviene una violencia real, y todavía se perpetran actos de crueldad indescriptible en todo el mundo contra las personas por razones de su religión, su raza o sus creencias”. Recomendó a los líderes del mundo “nunca descansar en la búsqueda de crear comprensión y respeto mutuos”. “Debemos cuidar la tierra de nuestras sociedades para que las semillas de la división no puedan echar raíces y crecer. Y nunca debemos olvidar que todo ser humano es be-tselem Elohim, ‘a imagen de Dios’, e incluso una sola vida humana es ke-olam malei, ‘como un universo entero’”.

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