Sultán de Omán (1940-2019)

Cómo fue hace 50 años el “golpe palaciego” que llevó al sultán Qaboos al trono de Omán

En 1970 se embarcó en una política de rápido desarrollo económico y social, gobernando un país que entonces tenía solo 10 km de pavimento, tres escuelas y dos hospitales.

Por Darío Silva D’Andrea | @dariosilvad

El sultán Qaboos, fallecido el viernes 10 de enero a los 79 años y tras 49 años de reinado, puso fin a los conflictos internos del Sultanato de Omán, ubicado en la Península Arábiga, y utilizó la riqueza petrolera para modernizar y abrir el país. Sin embargo, para lograr convertir a su pequeño país en el único enclave de paz y estabilidad de Oriente Medio, recorrió un largo trayecto que comenzó hace casi 50 años años, cuando desterró del trono a su padre.

Miembro de la dinastía Al Said, que había gobernado desde el extremo sureste de la Península Arábiga desde 1744, el príncipe Qaboos nació en Salalah, en la gobernación de Dhofar, en el sur de Omán, el 18 de noviembre de 1940, y era el hijo único del sultán Sayyid bin Taimur y la jequesa Mazoon al-Mashani. Mientras su padre era un gobernante de hierro que se hacía temer por todos, Qaboos siempre tuvo una relación especialmente cálida con su madre. Durante sus años más difíciles, ella lo ayudó a encontrar fuerza y fe, y cuando se él convirtió en sultán, continuó valorando sus consejos y su mente práctica.

Por entonces, Omán era un reino minúsculo y extremadamente pobre y aislado del mundo exterior por la estricta regla de su padre. Durante su reinado, los omaníes no podían comprar cemento ni usar anteojos o paraguas sin el permiso del sultán. En los últimos años de su gobierno, tan solo había tres escuelas y 5 kilómetros de caminos pavimentados en el país. La televisión, la radio y los teléfonos estaban prohibidos.

El estilo de gobierno de Said bin Taimur era naturalmente autoritario y con el paso del tiempo se había vuelto cada vez más mezquino y dominante. Prácticamente no se tomaban decisiones sobre nada sin su aprobación, e incluso se ocupó de las visas de entrada, lo que naturalmente provocaba descontento entre los funcionarios a cargo de los principales departamentos. Los walis (gobernadores) de las diferentes regiones del sultanato regularmente recibían órdenes del sultán y eran convocados a él para recibir informes. Sin embargo, el sultán rara vez salía de Salalah, por lo que los funcionarios de alto rango tenían que hacer largos viajes a través del desierto, rumbo al sur, para presentar todas las decisiones esenciales al monarca para su aprobación.

La totalidad de Omán era la familia, y el sultán era un padre severo. No consideraba a nadie autónomo y vetaba todos los tipos de decisiones. Todos los súbditos, independientemente de su edad y posición social, eran considerados niños bajo su supervisión personal. Las historias de sus obsesivas reglas y regulaciones pasaron a la historia: se dice que, por orden del sultán, se instaló un telescopio en las ventanas de sus habitaciones para mantener a sus súbditos bajo vigilancia. Desde el palacio de Al-Husn veía los edificios de Salalah, las calles, los patios de otros dignatarios, el mercado y la costa marítima. La vista de un fumador o una persona con un paraguas o una radio de transistores, desencadenaba una orden del sultán para la detención inmediata y el castigo de esa persona.

Qaboos fue educado en Salalah y brevemente en India, mientras el su pasre mantenía el aislamiento internacional del reino. Omán estaba entonces bajo la protección imperial británica y, como heredero designado de la monarquía, fue enviado a una escuela privada británica en Kent y luego a la Real Academia Militar en Sandhurst para entrenamiento militar. Después de sus experiencias en Inglaterra y en otros países progresistas, fue difícil para el príncipe Qaboos adaptarse a la atmósfera cerrada de un feudo gobernado por una forma de paternalismo extremo. Al regresar a su país, en 1965, su padre, quien sospechaba que el príncipe quería derrocarlo, lo detuvo bajo arresto domiciliario en el palacio real de Salalah durante cinco años.

El sultán Sayyid, cada vez más errático y represivo, tuvo la cortesía de permitir que dos oficiales británicos fueran a Salalah y permanecieran con Qaboos en el confinamiento de su palacio para asegurarles que era bien tratado. En ese momento, los oficiales del ejército del sultán, las SAF, eran todos británicos y uno de ellos era Tim Landon, que había sido un buen amigo del príncipe Qaboos en Sandhurst. Fue él quien planificó el golpe con aliados en Petroleum Development Oman, entonces una compañía dirigida por británicos, y con el alcalde de Salalah. Juntos conspiraron para sacar al Sultán bin Taimur, declarado clínicamente paranoico.

En la tarde del 23 de julio de 1970, Said estaba en su palacio en Salalah cuando fue confrontado por el jeque Braik Al-Ghafri y un oficial del ejército británico, el mayor Spike Powell, quien le dijo que tenía que abandonar el cargo. Tremendamente enojado, intentó sacar una pistola de debajo de su túnica y accidentalmente se disparó en la pierna. Más tarde, el teniente coronel Edward Turnill, miembro del Regimiento del Desierto del Sultán, presentó un instrumento de abdicación al sultán, y se le dijo que lo firmara, orden que no tuvo más remedio que acatar. Mientras estos eventos se desarrollaban, Landon había estado esperando, con Qaboos, en una residencia cercana.

El sultán Said fue llevado a Londres en un avión de la Fuerza Aérea británica (RAF) y alojado en una suite del lujoso Hotel Dorchester, donde murió dos años después. Cuando se le preguntó una vez cuál era su mayor pesar, el anciano respondió: “No haber recibido un disparo de Landon”. Entre tanto, el príncipe Qaboos -de 29 años- finalmente se convirtió en el sultán y le respondió a un periodista de la BBC que le preguntó por qué había derrocado a su padre: “Porque pensé que mi padre no estaba liderando el país de la manera correcta, debería haberlo dirigido”, y agregó: “Tenía algunos amigos y me ayudaron”. Los documentos oficiales del Ministerio de Relaciones Exteriores británico sobre este período aún están restringidos.

Se dijo que el sultán Said estaría muy orgulloso de su hijo y que escribió una carta reconciliatoria desde su exilio en Londres, repleta de calidez y ternura. Según el primer ministro de relaciones exteriores de Omán, Neil Innnes, quien conoció muy bien a Said, el ex sultán aceptó la situación de manera muy filosófica y, en algunos aspectos, estaba muy feliz de haber sido relevado de sus antiguas responsabilidades y, por último, pudo relajarse en sus últimos años de vida. “Al menos su hijo lo sucedió sin la revolución más dramática que temía y que podría haber destruido al sultanato por completo. Creo que en su corazón estaba orgulloso de su hijo”, dijo el exdiplomático.

El descubrimiento de importantes depósitos de petróleo a mediados de la década de 1960 le dio a Qaboos la oportunidad de cumplir su promesa de revitalizar la vida de su pueblo. En el momento de su entronización, Omán era un país plagado de pobreza, analfabetismo y enfermedades, con una esperanza de vida de unos 40 años. La esclavitud aún no se había abolido y la población dependía de la pesca y la agricultura de subsistencia. De esta forma, en los primeros años de su reinado Qaboos prohibió la esclavitud en todas sus formas y hoy la esperanza de vida es de mediados de los 70 y las tasas de alfabetización son cercanas al 90%. Clínicas, hospitales, escuelas y un campo de deportes, que llevan el nombre del gobernante omaní, casi totalmente ausentes antes de 1970, ahora son comunes en todo el reino.

A partir de entonces, Qaboos creó un sistema paternalista de monarquía absoluta, cuya cohesión y estabilidad dependía en gran medida de la autoridad y el afecto popular hacia el sultán mismo. Como escribió Marc Valeri, director del Centro para el Golfo de Estudios de la Universidad de Exeter: “Este modelo de legitimidad, basado en la personalización extrema del sistema político, está íntimamente relacionado con la persona de Qaboos y solo con él”. Uno de los jefes de estado con más años de servicio en el mundo, hizo movimientos tentativos hacia una monarquía constitucional a fines de la década de 1990 y principios de la década de 2000, con la introducción de una asamblea consultiva electa y elecciones del consejo municipal. Sin embargo, hasta el momento de su muerte siguió siendo jefe de estado y primer ministro, y comandante en jefe de las fuerzas armadas.

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