Asia & Oriente Medio

Una carta bajo llave: cómo funciona el misterioso mecanismo sucesorio del sultanato de Omán

Tras la muerte del sultán Qaboos, la dinastía que lleva 270 años en el poder debía elegir a su sucesor.

Tras casi 50 años de reinado, el sultán Qaboos bin Said de Omán -pequeño Estado del Golfo Pérsico- murió a causa de un cáncer que sufre desde hace muchos años. Uno de los monarcas más antiguos del planeta, tan solo superado por Isabel II de Gran Bretaña y el Sultán de Brunei, Qaboos tuvo dos esposas basado en la exigencia coránica, pero no tuvo hijos y nadie sabe a ciencia cierta quién será el siguiente sultán tras su inminente muerte. El sistema de elección del futuro gobernante, que tiene poderes casi absolutistas, es arcaico aunque Qaboos procuró modernizarlo en años recientes para evitar batallas internas.

Aunque las viejas leyes impiden al sultán designar públicamente al sucesor, Qaboos estableció un mecanismo muy claro: según el artículo 6 de la Ley Básica, cuando el sultán muere los príncipes varones de la familia real deben reunirse y elegir unánimemente un sucesor. Como es de esperarse, decenas de príncipes no podrán ponerse de acuerdo, con lo que el jefe del Consejo de Defensa, el jefe de la Corte Suprema y los jefes de las dos cámaras del Consejo Consultivo develarán la última voluntad del sultán escrita en una carta que permanece fuertemente custodiada y en la que Qaboos escribió hace el nombre de su príncipe predilecto.

El propósito de mantener en secreto el nombre de su sucesor preferido es garantizar la autoridad del sultán durante su vida y que el futuro monarca no pretenda hacerse tempranamente con el poder. En la actualidad hay dos sobres sellados, uno preseuntamente custodiado en una cámara acorazada del palacio real de Muscate (capital del país) y el segundo de ellos custodiado en un palacio de la ciudad portuaria de Salalah. Los últimos informes que circularon sugieren que la segunda carta duplicada fue llevada a la capital para la apertura debido a la gravedad de la condición del sultán y las disputas no resueltas dentro del Consejo de príncipes. La mayoría de analistas coinciden en que contendrá el mismo nombre y que existe solo en caso de que no se pueda encontrar la primera carta o si se dudara de su autenticidad.

Tres príncipes favoritos y un tabú social

Qaboos, último eslabon de la dinastía Abu Al Said, que gobierna Omán sin interrupción desde 1749, tomó el poder el 23 de julio de 1970 (a los 30 años de edad) en un golpe palaciego que contó con el apoyo del Ejército británico. Desde entonces, el sultán modernizó y fortaleció un país que incluso en los años 70 vivía como en la Edad Media, sin escuelas, rutas, hospitales, televisión o teléfonos. Actualmente, cuenta con 49 años de reinado: “Es un súper ser humano en el sentido amplio de la palabra. Tiene espacio para todos los sentimientos o asuntos humanos, cree en la hermandad de los elementos humanos, tiene tendencia por (…) lo espiritual, por el entendimiento de las culturas”, asegura su asesor para Asuntos Culturales, Abdulaziz Mohamed al Rouas.

Se cree que hay tres candidatos favoritos en la casa real, los príncipes Assad, Shihab y Haizam bin Tariq, todos primos del sultán, en una enorme dinastía en la que rige la poligamia. “Hay una gran cantidad de especulaciones sobre quién es su propia preferencia”, dijo un diplomático a The Times. Explicaba que el sultán Qaboos es tan respetado, incluso en su familia, que nadie se atreverá a abusar de este proceso. Quien sea elegido, del mismo modo, tendrá un modelo a seguir muy popular en Qaboos y se espera que no se aparte de su sistema de gobierno benefactor y de modernización. “No sabemos quien será su sucesor pero conocemos a su familia y todos son gente abierta como el sultán Qaboos“, señala Nashian al Jarusi, una de las pocas mujeres del Consejo de Estado.

“En los medios se pueden encontrar críticas al Gobierno y sus servicios, pero hay una ley que protege a las personas”, dijo el ministro de Información, Abdulmunim al Hasani, aludiendo de forma indirecta a la figura del sultán Qaboos, que representa un tabú y, sobre todo, el debate en torno a su sucesión en el trono, ya que Qabús no tiene descendientes ni ha designado -al menos públicamente- a un posible candidato. Por su parte, una funcionaria del Parlamento omaní, Amal bint Taleb, recordó en una entrevista que tanto la prensa como los ciudadanos en las redes sociales no pueden hablar libremente del sultán y sólo pueden decir “cosas buenas”. 

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