Asia & Oriente Medio

El palacio de Golestán, donde fue coronado el último shah de Irán, corre peligro

Antigua ciudadela del siglo XVI, fue la residencia de los emperadores persas durante 400 años y hoy está amenazada por la escalada de violencia entre EEUU e Irán.

Por S.C.

El Palacio de Golestán, antigua residencia de los emperadores de Irán, es uno de los 24 sitios de la República Islámica reconocidos por la Unesco como patrimonial cultural o natural amenazados ahora que se acrecentaron las tensiones entre EEUU e Irán. Golestán fue sede de la monarquía durante la Dinastía Qajar (1794-1925), para ser después, con los Pahlavi, un palacio dedicado a las recepciones de importancia, como la coronación del último shah, Mohammed Reza Pahlevi, y la última shabanou, Farah Diba, en 1968.

El conjunto conocido como Palacio de Golestán es el grupo palaciego que cuenta con algunos de los edificios más antiguos de Teheran, la capital de Irán. Las primeras construcciones datan de la primera mitad del siglo XVI y fueron construidos por los gobernantes Saváfidas. La ciudadela se construyó entre 1524 y 1576, comenzada por Tahmasp I, ampliado y reformado por Karim Khan Zand (1724-1776). Sin embargo, su estado actual se debe a Haji Abol-Hassan Mémar Navaï (1865), ya durante la dinastía Kajar, cuando Teheran se convierte en capital de Persia.

La posibilidad de que EEUU ataque sitios patrimoniales y culturales en Irán alertó al mundo entero, que se preocupó por la posibilidad de que un conflicto armado entre ambos países hiciera desaparecer objetos y construcciones de alto valor histórico para la Humanidad. La advertencia surgió cuando, luego del asesinato del general iraní Qasem Soleimani por parte de Estados Unidos, el presidente Donald Trump declaró que su país tenía “en la mira 52 sitios iraníes, algunos de ellos de muy alto nivel e importantes para Irán y la cultura iraní”.

La exemperatriz, Farah Pahlevi, que reside en los EEUU desde la muerte de su marido, llamó a la comunidad internacional a defender el patrimonio cultural de su país. “Desafortunadamente, la República Islámica de Irán ha sufrido graves daños al patrimonio cultural en los últimos cinco años”, recordó. “Los artefactos culturales de las naciones pertenecen a la historia y la cultura humana, especialmente a la cultura y el arte milenarios de Irán, que emitió la primera declaración de derechos humanos al mundo en la Carta de Ciro la Gran”. “En estos años oscuros, la gran nación de Irán, con su historia y cultura antiguas, ha estado pidiendo paz, tranquilidad y libertad. Partiendo de este deseo nacional y preservando el patrimonio cultural de Irán, los líderes políticos del mundo pueden tener la amistad y la solidaridad del pueblo iraní. Espero que nuestra querida patria recupere el lugar que le corresponde en la gran familia global”, dijo Farah Pahlavi.

Durante los años 60 y 70, la familia imperial destruyó buena parte del antiguo palacio para construir edificios administrativos y estancias más modernas. En 2013 la UNESCO lo incluyó en su lista del Patrimonio de la Humanidad con el objetivo de protegerlo. Actualmente, el Palacio de Golestán se compone de un gran parque con varios numerosos estanques, y una docena de edificios distribuidos a su alrededor. Algunos de esos edificios se encuentran en obras y otros albergan museos y salas de exposiciones. Un muro rodea todo el complejo.

La joya del palacio es la inmensa Sala del Trono de Mármol (Iwan Takht-e marmar), la más antigua de todas las estructuras es un trono de mármol, y allí se encuentra el Takht-e Soleiman (trono de Salomón) en el que en abril de 1926 fue coronado el primer shah (rey de reyes) de la dinastía Pahlavi, Reza Khan I. El trono se ubica en el centro de una terraza, y está hecho de sesenta y cinco losas de mármol extraído en Yazd, donde los cuatro lados del trono descansan sobre los hombros de ángeles y demonios, además, el recinto está decorado con pinturas, azulejos, estucos, espejos, esmaltes, ebanistería y celosía.

El primer monarca de la dinastía Pahlevi estableció su residencia oficial en el palacio de Niavaran, pero Golestán siguió utilizándose para recepciones reales y ceremonias de gran importancia. El Museo Real (Talar-e Salam), uno de los últimos salones en ser construido (entre 1874 y 1882) fue pensado como un museo de inspiración europea con claras semejanzas con la Galería de los Espejos del palacio francés de Versalles. Esa estancia fue el escenario de la boda de los últimos emperadores el 21 de diciembre de 1959. Actualmente también se conservan la Khalvat-e Karim Khani, una de las estancias privadas de los antiguos monarcas, y la Shams-ol-emareh, es una inmensa torre que fue una maravilla de su tiempo (segunda mitad del siglo XIX), cuando Teherán carecía de grandes y sobre todo de tan altos monumentos.

El Emarat Badgir, el “Palacio de las torres de viento”, es otro de los sitios más llamativos de Golestán. Está compuesto de una gran sala principal, dos estancias laterales, dos vestíbulos y una habitación situada en un nivel inferior con un estanque. También es uno de los edificios más antiguos y destaca por sus vidrieras, los estucos y el mármol que las decora. Construido a principios del siglo XIX por Haj Mirza Jafar Khan Tabrizi y Sheikh Abdulhossein, a través de los reinados de la dinastía Qajar fue utilizado sobre todo en verano porque las torres de viento conseguían refrescar las habitaciones subterráneas gracias a las diferencias de presión y la ventilación generada.

Al lado se encuentra salón de Diamantes (Talar-e Almas) se llama así porque brilla como esta joya. Situado entre el Emarat-e Badgir y el Talar-e Almas se encuentra el Chador Khaneh (casa de tiendas) fue utilizado como un almacén de tiendas de campaña lujosas para los viajes del sha a la naturaleza. Y también el palacio Abyaz alberga el Museo Etnográfico muy interesante, ya que se compone de los regalos recibidios por durante el reinado de Nasseredin, en el siglo XVIII, por parte del el sultán Abdul Hamid.

La Casa del Estanque (Howz Khanehf), otra de las partes principales del palacio, fue utilizada como un aposento de verano durante la dinastía Qajar gracias a un sistema de bombeo de agua a las pequeñas piscinas de cada cámara, ahora alberga una colección de pinturas y esculturas de la realeza europea del siglo XIX.

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