Obituarios

OBITUARIO: El "infierno" de Ari Behn, exesposo de la princesa Martha Luisa de Noruega (1972-2019)

Víctima de una depresión crónica, el escritor noruego se suicidó en Navidad: “Voy a morirme solo, sin ninguna compañía. Solo y amargado”.

El día de Navidad, el escritor noruego Ari Behn, exesposo de la princesa Martha Luisa de Noruega, se quitó la vida. A la edad de 47 años, sufría de depresión crónica: “No soy un hombre feliz”, confesaba hace diez años a la revista noruega Massiv. “Tengo tres hijas a las que adoro, y ellas me ayudan a levantar el ánimo, pero en general soy un depresivo crónico, y parece que cada día es peor y peor. Ellas son lo mejor del mundo, pero reconozco que soy un compañero de viaje muy difícil. Creo que más tarde o más temprano se verán obligadas a echarme de casa a patadas”. En plena lucha contra sus problemas de salud mental, en los últimos años Behn se había concentrado en su faceta como pintor y pareció superar la pérdida de su princesa al aparecer junto a ella y el nuevo novio, el chamán estadounidense Derek Verret.

Nacido en la ciudad danesa de Aarhus en 1972, Ari Mikael Behn provenía de una familia ‘atípica’: “Mi madre se casó con su mejor amigo. Mi padre, a su vez, contrajo matrimonio con la exmujer de ese señor. Hicieron, literalmente, un intercambio de parejas. Y nos comunicaron su decisión el día de Nochebuena, porque consideraron que como estábamos todos juntos era un buen momento”, relató. Sus padres solo volvieron a verse personalmente el día de la boda del escritor con la princesa, en mayo de 2002. “Mis padres eran hippies de la vieja escuela, así que aprendí que era yo mismo quien tenía que ponerme los límites. Crecí acostumbrado a ser el raro del grupo. Quizá por eso me gusta mi papel de polemista”, recordó al ser entrevistado por Vanity Fair.

Behn y la princesa, hija mayor de los reyes Harald V y Sonia, se casaron en la catedral de Trondheim, el sitio donde antiguamente eran coronados los monarcas noruegos desde la Edad Media, y en los siguientes años tuvieron tres hijas. Aunque Harald V, que fue el primer príncipe moderno en casarse con una mujer “plebeya”, había prometido que sus hijos serían libres de casarse por amor y no por interés, le costó aceptar a su yerno, a quien se lo veía como demasiado liberal y bohemio, y era conocido por su pasión por las fiestas y las drogas. “Si pudiese, la reina Sonia a veces me asesinaría. Cree que he cometido muchos errores”, reflexionó posteriormente.

“A mí siempre me ha fascinado la gente capaz de escapar a sus propios moldes, de vivir sin prejuicios. Ella (Martha Luisa) me pareció alucinante desde el primer momento por eso. Era divertida, inteligente y espiritual, y esa parte me intrigaba muchísimo. Yo sabía al cien por cien que ella era la persona que estaba buscando. Pasó casi un año y medio hasta que aceptaron la situación en palacio y pudimos anunciar el compromiso”, relató. “Sé que tarde o temprano me van a expulsar de la casa real noruega. Soy patológicamente desafiante, rebelde e infantil. Creo problemas y meto a la gente en situaciones comprometedoras y peleas estúpidas. Es muy difícil vivir conmigo”, se lamentó Behn. Preparado para afrontar cualquier tormenta mediática, el rey Harald retiró a su hija el título de “Alteza Real” para que pudiera llevar una vida más normal y su yerno pudiera seguir trabajando sin estar vinculado a la corona.

“Mi relación con Marta es simplemente una historia de amor. La de un hombre que ama a una mujer”, dijo Ari. Acostumbrado a llamar la atención, siempre buscó que las revistas hablaran de él pese a sentirse perseguido y criticado constantemente por los medios. En años posteriores, se describió como un “mal marido”, confesó con frecuencia no ser feliz y abusar del alcohol a diario. Para indignación de quienes exigen neutralidad política a la familia real, se declaró de izquierda votante del Partido Laborista. Las revistas europeas lo retrataron en su taller de pintura, consumiendo drogas, vestido como Drag Queen en un desfile en Barcelona, viviendo como un mendigo en las calles de Londres, relacionandose con todo tipo de personajes bohemios y de dudosa reputación. Los reyes noruegos jamás hablaron mal de su yerno, y dijeron sentir “dolor y tristeza” cuando Martha Luisa y Ari decidieron separase en 2016.

“Nuestro amor es más fuerte que nunca, pero nos permitimos flirtear con otras personas. En este sentido, somos muy libres. Si no, sería espantoso. Lo hemos intentado todo [para salvar el matrimonio] pero no podemos recuperar lo que tuvimos”, relató Behn sobre su separación. “La vida no va siempre sobre ruedas, tanto Ari como yo lo hemos experimentado. Pero nunca ha estado más claro que ahora, cuando nos ha hecho alguna travesura que no habíamos visto venir. Nos separamos, terminamos nuestro matrimonio, pero mantenemos la custodia compartida”. A partir de entonces, la vida del escritor parece haber ido en picada: autodefinido como un “pobre escritor que no le importa a nadie”, al principio anunció su “nueva vida”, la compra de una casa y el inicio de un momento de “redención y transformación”, pero no pudo superar la separación. “Es un infierno este momento”, sentenció.

En octubre del 2018 Ari Behn contó en un libro titulado Infierno, cómo había vivido la separación de su mujer. Presentada como «una novela con cuadros». “Puestos en lo peor, soy un payaso. Visto con más clemencia, soy una persona cualquiera y un actor. Para muchos, soy un loco”, decía en la presentación de su obra en la que reconocía que sufría depresión y alcoholismo. “Es un gran cambio en mi vida. Se puede comparar con una muerte”, dijo sobre su divorcio, que resumía con adjetivos como “dolor, sufrimientos, extrañeza, tristeza y pérdida”. “Tengo pequeñas crisis a diario. El problema más pequeño y más trivial puede hacerme saltar hasta golpearme con el techo. Tengo una crisis nerviosa por lo menos una vez al día”, confesó. “Voy a morirme solo, sin ninguna compañía. Solo y amargado. Es como si nunca fuera capaz de atarme a algo del todo”.

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