Gran Bretaña

Unos diarios inéditos revelan que Jorge V de Inglaterra tenía tatuados un dragón y tigre en sus brazos

Aunque la costumbre de tatuarse había sido prohibida en Japón, se hizo una excepción con el entonces príncipe y su hermano mayor.

Según unos diarios que se expondrán en una nueva exhibición en el Palacio de Buckingham, el abuelo de la reina Isabel II tenía un dragón y un tigre tatuados en sus brazos, que le fueron hechos durante su viaje a las ciudades japonesas de Kioto y Tokio en la época en que era un marinero. Jorge era un joven príncipe cuando, en 1881, visitó Japón junto a su hermano mayor, el príncipe Alberto Víctor. Los príncipes estaban sirviendo como guardiamarinas a bordo del buque HMS Bacchante y se les otorgó permiso para encontrarse con el emperador Meiji y la emperatriz Shoken en Kioto.

Los dos jóvenes regresaron con regalos para su familia, incluyendo una tetera y tazas para su padre, el Príncipe de Gales, y con obsequios diplomáticos del emperador, así como sus propios recordatorios permanentes del viaje. Según el diario oficial de la gira, compilado por su tutor, el reverendo John Dalton, los príncipes se tatuaron los brazos durante su escala en Japón: el mayor se tatuó un par de cigüeñas mientras Jorge optó por un “un gran dragón en azul y rojo retorciéndose todo el brazo” y un tigre, símbolos de Oriente y Occidente. Se cree que fue el príncipe de Gales quien le ordenó al reverendo Dalton que permitiera tatuar a los príncipes, ya que él mismo tenía su propio tatuaje: una Cruz de Jerusalén que se había hecho mientras en Tierra Santa en 1862.

La Royal Collection no tiene fotografías de los tatuajes de los príncipes, pero el diario de Jorge da más detalles de su propia experiencia: “(El tatuador) hace un gran dragón en azul y rojo retorciéndose todo el brazo en unas tres horas. Primero dibuja el contorno de la piel con tinta india y agua, y luego pincha en los colores requeridos, azul o rojo, con pequeños instrumentos que parecen cepillos de pelo de camello, solo que en lugar de pelos consisten en agujas muy diminutas. Un hombre mezcla los colores y los otros tatuajes, sosteniendo el instrumento con la mano derecha y agarrando el brazo con la izquierda, mientras aprieta la superficie de la piel en la que se realizará el dibujo entre el pulgar y el dedo índice. No encontramos el dolor punzante en absoluto”.

Jorge V y su esposa, la reina María.

El príncipe, que reinaría en Gran Bretaña de 1910 a 1936, reveló que “el hombre que hizo la mayor parte de nuestros tatuajes estaba bellamente tatuado en todo su cuerpo, y el efecto de estos dibujos japoneses en varios colores y curvas en su piel brillante era como una seda bordada”. En el diario el príncipe contó que, bajo el gobierno del emperador Meiji, la costumbre de tatuarse había sido prohibida, pero a los artistas se les permitió venir a su habitación a tatuar a los príncipes, una tradición que comenzó a hacerse particularmente popular entre los marineros y otros visitantes extranjeros a Japón. Jorge no menciona el nombre de su tatuador, pero algunas fuentes sugieren que pudo haber sido Karakusa Gonta, quien era el tatuador más importante del ‘Imperio del Sol Naciente’ en ese momento.

La curadora de la exposición Japan: Courts and Culture, Rachel Peat, dijo: “Los dos jóvenes príncipes estaban ansiosos por experimentar una amplia gama de arte y costumbres japonesas durante su visita a Japón. Además de viajar en rickshaw, comer con palillos y conocer a pintores destacados del día, abrazaron la moda del tatuaje que era popular entre los marineros y otros visitantes de Japón en este momento. Esta fue solo la segunda visita de la realeza británica a Japón, y el entusiasmo de los príncipes refleja el interés británico más amplio en un país que aún permanecía relativamente desconocido y misterioso. La visita causó una impresión duradera en el futuro rey Jorge V, quien luego hablaría con cariño de la cálida recepción que recibió”.

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