Francia

La historia del Caballero d’Éon, el espía de Luis XV que pasó la mitad de su vida como una mujer

Charles d’Éon, miembro del servicio secreto de Francia, fue condenado a vestirse perpetuamente como una mujer.

Por Darío Silva D’Andrea

En el palacio de Buckingham, en Londres, entre las decenas de obras de arte almacenadas por la monarquía británica se encuentra una muy particular, una pintura que muestra a una mujer que, en realidad, es un hombre. En la escena, esa mujer participa de partido de esgrima contra el habilidoso caballero de Saint-George en Carlton House, hogar del príncipe de Gales, en abril de 1787, y ante una concurrida audiencia. Se trata del Caballero de Eón, un diplomático y espía francés del siglo XVIII que pasó la segunda mitad viviendo como mujer durante la regencia y el reinado de Jorge IV de Inglaterra.

Charles d’Éon de Beaumont era “notorio principalmente porque nadie podía determinar su género, después de haber pasado la primera mitad de su vida como hombre y la segunda como mujer”, explicó la casa real, quien se mostró reveladora: “El examen médico después de su muerte reveló que era un hombre. Incluso durante su época femenina, d’Éon seguía siendo una gran esgrimista. La imagen muestra al aristócrata francés moviendo su espada y vestido con ropa femenina mientras el príncipe de Gales observa la escena.

Nacido en octubre de 1728 como Charles d’Éon de Beaumont, el Chevalier d’Éon fue un diplomático, espía y soldado francés que luchó en la Guerra de los Siete Años. Cruzó el Canal de La Mancha y llegó por primera vez a Londres como parte de la embajada de Francia en 1762, ayudando a negociar la Paz de París, poniendo fin a la Guerra de los Siete Años. A pesar de haber sido galardonado con la Croix de St Louis, d’Eon no regresó a Francia cuando fue retirado de los negocios diplomáticos. Por el contrario, desató un escándalo al publicar correspondencia secreta que reveló la corrupción ministerial francesa.

Relata el historiador francés Guy Breton, d’Eon se vistió de mujer a partir de su romance con la reina de Inglaterra: “El caballero pasaba muchas horas en compañía de la reina Carlota, de la que era amante. Pero una noche de 1771, cuando él se hallaba en el aposento de la soberana, el rey Jorge III, entró de sorpresa”.

Según escribió el propio caballero: “Hacía ya varias horas que nos hallábamos juntos en un gabinete contiguo a aquel en el que dormía el niño (príncipe de Gales), y todo dormitaba en palacio, cuando Cockrell (maestro de ceremonias de la reina), que estaba de centinela en la galería, entró súbitamente gritando, escandalosamente, que acababa de abrirse la puerta de los aposentos del rey, que Jorge III había salido y que se dirigía al sitio donde nos hallábamos. Sería imposible describir la turbación que nos causó tal noticia”.

Según Breton, la reina habría explicado al rey que el caballero d’Eon en realidad era una mujer vestida como hombre, recordando cuando, en su época como espía en Rusia, trabajó como “lectora” de la emperatriz Isabel. Jorge III, profundamente enojado, escribió una carta al rey de Francia para informarle del fraude. Madame Du Barry, favorita de Luis XV, convenció al rey de apoyar a la reina Carlota “porque pensaba que era preciso defender a los amantes”, dijo d’Eon. “A fin de convencer mejor al rey Jorge III, Luis XV tuvo la atención fraternal de enviarle el expediente de una antigua indagatoria efectuada por el duque de Praslin, respecto a mi sexo, que había tenido el honor de interesar a este ministro”.

Luis XV, contó el caballero, “reunió las cartas y despachos ministeriales o particulares que me había dirigido o que yo había redactado de mi puño y letra durante mi carrera femenina en San Petersburgo, añadiendo unas notas de la emperatriz dirigidas a su lectora íntima”. Tan pronto como Jorge III leyó la carta, se apresuró a contarla a toda su corte y la noticia, al cabo de unos días, ya era comentada en todo Londres. Los ingleses incluso comenzaron a hacer apuestas sobre este curioso personaje y la sexualidad del noble se convirtió en un negocio bursatil.

D’Eon, terriblemente avergonzado, protestó y retó a duelo a los hombres que se burlaron de él, actitud que despertó grandes dudas en Jorge III. Cuando el rey de Inglaterra, sintiéndose confundido y engañado por el rey francés, amenazó con romper relaciones con Francia, según escribió Frèderic Gaillardet en el siglo XIX, para el gobierno francés resultó “indispensable que a partir de entonces el caballero d’Eon pasase real y seriamente por mujer. Entonces, decidieron dirigirse directamente al condenado, notificándole la imposibilidad de continuar en su sexo, significándose la nueva modificación que la necesidad y la voz de su soberano le imponían”.

Se le informó a d’Eon que, por decisión del rey, a partir de entonces debía comportarse y vestirse como una mujer el resto de su vida. “No puedo consentir en vestir las ropas de un sexo extraño, que tuve que llevar en mi juventud en obediencia al rey, ni que sea por cierto tiempo”, lamentó el caballero. “Hoy en día, adoptar este disfraz para siempre, y hasta momentáneamente, estaría más allá de mis fuerzas y la sola idea me amedrenta hasta tal punto que nada vencerá mi repugnancia”, escribió.

En su última y desestimada súplica, d’Eon prometió al rey “guardar silencio sobre mi sexo. Nunca negaré, incluso confesaré, si es preciso, que pertenezco al sexo femenino. Pedir más sería una tiranía y una crueldad a las que no puedo someterme”. Los ruegos del caballero no fueron escuchados. La muerte de Luis XV alivió al caballero del peso de tener que cumplir la condena, pero sabiendo que el rey de Inglaterra hacía sufrir un verdadero infierno a su esposa, aceptó finalmente vestirse como una mujer a cambio de una pensión vitalicia.

“Si me decido adoptar las ropas femeninas, quiero pasar desapercibido realmente por la gente ignorante”, advirtió el caballero. “Vestiré un vestido de luto y no de fiesta. Estoy dispuesto a someterme a la desgracia, pero no al ridículo. Si el público llegase a sospechar que voy disfrazado, me convertiría en el hazmerreír, en un espantapájaros”. Como segunda condición, d’Eon impuso que los agentes de la diplomacia francesa “crean que pertenezco al género femenino o que al menos ignoren que soy un hombre”.

Así, el joven caballero se convirtió en una mujer tierna, discreta, pudorosa y coqueta a los ojos de todos en la corte inglesa, pero su sacrificio para salvar el honor de su amante lo afigió tanto que estuvo enfermo durante un mes. Su estadía en Londres fue corta, pero difícil, especialmente al tener que sortear a los galanes que, enamorados de “ella”, hacían fila para pedirle matrimonio o tocar bajo sus faldas. Los ingleses, fervientes apostadores, lo acosaban en la corte y en las calles para suplicarle que mostrara sus genitales.

Harto de la situación, regresó finalmente a Francia para retirarse de la vida social pero aún cumpliendo la orden de vestir como mujer. Para agradecerle su obediencia, la reina María Antonieta le regaló un abanico y un finísimo ajuar realizado por la mejor costurera de París. Renegando de su pasado, el caballero d’Éon aprendió a cocinar, a bordar, a hacer tapicería, a peinarse y maquillarse. Tras haber sido un hombre durante 47 años, vivió otros 30 años más como una verdadera mujer, pero un examen post mortem revelaría que d’Éon, de quien muchos creen que era intersexual, reveló en 1810 que el aristócrata tenía órganos masculinos “en todos los aspectos perfectamente formados” pero con “el pecho notablemente relleno”.

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