Entronización del Emperador Naruhito

Seda, laca y atuendos ancestrales de la entronización del emperador de Japón

El “kōrozen no go-hō” del emperador y el “junihitoe” de la emperatriz son prendas pesadas que sólo se usan durante rituales y bodas imperiales.

Convertido en mayo en emperador de Japón tras la abdicación de su padre Akihito, este 22 de octubre Naruhito proclamó oficialmente este martes su ascensión al trono del Crisantemo. Estos son los principales atuendos de esta ceremonia ritual que sella la transición.

Naruhito utilizó el “ryūei”, un tocado exclusivo de su dignidad con una característica pantalla estrecha y larga extendida hacia arriba, y vistió un sokutai llamado “kōrozen no go-hō” teñido en marrón rojizo con la semilla del árbol de haze. Este color representa, según la tradición, el cénit del sol en su recorrido por el cielo. Este traje lleva motivos de paulonias, bambú, y dos criaturas mitológicas: el fénix japonés o hōō y el kirin. En los pies, el emperador calzó unos enormes zapatos tipo zuecos llamados “sōkai”.

Bajo este abrigo, el soberano vistió varias prendas, en parte visibles. Durante la ceremonia, el soberano y los demás hombres aristocrátas sostienen un “shaku” o cetro, una tabla de madera estrecha. En el pasado los cortesanos ataban a él algo que les permitiese recordar la compleja secuencia de gestos que debían hacer. Este tablero también es un indicador del estado de concentración del que lo sostiene. “Si tienes la mente en otro lado, los demás se darán cuenta rápido porque el shaku se inclinará”, explica Tomitaro Hashimoto, profesor adjunto de la universidad de Reitaku. La pieza más importante del atuendo es el “kanmuri”, un sombrero negro con una base plana coronada por una cresta de 60 cm de altura.

Por su parte, la emperatriz Masako lució un jūnihitoe compuesto por 12 trajes superpuestos con un peso de 10 kilos, con múltiples capas que dejan entrever las mangas anchas y la parte inferior de una prenda roja con telas de distintas longitudes. La parte de arriba es de color verde y lila con dobladillos violetas. La emperatriz lució un peinado llamado “nihongami” que sigue la tradición de la Era Heian, cuando las mujeres de la nobleza nipona empezaron a dejarse crecer el pelo como símbolo de belleza. En la mano llevó un abanico llamado “hiōgi”.

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