Rumania

Rumania cierra heridas del pasado al repatriar los restos de la última reina madre

FOTOS & VIDEOS. La pequeña ciudad de Curtea de Argeş, necrópolis real, albergará a partir de ahora los restos de todos los reyes y reinas que tuvo el país balcánico.

D.S.

Los restos mortales de la reina madre Elena de Rumania, fallecida en 1982, llegaron hoy al aeropuerto internacional de Otopeni, en las afueras de Bucarest, para ser sepultados definitivamente en el mausoleo real de su país de adopción. El viaje de retorno fue en el avión militar “Spartan”, perteneciente a la Fuerza Aérea rumana. La princesa Margarita, jefa de la casa real rumana y nieta mayor de Elena, presidió las ceremonias en el antiguo palacio real y este sábado participará del entierro en la Nueva Catedral Episcopal de Curtea de Argeş, donde reposan restos de todos los reyes de Rumania.

Con la repatriación se cumplió el deseo del último rey de Rumania, Miguel I, quien pidió ser sepultado en la necrópolis de Curtea de Argeş junto a su madre. Elena, hija del rey Constantino I de Grecia, fue la segunda esposa de Carol II, de quien se divorció en 1925. Cuando su único hijo, Miguel, ascendió al trono en 1940, Elena fue proclamada “Reina Madre” pese a que, en teoría, nunca fue esposa de un rey. Tras la caída de la monarquía, a finales de 1947, la monarca acompañó a su hijo al exilio y en en su viaje por EEUU y Europa en el que denunció las atrocidades del régimen soviético en Rumania.

Durante el reinado de su hijo, Elena se distinguió por sus esfuerzos para salvar a miles de judíos rumanos que corrieron peligro de morir en campos de concentración nazis, lo que le valió un premio del Estado de Israel con el título honorífico de Justa de las Naciones en 1993. Después del golpe de estado comunista contra la monarquía rumana, Elena vivió en Florencia -Italia- y en la ciudad suiza de Lausana, donde murió en noviembre de 1982, a los 86 años. Elena, tía de la reina Sofía de España, fue sepultada en una modesta tumba del cementerio de Bois-de-Vaux a la espera de que, tras la caída del comunismo, la república rumana permitiera el retorno de sus restos mortales.

“La princesa Margarita deseó que, simbólicamente, el ataúd de la reina Elena fuera a la Curtea de Argeș en el Palacio Elisabeta, el lugar que, el 30 de diciembre de 1947, la reina madre y el rey Miguel se vieron obligados a abandonar”, informó la Casa Real en su sitio web. “Así se cerró un círculo de la historia, abierto dolorosamente hace 71 años cuando, el 30 de diciembre de 1947, la reina madre y el rey Miguel se vieron obligados a abandonar el palacio”.

La pequeña ciudad de Curtea fue elegida como necrópolis real tras la coronación del príncipe alemán Carlos de Hohenzollern-Sigmaringen como rey de Rumania (coronado con el nombre de Carol I) en 1861. Dentro de la espectacular iglesia hay cuatro tumbas: la de Carol I y su esposa, Elisabeta de Wied, la del rey Fernando I y la de su esposa, María, fallecida en 1938. En el año 2003, cincuenta años después de su fallecimiento, los restos de Carol II fueron colocados en una cripta del monasterio ubicada en el parque, ya que no había suficiente espacio dentro de la catedral, y en 2018 fueron sepultados definitivamente en el nuevo templo.

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