Francia

Versalles: quién era realmente el misterioso hombre detrás de la Máscara de Hierro

Pocos enigmas despertaron tanta pasión e interés en los últimos siglos como este importante prisionero del reinado de Luix XIV de Francia.

Probablemente todo el mundo haya oído hablar del Hombre de la Máscara de Hierro. Es posible que haya leído alguna novela de Alejandro Dumas, haya visto la película que protagonizó en 1998 Leonardo di Caprio, o más recientemente, la tercera temporada de la serie “Versalles” de Netflix. La cultura popular utilizó la historia del mítico preso de Luis XIV de Francia que fue ocultado durante décadas en diferentes cárceles francesas pero nadie jamás logró descubrir la identidad de ese misterioso hombre. Cada ciertos años, algún historiador afirma con bombos y platillos haber descubierto la identidad, pero aún después de ellos los franceses se siguen preguntando quién fue. Su figura constituye uno de los enigmas más grandes de todos los tiempos.

Fue Voltaire uno de los primeros que dieron fe de la existencia del preso, por escrito. Durante su paso por la cárcel de La Bastilla, algunos reos le hablaron de otro condenado que, aparentemente, había muerto en 1703. Como explicó más tarde en su obra “El siglo de Luis XIV”, se trataba de un joven presuntamente atractivo que fue capturado en la isla de Santa Margarita en 1661 y que fue obligado a ocultar su rostro desde entonces bajo una máscara de hierro. El filósofo fue el primero que sugirió la tan extendida teoría de que el preso no era otro que un hermano gemelo de Luis XIV, que había sido encerrado para evitar que disputase el trono a su hermano. Si, como sugiere Voltaire, el célebre preso murió a la edad aproximada de 60 años, tendría una edad semejante a la de Luis XIV, que nació en 1638 y falleció en 1715.

Una de las hipótesis más serias indica que el 5 de septiembre de 1661 Nicolás Fouquet, su ministro de finanzas, fue arrestado en Nantes por d’Artagnan, el comandante de los mosqueteros del rey, asistido por uno de sus hombres con el rango de sargento de caballería, Bénigne de Saint-Mars. Condenado por malversación de fondos, Fouquet fue enviado en 1664 a la prisión de Pignerol en el Piamonte, bajo la custodia de Saint-Mars. En 1669, un nuevo prisionero sin nombre fue llevado a Pignerol desde Dunkerque. Se le unió el deshonrado conde de Lauzun en 1671 y, en 1679, un diplomático italiano, conde Mattioli. Mientras tanto, el prisionero no identificado sirvió como ayuda de cámara a Fouquet, quien murió en 1680. Al año siguiente, cuando Saint-Mars fue trasladado a la prisión de exiliados, también en Piamonte, los prisioneros se trasladaron con él.

En 1687, Saint-Mars fue reasignado al fuerte de la prisión en la Isla Sainte-Marguerite, cerca de Cannes. Sus dos detenidos viajaron nuevamente con él con sus identidades ocultas a la vista, despertando la curiosidad de los pobladores de los lugares por donde pasaban. “Se envió con máximo secreto al castillo de la isla de San Margarita, a un prisionero desconocido, de estatura superior a lo común, joven y de la más bella y fina estampa”, escribió Voltaire. “Durante el viaje, el prisionero llevaba una máscara cuya mentonera tenía resortes de acero que le permitían comer con la máscara puesta”. Según la misma fuente, “se le alojó espléndidamente y no se le negaba nada. Tenía gusto por la ropa de una fineza extraordinaria y los encajes”.

Mattioli murió en 1694, dejando al misterioso detenido sin nombre solo bajo custodia. Cuando Saint-Mars se convirtió en gobernador de la Bastilla de París en 1698, el mismo prisionero lo acompañó, nuevamente escondido en un carruaje cerrado. Du Junca, el vicegobernador, observó que a su llegada estaba enmascarado y que su nombre “no debía ser pronunciado”. En 1703, Du Junca informó que el prisionero había muerto, que había usado una máscara de terciopelo y fue identificado como Marchiel, aunque en el registro de muertes se registró como Marchioli. Por esos años, a cuñada de Luis XIV, Isabel Carlota del Palatinado, duquesa de Orleáns, escribió en una carta que existía un preso muy bien tratado por la guardia que, no obstante, siempre estaba custodiado de dos mosqueteros que tenían la orden de acabar con su vida en caso de que alguien intentara quitarle de la máscara.

La leyenda del hombre de la Máscara de Hierro empezó a circular de inmediato en París, Francia y finalmente por toda Europa. Las hipótesis sobre su identidad incluyen enemigos y exfavoritos del rey Luis XIV, miembros de la familia real, varios caballeros ingleses, el propio Fouquet, un antigup paje negro de la reina María Teresa, el mismo d’Artagnan, el bisabuelo de Napoleón, un niño de doce años (que había golpeado al heredero del trono), el mencionado Mattioli (alias Marchioli), el dramaturgo Molière (encerrado por jesuitas por atacar a religiosos en Tartuffe), James de La Cloche (un hijo ilegítimo de Carlos II de Inglaterra), entre otros. Pero la hipótesis más difundida, y la favorita del público, consiste en que el misterioso prisionero era hermano gemelo de Luis XIV.

Fue Alejandro Dumas quien plasmó esa hipótesis en su obra “El vizconde de Bragelonne”. Ese hermano gemelo, que había nacido ocho horas después que Luis XIV, en 1638, era un obstáculo para el poder, porque sólo podía haber un rey. Según detalla Dumas, el niño, hijo de Luis XIII y Ana de Austria, fue ocultado el resto de su vida con una máscara de hierro en el rostro para que nadie pudiera reconocerlo. Otra de las hipótesis consiste en que el prisionero no era otro que un criado moro de la corte, llamado Nabo, que habría dejado embarazada a la esposa de Luis XIV, María Teresa de Austria. Según una historia muy difundida, la reina dio a luz a una niña negra, tras lo cual, al describirse la traición, la niña fue separada de la madre para siempre. En cuanto al criado negro, desapareció de la corte y nadie supo qué sucedió con él, por lo cual se convirtió en una de las soluciones tentativas del enigma.

Para el historiador inglés Roger McDonald, detrás de la máscara podría encontrarse el auténtico Charles de Batz-Castelmore, conocido como d’Artagnan, capitán de la guardia de mosqueteros del Rey Sol. Según la teoría expuesta en ‘La máscara de hierro. La verdadera historia de D’Artagnan y los tres mosqueteros’ (2006), el mosquetero no habría muerto en Maastrich en 1673, sino apresado y enviado a la prisión de Pignerol. McDonald asegura que “Las memorias de D’Artagnan”, escritas por Gatien de Courtliz de Sandras, son una buena fuente porque su autor compartió cautiverio en la Bastilla con el verdadero D’Artagnan. Diez años después de McDonald, el profesor e historiador Paul Sonnino, de la Universidad de Santa Barbara, aseguró en el libro ‘La búsqueda del Hombre de la Máscara de Hierro: Una historia de detectives’ que el misterioso personaje era efecticamente el gemelo del rey.

Según Sonnino, Eustache Dauger era el nombre del verdadero personaje que, al contrario de lo que se pensaba, para ocultar su identidad vestía una máscara de terciopelo y no de hierro. Dauger se había desempeñado como el ayudante del cardenal Jules Mazarino, jefe de ministros del rey Luis XIV, que acumuló una gran fortuna y no siempre de la manera más honesta. Eustache fue arrestado pocos años después de que su amo se hiciera con un dinero perteneciente a la familia real inglesa: “Dauger debió haber hablado de más en un momento inoportuno. Cuando fue arrestado, se le informó que si revelaba su identidad sería ejecutado de inmediato”, aseguró el historiador. Encarcelado en 1681 en Pignerol y trasladado a la Bastilla en septiembre de 1698, murió el 19 de noviembre de 1703 a los 45 años de edad y fue enterrado en el cementerio de Saint-Paul de París. Su lápida fue grabada con el nombre de Marchioli, según Sonnino.

Para el historiador francés Stéphane Bern, sin embargo, “Dauger era solo un criado, un hombre de muy baja extracción y condición”. Según su investigación, “estaba en posesión de un secreto de Estado: mientras servía como emisario de un intercambio de correspondencia confidencial, se enteró en 1669 que el rey Carlos II de Inglaterra, cuñado y aliado de Luis XIV, pensaba convertirse al catolicismo y contaba con el respaldo del rey de Francia a cambio de su apoyo militar contra Holanda”. “Sin duda era un secreto diplomático relevante, pero su importancia disminuyó con el paso de los años”, escribe Bern, “de modo que en 1781 Eustache Danger ya no era de ninguna manera el prisionero más importante del reino”. Visto de este modo, queda derrotada la hipótesis de que fuera un miembro de la familia real de Francia.

Pero hay más. Según coinciden varios estudiosos, en 1687 el carcelero Saint-Mars llevó consigo a Danger en una impresionante puesta en escena que alimentaría su prestigio como justiciero. “Sin haber recibido ninguna orden en ese sentido de parte de Louvois, secretario de Estado de Guerra y su superior jerárquico, Saint-Mars inventó la márca de hierro y se la hizo llevar al prisionero”, relata Stéphane Bern. Pero a pesar de sus 34 años juntos, Saint-Mars no era amigo del Hombre de la Máscara de Hierro y unos documentos descubiertos en 2015 revelan que el carcelero desvió los fondos pagados por Luis XIV para el mantenimiento del prisionero a su propio bolsillo mientras la celda del prisionero solo contenía una estera para dormir.

“¿Por qué este accesorio teatral? Simplemente porque Saint-Mars era un hombre vanidoso, ávido de gloria y dinero. Cuando partieron sus dos principales prisioneros, Lauzun hacia la libertad y Fouquet hacia la eternidad, perdió definitivamente toda su importancia: el enigma creado por la Máscara de Hierro sirvió para convertirlo en un personaje importante, depositario del secreto del rey. A través del aura de peligro y misterio del prisionero enmascarado, pretendía que se lo siguiera considerando el carcelero de los grandes personajes, el hombre de los secretos del rey”.

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