Rumania

El cuerpo de la reina Elena de Rumania regresará a su tierra para ser sepultado junto a su hijo

Princesa griega que amargo destino, fue un personaje popular e influyente en su país de adopción. Murió en 1982 en Suiza, donde fue sepultada.

La casa real rumana informó que los restos de la reina Elena (1896-1982), madre del último rey de ese país, serán repatriados desde el Cementerio de Bois-de-Vaux, de Lausana (Suiza). El féretro de la monarca será recibido con honores en el cementerio de Otopeni, en Bucarest, el 18 de octubre, y sepultado al día siguiente en la Nueva Catedral Episcopal de Curtea de Argeş, donde reposan restos de todos los reyes de Rumania. La reina, quien murió en Suiza en 1982, fue la segunda esposa del rey Carol II y madre de Miguel I y recibirá inhumación en una tumba ubicada junto a la de su hijo fallecido en 2017. Según la prensa rumana, se trata del cumplimiento de un deseo personal del fallecido rey Miguel.

La pequeña ciudad de Curtea fue elegida como necrópolis real tras la coronación del príncipe alemán Carlos de Hohenzollern-Sigmaringen como rey de Rumania (coronado con el nombre de Carol I) en 1861. Dentro de la espectacular iglesia hay cuatro tumbas: la de Carol I y su esposa, Elisabeta de Wied, la del rey Fernando I y la de su esposa, María, fallecida en 1938. En el año 2003, cincuenta años después de su fallecimiento, los restos del rey Carol II (1893-1952) fueron colocados en una cripta del monasterio ubicada en el parque, ya que no había suficiente espacio dentro de la catedral, y en 2018 fueron sepultados definitivamente en el nuevo templo.

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En 2009, la familia real rumana solicitó a la Arquidiócesis de Curtea de Arges construir un nuevo recinto que pudiera albergar la tumba del rey Miguel y su esposa en la entrada al monasterio. El edificio recientemente terminado tiene 36 metros de ancho y su torre central tiene una altura de 21 metros. En su entrada se encuentra la Necrópolis Real, con espacio para doce tumbas reales, donde pronto será enterrada la reina Elena. Los funerales, que tendrán carácter nacional, servirán para poner de relieve la historia de Elena, trascendental en el período entre las dos guerras mundiales, pero escasamente conocida entre los rumanos de hoy.

Elena murió en Suiza en 1982 y fue sepultada en el Cementerio de Bois-de-Vaux, de Lausana

Definida por su único hijo como “una mujer maravillosa… con una sólida moral… un ser muy dulce, muy amoroso”, la princesa Elena de Grecia nació en Atenas en 1896, durante el reinado de su abuelo el rey Jorge I (1845-1913), que había fundado la nueva dinastía griega. Sus padres fueron el rey Constantino I y la princesa Sofía de Prusia. A través de su madre, Elena era descendiente de la reina Victoria de Inglaterra y sobrina del káiser Guillermo II de Alemania, mediante su hermano Pablo, tía de la reina Sofía de España.

El asesinato de su abuelo el rey y el primer derrocamiento de su padre, cuando Elena tenía 21 años, pusieron fin a la felicidad y armonía de la que gozaba la familia real griega. A esta tragedia se sumó en 1921 la muerte de Alejandro, hermano de Elena, que había quedado en Grecia como “títere” del dictador Elefterios Venizelos. La vida posterior de Elena, como princesa heredera de Rumania no fue más feliz. Por el contrario, separada de su único hijo durante muchos años por decisión de su marido (del que se divorció en 1982), Elena fue condenada al exilio y sólo regresó al país cuando Miguel ya era mayor de edad. Aunque como exesposa de Carol II nunca fue reina consorte, Elena recibió el título de Reina Madre.

Su tragedia había comenzado en 1920 su madre y la reina María de Rumania, ambas nietas de la reina Victoria, concertaron unas vacaciones familiares con el fin de que Carol, el heredero de la corona, sentara cabeza definitivamente uniéndose en matrimonio con Elena, cosa que se concretó a principios de 1921. Carol, sin embargo, era la antítesis de la princesa griega. De los cuatro reyes que se sentaron en el trono real de Rumania, indudablemente el menos popular fue él: muchos lo acusan de responsable de la desintegración de la monarquía al inicio de la Segunda Guerra Mundial, mientras que otros lo rememoran como el desalmado hijo que le negó atención médica a su madre moribunda.

A pesar de las historias amorosas, que le costaron el trono varias veces, la carga más pesada de la vida de Carol fue el haber sido acusado de corrupto, libidinoso y con una obsesión desmedida por el sexo. Durante el primer reinado del rey Miguel (de 1927 a 1930), Elena se divorció de Carol, que se encontraba exiliado, pero cuando aquel regresó del extranjero y usurpó la corona a su hijo, Elena perdió el control legal sobre el destino de Miguel y Carol la sometió a una campaña de difamación y maltrato que escandalizó a Europa. Finalmente, en 1932 la princesa Elena prefirió abandonar Rumania a condición de ver a su hijo durante 2 meses por año. Pasó los siguientes años viviendo con su hermana en Villa Sparta en Florencia. Con la abdicación de Carol II, el mariscal Ion Antonescu le pidió que regresara al país, y Elena regresó en septiembre de 1940, cuando recibió el título de Reina Madre y el tratamiento de Majestad.

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