Obituarios

Obituario: Christina, la princesa que protagonizó sin saberlo una crisis en la corte holandesa (1947-2019)

La hija menor de la reina Juliana nació ciega y la desesperación de su madre por encontrar una cura la llevó a recurrir a una oscura curandera.

La princesa Christina de los Países Bajos, quien murió de cáncer de huesos a los 72 años, fue la más joven y probablemente la menos conocida de las cuatro hijas de la reina Juliana de los Países Bajos, que reinó desde 1948 hasta su abdicación en 1980, y su esposo alemán, el príncipe Bernardo de Lippe-Biesterfeld. Sin embargo, siendo todavía una niña pequeña, también fue, indirectamente, la causa de una crisis doméstica que supuestamente amenazó el matrimonio de sus padres, dividió a la corte holandesa y llenó los titulares internacionales durante dos meses en 1956.

Christina nació el 18 de febrero de 1947 en el Palacio Soestdijk, la casa de sus padres en Baarn, en la provincia de Utrecht. Fue conocida por su primer nombre, Marijke, hasta 1963, cuando comenzó a usar su segundo nombre, Christina, porque creía que era un nombre más acorde a su edad. En el momento de su nacimiento, su madre, la futura reina Juliana, era la presunta heredera de su madre, la reina Guillermina, quien había reinado durante las dos guerras mundiales y aumentado la popularidad de la Casa de Orange a límites históricos.

La princesa fue bautizada el 9 de octubre de 1947, y la lista de padrinos incluyó a la reina Guillermina, primer ministro británico Winston Churchill, quien había recibido en Gran Bretaña a la familia real durante la invasión nazi, su hermana mayor la princesa Beatriz, su abuela paterna la princesa Armgard de Lippe, el príncipe Félix de Luxemburgo y la princesa Ana de Bourbon-Parma. Un año y medio después de su nacimiento, la reina Gullermina abdicó y la princesa Juliana fue entronizada como Reina de los Países Bajos en una ceremonia histórica.

Durante su cuarto embarazo, Juliana había contraído sarampión. Como resultado, Christina había nacido casi ciega, y una operación solo pudo darle una vista mínima. En 1948, el príncipe Bernhard obtuvo los servicios de un sanadora y espiritista llamada Greet Hofmans con la esperanza de que ella pudiera curar a su hija menor. Durante los siguientes ocho años, Hofmans desarrolló una gran influencia en la reina, profundamente religiosa, alegando ideas pacifistas, obteniendo puestos influyentes en el palacio para sus amigos e intentando interferir en los asuntos del gobierno. Ciertamente, su influencia fue tal que convenció a la reina Juliana para que se mudara de sus habitaciones privadas “porque las ondas terrestres no estaban bien”.

Por una larga temporada, Greet Hofmans residió en el Palacio de Soestdijk, pero con el tiempo la corte se dividió en dos campos: la reina Juliana y otros admiradores de la curadera por un lado, y por otro príncipe Bernhard, que ya no confiaba en las intenciones de Hofmans, sus partidarios y las princesas Beatriz e Irene, sus hijas mayores. Finalmente, lograron que Hofmans abandonara sus habitaciones del palacio, mudándose a una caravana en un parque cercano, pero continuó viendo a la reina y a su joven paciente hasta que finalmente se extralimitó al tratar de ganar un indulto para un criminal de guerra sentenciado a muerte.

El 13 de junio de 1956 la revista alemana Der Spiegel publicó un artículo sobre la influencia que Greet Hofmans ejercía en Juliana, subtitulado “Entre la reina y Rasputín”, supuestamente basado en declaraciones exclusivas realizadas por el príncipe Bernhard. El artículo hizo eco en la prensa holandesa, que, hasta entonces, por instrucciones del gobierno, había guardado silencio sobre estos acontecimientos, llevando a los diarios a comentar el asunto por primera vez. Las primeras planas se llenaron de rumores de que la reina estaba contemplando la abdicación.

El gobierno designó un comité de tres estadistas experimentados para discutir el asunto con la reina Juliana, y posteriormente, siguiendo su consejo, ella rompió todas las relaciones con Greet Hofmans, y firmó, junto al príncipe Bernardo, una declaración conjunta declarando que habían aceptado completamente el consejo del comité antes de volar a Grecia para pasar unas vacaciones. Aunque con la reputación dañada, Juliana se sintió confortada porque las sesiones espiritistas de Greet Hofman habían dado sus frutos: a los 9 años, la princesa Christina había recuperado bastante de su visión hasta el punto de poder andar en bicicleta en la calle.

Niña brillante y feliz, desde el principio, la princesa Christina desarrolló un talento considerable para la música y para los idiomas. Hablaba francés con fluidez, deleitando al presidente francés René Coty cuando visitó los Países Bajos en 1954. También era notablemente independiente. Un contemporáneo recordó que, yendo en bicicleta a la escuela desde el palacio real en Soestdijk, a la joven princesa le encantaba dejar atrás al guardaespaldas que se suponía que debía escoltarla por el bosque. A los 16 años se mudó a una nueva escuela de su elección y abandonó el palacio para compartir un piso con un amigo, una libertad envidiada por sus hermanas mayores.

Después de obtener un título de profesora en la Universidad de Groningen, Holanda, Christina se fue a Canadá a la edad de 21 años para estudiar piano y cantar a un nivel profesional en Montreal; Entonces fue descrita como dueña de una voz soprano “agradable”. Se mudó a la Universidad McGill en la misma ciudad y terminó en Nueva York trabajando como profesora de música en una escuela Montessori. Mientras vivía allí, bajo el seudónimo de Christina van Oranje, conoció y comenzó una relación con un cubano llamado Jorge Guillermo, un trabajador social y católico romano, que había escapado de la dictadura comunista de Fidel Castro.

La reina Juliana y la corte holandesa, que profesan la fe protestante, ya habían resistido un escándalo en 1964 cuando la hermana mayor de Christina, la princesa Irene, se casó con el príncipe católico Carlos Hugo de Borbón-Parma. Christina recibió la notificación de que tanto sus padres como la corte, el primer ministro y el gobierno desaprobarían su relación. Como resultado, Christina renunció a sus derechos sobre el trono holandés antes de anunciar su compromiso. Sin levantar ninguna tormenta mediática, la pareja se casó en junio de 1975, primero en una ceremonia civil en Baarn y luego en una ceremonia ecuménica en la Catedral de San Martín en Utrecht,.

La pareja tuvo dos hijos (Bernardo y Nicolás) y una hija (Juliana), y después de su matrimonio vivieron en Nueva York antes de mudarse a Holanda, donde la familia real consiguió a Jorge un con KLM, la aerolínea holandesa. En esos años se instalaron en un ala del palacio real mientras construyeron una nueva y suntuosa casa, Villa Eikenhorst, en el parque real de Wassenaar. Allí la pareja vivió con estilo y reunió una extensa colección de arte, viajando por el mundo para comprar pinturas, dibujos, bronces, cerámicas y objetos de arte para amueblar su nueva morada. En 1992, la princesa Christina se convirtió al catolicismo romano, pero finalmente el matrimonio se rompió.

Después de su divorcio, en 1996, la princesa Christina puso su colección de arte a subasta en la casa Sotheby. Sorprendentemente, la estrella de la venta fue una pintura de Marte cortejando a Venus, realizada por el holandés Cornelis van Haarlem. Posteriormente, la princesa Christina regresó con sus hijos a vivir a los Estados Unidos. Su consuelo siempre fue la música. Como cantante y pianista, dio muchos conciertos privados, y algunos públicos, grabó varios CD y cantó en eventos familiares, incluidos los funerales de sus padres. También fundó una fundación musical y presidió el Concurso Princess Christina, un concurso musical para jóvenes. Después de la muerte de su madre en 2004, la princesa vivió en Londres y pasó temporadas Monte Argentario, Italia.

La princesa Marijke Christina de los Países Bajos, nacida el 18 de febrero de 1947, fue la cuarta hija de la reina Juliana; murió el 16 de agosto de 2019.

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