Bicentenario de la reina Victoria

El Palacio de Buckingham homenajea a la reina Victoria, la monarca que le dio vida

La exposición de verano se titula The Queen’s Palace, que homenajea a la reina por el bicentenario de su nacimiento.

El Palacio de Buckingham, que durante el reinado de Victoria se convirtió en un símbolo inequívoco de la monarquía británica, conmemora los 200 años del nacimiento de esa monarca con una una gran exposición. Se trata de “Queen Victoria’s Palace” (El Palacio de la Reina Victoria”), una muestra que “celebra” toda la labor que hizo la soberana en la edificación, según aseguró la comisaria, Amanda Foreman, que explicó que uno de los grandes logros de Victoria fue la “creación de un sentimiento de unidad nacional” y, para ello, utilizó el Palacio de Buckignham, vivienda a la que se trasladó a las tres semanas de proclamarse reina en 1837.

“Ella rediseñó y transformó este edificio y lo convirtió en un lugar donde el público podía ir y visitarlo, ir a fiestas, a bailes…”, señaló la experta. La muestra, repartida por tres salas del vasto recinto, recoge objetos, trajes, instrumentos y obras de arte que van desentrañando el paso por el lugar de la segunda soberana más longeva de Inglaterra, solo por detrás de su bisnieta la reina Isabel II. La reina Victoria fue la primera monarca británica que hizo del palacio de Buckingham su residencia oficial y lo convirtió, no solo en un emblema monárquico, sino en un cálido hogar familiar donde crió a sus nueve hijos.

Pero el legado de esta reina va mucho más allá de lo meramente tangible. Victoria “utilizó su identidad para crear un nuevo lenguaje de soberanía y poder, uno basado en la familia, la responsabilidad, la lealtad, el servicio público, el patriotismo… y no en la militarización y la fuerza”, indicó Foreman. “Hoy en día, cuando pensamos en lo que hace un rey o una reina es lo que Victoria inventó, es su lenguaje de poder que se ha convertido en universal”, sentenció. Sin embargo, para la experta, la reina Victoria sigue siendo una “incomprendida” porque muchas veces se la representa como “una caricatura de sí misma, una mujer triste, siempre vestida de negro que nunca sonríe”.

Y, aunque es cierto que fue una persona “triste” porque enviudó muy joven de su amado el príncipe Alberto con nueve hijos, “eso no le frenó de hacer cosas, por eso esta es una exposición sobre las cosas que sí hizo”, manifestó. Una de ellas fue el salón de baile que, para la ocasión, ha sido equipado con un proyector digital que muestra a una serie de hologramas que bailan al son de la música de la época para enseñar cómo era uno de los habituales eventos. En la exposición, que abrió sus puertas desde el 20 de julio hasta el próximo 29 de septiembre, también puede verse un comedor con la mesa puesta tal y como hubiera lucido en aquellos tiempos.

“Desde que la reina Victoria llegó al poder, lo que ha pasado con el palacio de Buckingham es que la tradición de apertura, inclusión y traer a la nación a este lugar se ha hecho más y más fuerte”, enfatizó Foreman. En un mundo en el que “demasiado a menudo” se devalúa lo que hacen las mujeres, no hay duda que esta es “una exposición feminista” para celebrar todo lo que hizo una mujer por la monarquía británica, agregó. Foreman reconoció que no se puede calificar a la reina Victoria como una feminista porque sería algo “anacrónico”, dado que este es un término que no se utilizaba por aquel entonces.

Victoria, tatarabuela de la actual reina Isabel II y una de las monarcas más poderosas de su tiempo, nació el 24 de mayo de 1819 en el palacio de Kensington y convirtió Buckingham en la sede oficial de la monarquía.La joven reina se mudó al palacio en 1837 cuando solo tenía 18 años. “Apenas tres semanas después de su reinado, se mudó al Palacio de Buckingham, a pesar de que el edificio estaba incompleto y muchas de las habitaciones estaban sin decorar y sin amueblar”, explica la Royal Collection Trust, encargada de gestionar el patrimonio cultural de la corona británica.

“El palacio había estado vacío durante siete años después de la muerte del tío de Victoria, Jorge IV, quien había encargado a gran costo la conversión de la Casa de Buckingham en un Palacio a los diseños de John Nash. El rey nunca ocupó el palacio, y su sucesor, Guillermo IV, prefirió vivir en Clarence House durante su breve reinado. Los ministros de la Reina le aconsejaron que se quedara en el Palacio de Kensington, su hogar de la infancia, hasta que el Palacio de Buckingham pudiera alcanzar un nivel adecuado, pero Victoria quería mudarse de inmediato y comenzar su nueva vida”.

Victoria se casó con su primo hermano, el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo y Gotha, el 10 de febrero de 1840. Durante los siguientes 17 años, tuvieron nueve hijos, ocho de los cuales nacieron en Buckingham. Ya en 1845 estaba claro que el palacio ya no era lo suficientemente grande como para dar cabida a la familia en rápida expansión de la pareja real. El escritor John Ruskin había presenciado los problemas con las otras habitaciones del Palacio para el entretenimiento, describiendo una ocasión en la Corte como “el amontonamiento más incómodo”.

El 10 de febrero de ese año, Victoria escribió una carta al Primer Ministro, Sir Robert Peel, sobre “la urgente necesidad de hacer algo en el Palacio de Buckingham” y “la falta total de alojamiento para nuestra pequeña familia en crecimiento”. El 13 de agosto de 1846, el Parlamento otorgó a Victoria £ 20,000 para completar y extender Buckingham y se recaudaron fondos adicionales de la venta del retiro costero de Jorge IV, el Royal Pavilion, a Brighton Corporation por £ 50,000.

Victoria y Alberto transformaron su hogar en un lugar para el entretenimiento y los asuntos oficiales. El Ala Este, conocido hoy por su famoso balcón, se agregó al frente, encerrando lo que anteriormente había sido un patio abierto. También se agregó un nuevo salón de baile a las Salas del Estado, que sirvió como un espacio para que la reina albergara una serie de bailes oficiales. Durante su tiempo juntos en Buckingham, el matrimonio celebró tres magníficas bailes de disfraces “temáticas”. Estas ocasiones fueron tanto celebraciones de la historia británica como un escaparate para la industria textil del país, ya que se alentó a los invitados a encargar trajes elaborados para dar trabajo a los tejedores de seda de Spitalfield, cuyo negocio estaba en fuerte declive.

El famoso “Stuart Ball” (Baile Estuardo) del 13 de julio de 1851 tuvo como tema el período de Restauración, con invitados vestidos al estilo de la corte de Carlos II, del siglo XVII. El vestido utilizado por la reina Victoria para este baile se incluye en la muestra junto con un esbozo del diario de la monarca que muestra a ella y al Príncipe Consorte vistiendo sus disfraces. En mayo de 1856, se inauguró el salón de baile, seguido poco después por un baile para marcar el final de la Guerra de Crimea y para honrar a los soldados que regresaban: “Alberto, incluso, a quien en general no le gustan los bailes de Estado, lo disfrutó y podría haberme quedado hasta las 4, estoy seguro”, escribió la reina en su diario.

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