Inglaterra

Así era la corona con la que Enrique VIII de Inglaterra fue coronado hace 510 años

El 24 de junio de 1509, exactamente hace 510 años, Enrique VIII fue coronado como Rey de Inglaterra en la abadía de Westminster.

La magnífica ceremonia para el segundo monarca de la Casa de Tudor contó con la presencia de una corona confeccionada especialmente para Enrique VII, que sufrió varias modificaciones y sirvió, en las siguientes décadas, para las coronaciones de Eduardo VI, María I e Isabel I, los tres hijos de Enrique que le sucedieron en el trono. A partir de 1603, la corona reposó sobre las cabezas de los dos primeros reyes Estuardo: Jacobo I y Carlos I. En 1649, después de que Carlos I fuera decapitado, está joya, junto con todas las demás regalías de la realeza, fue despojada de sus gemas, para ser vendidas en pequeños lotes.

Su carcasa fue fundida para convertirla en monedas de oro, por orden del gobierno de Oliver Cromwell. Lo único que se salvó de la destrucción revolucionaria, fue la “cuchara” ceremonial en oro del siglo XII, que servía para ungir al monarca durante la coronación. La corona fue mencionada por vez primera en un inventario real en 1521, que detallaba desde las sábanas rotas del rey hasta la corona con sus 344 gemas incrustadas, incluidas las “9 perlas de distintos tamaños y 3 zafiros”. El joven Enrique VIII recibió la corona en una ceremonia en la que también se coronó a la primera de sus seis esposas, Catalina de Aragón. Actualmente, los expertos del Palacio de Hampton Court, que fue una de las principales residencias de la casa de Tudor, hizo una réplica de la corona para ser expuesta al público.

Muy alto y admirablemente proporcionado según los estándares de la época, Enrique VIII impresionó a todos con sus habilidades como jinete cuando se dirigía desde la Torre de Londres a Westminster. Según las crónicas, el rey vestía un manto de terciopelo carmesí, forrado de armiñoy ropa bordada en oro y piedras preciosas. “Era joven y robusto”, escribió un visitante extranjero presente en la coronación, “dispuesto a lograr cuanto significara alegría y placer, y a seguir sus apetitos y deseos”. Sobre una espléndida litera era llevada la reina Catalina, “grata a la vista” según un testigo, recatada y modesta en un traje de raso blanco.

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