Newsroom

El teatro de Fontainebleau, ‘capricho imperial’ de Napoleón III, resurge en todo su esplendor

A pesar de su belleza ornamentada, el teatro casi nunca se utilizó para su propósito original, con solo una docena de representaciones entre 1857 y 1868.

Darío Silva D’Andrea

El teatro del emperador Napoleón III de Francia en el Castillo de Fontainebleau, cerca de París, preciosa joya y símbolo del refinamiento burgués del Segundo Imperio, reabrirá de manera idéntica después de 140 años de olvido y 12 años de trabajos de restauración. Y todo gracias a un cheque de 10 millones de euros que donó el emir de Abu Dhabi, Khalifa bin Zayed Al-Nahyan. Maravillado ante el espectáculo de este teatro abandonado, el presidente de los Emiratos Árabes Unidos firmó en 2007 un cheque frente y lo entregó al ministerio de Cultura. “No hay civilización sin arte“, dijo el jeque Abdullah bin Zayed Al Nahyan, ministro de Relaciones Exteriores de los Emiratos. Sedas, alfombras de flores, adornos de cartón pintados o dorados, candelabros y lámparas, cortinas: todo en este teatro e incluso en los tocadores, escaleras, vestíbulos que lo rodean, remonta a la época del esplendor imperial.

Clickea sobre las imágenes para ampliarlas

Pero a pesar de su ornamentada belleza, el teatro casi nunca se utilizó para su propósito original, con solo quince representaciones entre 1857 y 1868, a las que asistían alrededor de 400 cortesanos. Después de la derrota, su captura en la guerra franco-prusiana en 1870 y la declaración de la Tercera República de Francia, el teatro quedó prácticamente en el olvido. “Si bien se había olvidado, el teatro estaba en un estado casi perfecto”, dijo el jefe del castillo, Jean-Francois Hebert. Nacido en el siglo XIV, Fontainebleau, residencia real durante más de ocho siglos, es un laberinto de pasillos y habitaciones donde los soberanos franceses dejaron su huella. Sea en la Gran galería de Francisco I o el jardín rediseñado por Le Nôtre por orden de Luis XIV, “todo el mundo ha dejado aquí su sello“, dijo Angeline Hervy, oficial de comunicaciones del castillo.

Originalmente, el teatro de Fontainebleau fue un mero “capricho imperial”, resumió el comisionado del castillo, Vincent Cochet. Capricho si consideramos el nivel de lujo en los revestimientos, muebles, candelabros y objetos, incluido el uso de la seda que le da un efecto suave. Siguiendo los deseos de la emperatriz Eugenia, este teatro fue creado desde cero con velocidad, con obreros, diseñadores, arquitectos y artesanos trabajando día y noche. Pero tras la caída del Imperio pocos volvieron a mencionar la existencia de este teatro, cuyas puertas permanecieron cerradas durante varias décadas. “Este lugar nunca había sido modernizado. Tratamos de no cambiar nada con esta restauración”, explica Cochet. “Cuando estemos adentro podremos ver lo que Napoleón III y Eugenia vieron”. El emperador no olvidó firmar su obra: a cada lado del escenario, se tallaron dos “N” doradas con su efigie.

Clickea sobre las imágenes para ampliarlas

“El arquitecto, Henri Lefuel, tuvo que lidiar con un espacio estrecho e imponentes áticos. De ahí la forma ovalada para dar una impresión de profundidad “, explica Angeline Hervy. La restauración del teatro imperial tiene por objetivo ofrecer espectáculos breves o recitales de manera excepcional, así como exposiciones culturales, pero con medidas de seguridad, incluida la ignifugación, muy estrictas y modernas, como analizadores de aire “que detectan el menor rastro de humo sospechoso, un sistema de nebulización, ventilación ultramoderna”.

Patrick Ponsot, arquitecto jefe de los monumentos históricos de Francia, indicó que las paredes, los terrenos, las bóvedas estaban llenas de humedad, hongos y plomo (debido a la humedad intensa en el sitio del castillo) y había manchas y grietas por todas partes. Todo esto ya fue corregido. El 80% de los materiales originales fueron preservados delicadamente. Las alfombras y tapices dañados se restauraron de forma idéntica. Los escenarios se conservaron tanto como fue posible y la araña central en bronce cincelado y adornos de cristal (3 metros de alto, 2,50 de diámetro) que se había derrumbado, se restauró en todo su esplendor original. Pantallas, cables, ascensores: todas las cosas que habrían sido necesarias si uno hubiera querido hacer un teatro de hoy, fueron prohibidas.

Anuncios