Francia

Espejito, espejito…’: Usando la cristalomancia, la Reina de Francia contempló un futuro horrible para su dinastía

Cosimo Ruggieri ejercía como astrólogo personal de la poderosa reina madre, Catalina de Médicis, y la ayudaba a tomar sus decisiones gubernamentales con espejos.

Catalina de Médicis (1519-1589) fue una princesa florentina, sobrina del papa Clemente VIII,que llegó a convertirse en una de las reinas más poderosas de Francia. de Francia, consumada aficionada de las pócimas mágicas, los oráculos y los afrodisíacos, se entregó con pasión a la astrología, llegando a encumbrar, con su apoyo,a una enorme corte de expertos en magias negras, adivinación y profecías. Uno de sus favoritos era Michel de Nostradamus, de quien la reina llegó a depender muchísimo después de que vaticinara la muerte trágica de su esposo, el rey Enrique II. Los astrólogos de Catalina adquirieron fama internacional y la reina se dedicó con gran atención al estudio de la medicina, los sueños, la astronomía, la astrología, las profecías y todo aquello que la ayudara a allanar el camino hacia el poder. Buscando conocer todos los secretos que le deparaba el futuro, Catalina no vacilaba, incluso, en utilizar las vísceras de los prisioneros condenados a muerte para leer el porvenir en ellas.

Algunos aseguran que Catalina inventó un talismán formado por una amalgama de oro y bronce, fundido y dorado al fuego, en donde aparecían grabadas una mujer y un hombre que personifican a Hagei, el poder de Venus, y Asmodei, rey de los demonios lujuriosos. Se dice que gracias a este amuleto, que llevaba a todas partes, Catalina logró engendrar a su tercer hijo, que fue el que más se hizo esperar. Otros rumores afirman que la reina llevaba siempre, en contacto con la piel de su estómago, un trozo de pergamino que, según sus enemigos, era la piel de un niño desollado y un talismán, hecho con sangre humana, que le permitía ver el futuro. Catalina era considerada una mujer muy refinada en muchos sentidos, y aparte de haber importado de Italia el tenedor, también había llevado la moda de los perfumes, por lo que varios reputados perfumistas viajaron a Francia y abrieron sus tiendas en París. Por entonces, la alquimia de los aromas estaba ligada a la de los venenos, y Catalina se dedicaba con pasión a ambas químicas por igual.

Se cuenta, además, que la habitación de esta reina florentina tenía dos entradas. De un lado, una puerta daba a la capilla, y del otro una puerta llevaba a la habitación de Cosimo Ruggieri, su astrólogo personal, que elaboraba horóscopos diarios para que Catalina, influyente reina madre, pudiera tomar sus decisiones gubernamentales. El astrólogo practicaba en ocasiones la cristalomancia, el arte de leer el futuro en los espejos, algo que fascinaba a Catalina. Una noche de 1559, Ruggieri le hizo ver a la reina un espejo presuntamente mágico, donde la reina vio aparecer, una después de otra, las figuras de sus hijos Francisco, Carlos y Enrique.

Primero apareció el reflejo del mayor, Francisco, el heredero al trono, que dio una vuelta por la habitación y desapareció; después apareció el príncipe Carlos, quien dio catorce vueltas, y finalmente apareció Enrique, quien dio quince vueltas. Según le explicó el astrólogo a la reina Catalina, cada vuelta correspondía a un año de reinado… después de ello, si sus hijos no tenían descendencia, la Casa de Valois llegaría a su fin. Tal y como se le anticipó el mágico espejo, los hijos de Catalina se sucedieron en el trono: el rey Francisco II reinó un año hasta su inesperada muerte, en 1560; el desequilibrado Carlos II, monstruoso y esquizofrénico, reinó catorce años hasta que murió de forma misteriosa, al parecer, envenenado accidentalmente por la propia Catalina. Finalmente Enrique III, quien gobernó durante 15 turbulentos años hasta su asesinato en 1589. Fue el último Valois que reinó en Francia.

Anuncios