Suecia

Segunda condena por el robo de las joyas funerarias de la monarquía sueca

Un tribunal sueco encontró que Martin Cannermo fue cómplice en el robo de dos coronas y un orbe utilizados en los funerales de Carlos IX y la reina Cristina.

D.S.

Un tribunal sueco condenó a un segundo hombre a tres años de prisión por el robo de joyas de la monarquía, valoradas en unos 7 millones de dólares, que estaban en una catedral al oeste de Estocolmo el año pasado. El tribunal distrital de Attunda dijo el martes que Martin Cannermo era culpable de complicidad en el robo de dos coronas y una orbe utilizadas en los funerales del rey Carlos IX y su consorte, la reina Cristina, del siglo XVII. Las coronas no formaron parte de las insignias de coronación, sino del atuendo funerario del rey y la reina. Es decir, fueron enterrados con estas joyas. El robo se produjo en julio de 2018 a plena luz del día, en torno a las 12.00, en la catedral de Strangnas, cerca de Estocolmo. Testigos consultados por los medios suecos aseguran que vieron a dos hombres salir corriendo del templo religioso hacia una lancha rápida con la que huyeron por el lago Malaren. Los ladrones se llevaron dos coronas del siglo XVII, las del rey Carlos IX y su esposa, Cristina de Holstein-Gottorp, y una cruz y un globo terráqueo de la misma época valorados. Las joyas aparecieron el 5 de febrero en un una bolsa de basura que estaba en el techo de un coche en Akersberga, norte de Estocolmo.

La Justicia sueca ya condenó en febrero a cuatro años y medio de cárcel a un hombre identificado como Nicklas Backstrom, de 22 años. En un primer momento, negó cualquier relación con el robo, pero terminó confesando después de que los investigadores encontraran su ADN en las joyas. El segundo sospechoso, Martin Cannermo, de 26 años, fue condenado una pena menor, tres años de cárcel, “porque se ha tenido en cuenta que ha sido sentenciado a varios años de prisión por otros delitos y porque ayudó a encontrar los objetos robados”, según informó el tribunal en un comunicado. Cannermo defendió su inocencia, si bien “la principal prueba en su contra es que su ADN estaba en los objetos robados”. Según él, tocó las joyas al entregarlas, pero los investigadores también le pueden relacionar con la lancha rápida usada en la fuga. Durante el juicio, Cannermo sostuvo que recibió las joyas de una persona anónima y las colocó ahí para que las encontraran.

EL BOTÍN. Las coronas de Carlos IX y Cristina no formaron parte de las insignias de coronación, sino del atuendo funerario del rey y la reina. Es decir, fueron enterrados con estas joyas. Sin embargo, hace unos años los cuerpos fueron exhumados y las coronas y el orbe fueron retirados de la tumba para ser expuestos en cajas de cristal como una atracción de la catedral. La tradición de sepultar a los reyes con valioras coronas funerarias -además de otras insignias, armaduras y joyas diseñadas especialmente con fines mortuorios- se inició en 1560 tras la muerte del rey Gustavo Vasa, aunque cayó en desuso. Desde el siglo XIX, las coronas que forman parte de la colección real son exhibidas sobre los féretros de los reyes y las reinas fallecidas. La última vez que sucedió esto fue en 1973, cuando la corona de la reina Luisa Ulrica reposó sobre el ataúd de Gustavo VI Adolfo.

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