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Delphine Boël no es la única: los reyes de los belgas fueron padres de muchos belgas

Desde 1831 se cuentan al menos 8 personas que aseguraron ser hijos de monarcas belgas, nacidos de amores fugaces extramatrimoniales.

Desde hace varios años, el rey Alberto II de Bélgica ha ocupado los titulares de la prensa mundial a causa de la disputa legal que mantiene contra él una de sus supuestas hijas ilegítimas. La justicia belga incluso condenó al exmonarca a realizarse una prueba de ADN para determinar si es el padre de la artista y aristócrata Delphine Boël. Sorprendente, pero no inusual: desde la fundación de la monarquía belga, hace casi 190 años, todos los reyes, excepto Balduino, ocultaron hijos extramatrimoniales alrededor del mundo. A lo largo de los años, algunos nombres nuevos podrían haberse agregado al árbol genealógico de la dinastía Sajonia-Coburgo-Gotha, o al menos eso sucedería si todas las salvajes historias y los rumores difundidos por la prensa a través de las décadas son ciertas: desde 1831 se cuentan al menos 8 personas que aseguraron ser hijos de monarcas belgas, nacidos de amores fugaces extramatrimoniales.

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ARCADIE CLARET FUE LA MADRE DE GEORGES Y ARTHUR, PRESUNTOS HIJOS DE LEOPOLDO I.

El primer rey belga, Leopoldo I, fue el primero en dar el mal ejemplo. El tío amado de la reina Victoria de Inglaterra engendró dos hijos con su amante, la joven Arcadie Claret, de 36 años, hija de un soldado. Una aventura que comenzó cuando aún era menor de edad.

Los hijos Georges y Arthur recibieron el nombre de “von Eppinghoven” en el momento de su nacimiento, y también fueron elevados a su nobleza por decisión del rey. Los dos vivieron juntos con su madre, que ocultó su relación con Leopoldo I, en una mansión especial cerca del palacio real. Sin embargo, algunos creen que Arcadie vivió vivió allí poco tiempo, porque Leopoldo habría necesitado el lugar para instalar a nuevas amantes.

Leopoldo II siguió el ejemplo de su predecesor. De todos los reyes, sus aventuras sexuales son, sin duda, las más difundidas. Entre otras cosas, tuvo un romance con Blanche Delacroix, una prostituta que tenía apenas 16 años cuando comenzó a compartir las sábanas con el viejo rey de 66 años, según relata el periodista Eigen Berichtgeving, del diario belga Het Laatste Nieuws.

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BLANCHE DELACROIX Y SUS HIJOS, LUCIEN Y PHILIPPE DURRIEUX.

Los dos se habrían conocido en la Exposición Universal de 1900 en París, tras lo cual Delacroix tuvo dos hijos de Leopoldo II: Lucien y Philippe Durrieux, llamados así por el proxeneta y el marido oficial de su madre. Al igual que su padre, Leopoldo II también cuidó de su familia extramatrimonial: sus hijos pronto fueron elevados a Duque de Tervuren y al Conde de Ravenstein, respectivamente, y su madre fue obsequiada con un castillo en el sur de Francia.

El historiador Bram Bombeek también mencionó en el pasado las aventuras parisinas de Leopoldo II, donde habría corrido detrás de conocidas damas de nobleza belga. Su presunta aventura con la bailarina y aristócrata Cléo de Merode le valió el apodo de “Rey Cléopold”. Y también en Londres se difundieron rumores sobre sus aventuras escandalosas: Leopoldo II aparece mencionado en el “escándalo de Jefferson”, en el que una prostituta de Londres lo habría ayudado con prostitutas menores de edad.

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Alberto I, sobrino y sucesor de Leopoldo II, fue apodado “Rey Caballero” a causa de su valeroso papel contra los alemanes en la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, en su libro ‘The Fall of Albert‘, el autor Jacques Noterman escribe que tuvo entre cinco y seis hijos ilegítimos, uno de los cuales luego se convertiría en secretario del palacio real.

Los rumores nunca fueron probados, pero el rey Alberto, en cualquier caso, mantuvo una vida amorosa llena de acontecimientos. Cuando se estrelló en Marche-les-Dames, surgieron todo tipo de teorías: el monarca no me había caído de las rocas, sino que fue asesinado por una amante o incluso por su esposa, la reina Isabel, que estaba cansada de su infidelidad.

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ALBERTO I Y SU ESPOSA, ISABEL DE BAVIERA.

Leopoldo III, al contrario de su padre, fue el rey belga más impopular a causa de su actitud pasiva sostenida ante la invasión nazi, que fue catalogada de colaboracionismo, lo cual le costó el trono en 1951. Padre de ocho hijos, Leopoldo III fue, en cualquier caso, el más fértil de los reyes belgas.

Leopoldo III sería en padre de una hija de la campeona de patinaje Liselotte Landbeck, llamado Ingeborg Verdun. O al menos eso dijo la mujer que murió en 2013. En una revista belga, Ingeborg aseguró que cuando tenía cincuenta años supo que era hija de un rey belga.

Según Leo Van Audenhaeghe, quien escribió el libro “De Küssnacht a Argenteuil” sobre los dramas en la casa real belga, Leopoldo III también tuvo un hijo ilegítimo: el conde Michel Didisheim (actualmente de 88 años), quien fue durante un cuarto de siglo el secretario privado de Alberto II. El conde habría recibido el apellido del esposo de su madre, pero en realidad sería un hijo de Leopoldo III.

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LA PATINADORA LISELOTTE LANDBECK HABRIA SIDO MADRE DE UNA HIJA DE LEOPOLDO III.

Alberto II, el tercer hijo de Leopoldo III y Astrid de Suecia continuó la tradición familiar demostró ser demasiado sensible a la belleza femenina. En los años 60, cuando el matrimonio con Paola Ruffo di Calabria naufragaba, Alberto mantuvo un apasionado romance con la bella esposa de un noble, la baronesa Sybille de Sélys-Longchamps, durante 18 años.

Según contó la propia baronesa, el entonces príncipe de Lieja y la princesa Paola estuvieron dos veces al borde del divorcio, pero la marcha atrás de la baronesa frenó el último intento, 15 días antes del anuncio oficial. Los reyes Balduino y Paola, lograron encausar a la pareja por el bien de sus tres hijos y del futuro del trono.

Cuando la baronesa estaba a punto de convertirse en la segunda esposa del príncipe Alberto, no soportó más la situación y comunicó a su amante que se iría de Bélgica con su hija Délphine, presunta hija de ambos. “Delphine es una hija del amor (…) Es lo que le dije cuando le conté la verdad a sus 17 años”, dijo la amante en una entrevista.

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EL CONDE MICHEL DISISHEIM, PRESUNTO HIJO DEL REY LEOPOLDO III.

En 1999 la historia de Délphine salió a la luz en una biografía de Paola, quien seis años antes, tras la muerte del rey Balduino, se había convertido en reina, como esposa de Alberto II. El libro revelaba detalles de los turbulentos años 60, con un matrimonio roto, unos hijos -Felipe, Astrid y Laurent- completamente abandonados por su madre, una amante oficial, planes de divorcio e hijos ilegítimos.

Tras salir a la luz, una y otra vez Delphine acudió a los tribunales de justicia belgas para reclamar que el rey Alberto reconociera su paternidad, aunque nadie sabe qué esperaba recibir a cambio la artista. Una y otra vez, los jueces rechazaron pronunciarse sobre un tema tan delicado hasta que este año se solicitó al rey, quien abdicó en 2013, un examen de ADN al que todavía no quiso someterse.

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LA BARONESA SYBIL DE SELYS-LONGCHAMPS CON SU HIJA, DELPHINE.

Mientras los reyes anteriores se comportaron decentemente con sus hijos ilegítimos, Delphine -apellidada Boël por el esposo de su madre- fue despreciada por quien, ella asegura, es su padre. Según la sentencia del tribunal de apelaciones en Bruselas, Jacques Boël, el ex marido de su madre, no es el padre de la artista ni en el sentido biológico ni en el legal. Mientras se debate sobre la paternidad de Alberto, ahora de 84 años, Delphine espera justicia. Su parecido físico con el rey y con la reina Astrid -madre de Alberto- es sorprendente.

Un fondo de ayuda a los bastardos

Como se aprecia familia real de Bélgica tiene una larga tradición de reyes adúlteros con hijos ilegítimos, lo que hizo necesaria la creación de un fondo especial que, según la historiadora belga Kathy Pauwels, se usa para apoyar monetariamente a los hijos extramatrimoniales de la familia real y “para apaciguar su propia conciencia”. “Es una tradición de larga data, pero que aún existe. Los hijos ilegítimos, por lo tanto, todavía reciben dinero de ellos “, dijo la experta.

El historiador Victor Capron, quien escribió un libro sobre el amor secreto de Leopoldo I, el primer rey de los belgas, confirmó la existencia de esa ayuda económica. Según él, el fondo existe desde mediados del siglo XIX y fue utilizado por primera vez, en el mayor secreto, por Leopoldo I, quien depositó unos 2,4 millones de francos en la cuenta en ese momento una cantidad inmensa, para sus hijos bastardos.

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