Gran Bretaña

Dictadores en el Palacio de Buckingham que pusieron a prueba la diplomacia de Isabel II

La reina puede encargarse de Donald Trump en su próxima y polémica visita de Estado: ha tenido peores visitantes hospedados en su propia casa.

Por Darío Silva D’Andrea

Una sofisticada red de seguridad se activará en el Reino Unido durante el viaje de Estado de tres días que iniciará el próximo 3 de junio el presidente estadounidense, Donald Trump. La visita podría costar más de 20 millones de euros a raíz de las medidas de seguridad para crear un cordón impenetrable alrededor del presidente estadounidense cuando sea recibido por la reina Isabel II. El magnate llegará a Londres a todos los hijos adultos y sus esposas, lo que requiere un segundo plano de estrategias de custodia, según el diario londinense The Times. La Policía Metropolitana de Londres ha revelado que dispone de un “equipo de mando muy experimentado” para liderar esa enorme operación durante la visita oficial, frente a las numerosas e intensas manifestaciones que se prevén por parte de detractores del mandatario norteamericano. Sin embargo, esta visita no será la más difícil que afrontará Isabel II a lo largo de sus 67 años de reinado.

ISABEL II CONOCIÓ A DONALD TRUMP EN EL CASTILLO DE WINDSOR EN 2018.

La reina ha disfrutado de una cálida relación con varios presidentes de Estados Unidos. En junio de 1982, el presidente Reagan y su esposa Nancy emprendieron una visita oficial al Reino Unido y fueron invitados a quedarse con la reina en el Castillo de Windsor, convirtiéndose en la primera pareja presidencial en hacerlo. Al año siguiente, la reina y el príncipe Felipe realizaron una visita de 10 días a los EE. UU., tiempo durante el cual los Reagan los hospedaron en su rancho de Santa Bárbara, California. En 1989, la reina otorgó un título de caballero de honor al ex presidente que lo nombró Gran Caballero Honorario de la Orden más Honorable de Bath, el honor más alto otorgado a los ciudadanos extranjeros, convirtiéndose en el segundo presidente que obtuvo ese honor. Aunque el presidente Trump no recibirá el mismo honor, se unirá a un “club” muy exclusivo.

Con la excepción del presidente Lyndon B. Johnson, la reina ha recibido a todos los presidentes de los Estados Unidos que han ocupado la Casa Blanca desde su ascenso al trono en 1952 (y conoció a Truman cuando aún era princesa). Eisenhower visitó a la reina en Balmoral en 1959, los Kennedy cenaron con Isabel y Felipe en el Palacio de Buckingham en 1961 y el fallecido George Bush junto con su esposa, Barbara, almorzaron con la pareja real en Edimburgo en 1989. Sin embargo, solo a dos presidentes estadounidenses se les ha otorgado el honor de una “Visita de Estado”: George W. Bush en 2003 y Barack Obama en 2011. Debido a la controversia que rodea a la presidencia de Trump, los críticos argumentaron que una visita de estado en toda regla levantaría críticas a la reina.

ISABEL II CON MOBUTU SESE SEKO EN 1973

A lo largo de 67 años como jefe de estado, la reina Isabel demostró ser más que capaz de tratar con figuras divisivas. A petición de su gobierno, y como es su deber constitucional, recibió oficialmente a numerosos demócratas y dictadores, y lo ha hecho con la diplomacia consumada por la que es famosa. En 1971, por ejemplo, el que fuera el líder de Japón en tiempos de guerra, el emperador Hirohito, se enfrentó a ex prisioneros de guerra británicos y veteranos enojados que permanecieron en silencio mientras él y la reina pasaban en un carruaje descubierto. La visita del presidente ruso Vladimir Putin en 2003 se vio empañada por activistas de derechos humanos que protestaban contra la participación de Rusia en Chechenia. En 2015, antes de la procesión ceremonial de la reina y el presidente chino Xi Jinping, hubo violentos enfrentamientos entre manifestantes de derechos humanos y simpatizantes chinos en las calles de Londres.

Cuando se le pidió que hiciera una lista de las peores visitas a Gran Bretaña del reinado de Isabel II, el biógrafo real Robert Hardman señala a tres que “a la reina le gustaría olvidar”. Todos involucraron megalómanos reconocidos con un sentido exagerado de su importancia y visitaron Gran Bretaña en la década de 1970, cuando la economía del país estaba en problemas y su gobierno estaba desesperado por el comercio exterior y las alianzas.

Quizás la visita más incómoda ocurrió en 1973 cuando Mobutu Sese Seko, presidente de Zaire, se hospedó en el Palacio de Buckingham. El déspota era tan corrupto y desequilibrado mentalmente que una conversación educada era casi imposible. Luego, la reina descubrió que su esposa no solo había contrabandeado a un perro al país, que tenía estrictas reglas de cuarentena animal, sino que también exigía a los cocineros del palacio que prepararan su comida. Famosa amante de sus perros, la reina reaccionó furiosa, dice Hardman. “¡Saca a ese perro de mi casa!”, le dijo a un miembro de su personal. “Ella realmente temblaba de ira”, contó Martin Charteris, su secretario privado, a Hardman.

EL LÍDER RUMANO NICOLAE CEAUSESCU AL LLEGAR A LONDRES EN 1978.

Unos años más tarde, en 1978, el dictador rumano Nicolae Ceauşescu y su esposa Elena se instalaron en la Suite Belga del Palacio de Buckingham, donde se alojan la mayoría de los jefes de estado visitantes. Como todas las visitas, fue a petición del gobierno británico, que lo necesitaba para finalizar un gran contrato comercial con Rumania, aunque el líder comunista ya era reconocido como un verdadero genocida.

Antes de llegar a Londres, envió una serie interminable de demandas, incluyendo tener una comitiva de 55 sirvientes rumanos leales en el palacio (lo que fue rechazado, ya que ni siquiera un edificio tan grande como el Palacio de Buckingham tiene tantas habitaciones para recibirlos a todos). Incluso los propios Ceauşescu eran peligrosos, como advirtió el presidente francés, Valéry Giscard d’Estaing. Durante su visita a París, instalados en el palacio del Elíseo, la pareja y su personal se llevaron completamente todo lo que pudiera ser desatornillado, incluidos los accesorios de baño. Además, paranoicos líderes rumanos habían perforado agujeros en las paredes en busca de dispositivos de espionaje.

Preocupada ante esta historia, la reina Isabel II ordenó que se retirara todo lo que hubiera de valor de la Suite belga. Pero ninguna de esas preocupaciones se manifestó durante la visita en sí, ya que la reina y su familia ignoraron sus sentimientos personales sobre “ese hombre espantoso”, como ella describió más tarde a Ceauşescu. “No se escatimaron lujos ni en la vestimenta ni en la formalidad”, dijo Reginald Secondé, el embajador británico en Rumania. “Gran Bretaña tiene un arma secreta que nadie más puede igualar”.

Fuera de lo protocolar, la reina hizo todo lo posible por evitar estar cerca de su huésped de honor, según relató Hardman: “Mientras paseaba a sus perros por los jardines del palacio, vio que Ceausescu y su esposa, Elena, se dirigían hacia ella. Como la reina le dijo a un invitado del almuerzo algunos años más tarde, decidió que el mejor curso de acción era esconderse detrás de un arbusto en lugar de mantener una conversación educada”.

IDI AMIN (UGANDA)

La visita del tercer huésped atroz fue la más breve. En 1971, aunque los británicos ya sabían de los horribles abusos de los derechos humanos y crímenes del dictador Idi Amin, de Uganda, lo recibieron bien en lo que resultaría ser una de las visitas extranjeras más memorables del reinado de Isabel II. En medio de una conversación, Amin le confió a la reina que quería invadir la vecina Tanzania para tomar una ruta terrestre hacia el Océano Índico. En ese momento, Tanzania era gobernada por Julius Nyerere, a quien la reina consideraba un amigo y aliado cercano dentro de la Commonwealth.

Aunque la reina es famosa por sus conversaciones en las que no interfiere en asuntos políticos, esta revelación fue tan alarmante que ella misma aseguró de que se informara a la Oficina de Relaciones Exteriores para que pudiera advertir a Nyerere y frustrar los planes de Amin. Unos años después, en 1977, la reina se mostró especialmente preocupada cuando le llegaron rumores de que Amin quería asistir (sin invitación) a las celebraciones por sus 25 años de reinado. Según revelaría el diario The Independent décadas más tarde, después de que Lord Mountbatten le preguntara qué proponía hacer si Amin se presentaba durante su Jubileo de Plata, la reina le dijo que había decidido usar la espada ceremonial “City’s Pearl Sword” para golpearle con fuerza en la cabeza.

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