Bicentenario de la reina Victoria

“Abuela de Europa”: la política del siglo XIX convirtió a la reina Victoria en matriarca de la realeza

“Mi bisabuela parecía estar siempre rodeada de miembros de su inmensa familia”, relató el duque de Windsor.

A finales del siglo XIX y principios del XX, toda Europa, excepto Suiza, estaba regida por reyes, emperadores y príncipe. En la cima de la pirámide social se encontraba la reina Victoria de Gran Bretaña (1819-1901), quien oficiaba como “matriarca” de todo un árbol genealógico compuesto por hijos, nietos, bisnietos y otros parientes. Tenían nombres rimbombantes: Sajonia-Coburgo, Glucksburg, Romanov, Hohenzollern, Bernadotte, Borbón… todos ellos emparentados con Victoria, a quien llamaban “la Abuela de Europa”. “Sus hijos y nietos mandaban en las cortes europeas”, escribió su bisnieto, el futuro rey Eduardo VIII de Inglaterra. “La emperatriz viuda de Alemania, Victoria, era su hija mayor, Vicky; el káiser Guillermo II, era nieto suyo, William. Y el zar de todas las Rusias, Nicolás II, era nieto suyo por matrimonio, Nicky”.

El emperador alemán Guillermo II y el rey inglés Jorge V eran primos hermanos, ambos nietos de la reina Victoria.
Entre las nietas coronadas se encuentra la última zarina de Rusia, Alejandra Feodorovna, nacida princesa de Hesse.

Victoria de Gran Bretaña y su marido, Alberto de Sajonia-Coburgo, se casaron en 1840 y tuvieron 9 hijos. Como un medio para extender la influencia de Gran Bretaña y forjar alianzas internacionales, varios de sus hijos e hijas se casaron en varias monarquías europeas, y en solo un par de generaciones los descendientes de Victoria se extendieron por todo el continente. Sus 42 nietos emparentaron las familias reales de Alemania, Rusia, Grecia, Rumania, Suecia, Noruega y España. Sus dos nietos, el rey Jorge V de Gran Bretaña y el emperador Guillermo II de Alemania fueron enemigos en la Primera Guerra Mundial. El nieto mayor de Victoria, el último de Alemania, se refería a ella como “Mi querida abuelita”. Según los informes, Guillermo II comentó que si su abuela aún estuviera viva, la Guerra tal vez nunca hubiera ocurrido, ya que ella simplemente no habría permitido que sus familiares fueran a la guerra entre sí.

La princesa Maud, nieta de Victoria, fue la esposa del rey Haakon VII de Noruega. Su nieto, Harald V, es el actual monarca noruego.
Sofía de Prusia fue reina de Grecia por su matrimonio con Constantino II.

“Mi bisabuela parecía estar siempre rodeada de miembros de su inmensa familia”, relató el duque de Windsor. “Tenía nueve hijos, cuarenta nietos, innumerables bisnietos e incontables sobrinos, sobrinas y primos por casamiento. Además de los príncipes y princesas británicos, había Hohenzollern, Hesses, Romanov, Coburgos y Battemberg, para no mencionar a sus parientes colaterales de las casas reales de Bélgica, Holanda, Escandinavia y los países balcánicos. Esta galaxia de emperadores, reyes, príncipes, grandes duques y duques acompañados de sus esposas reaparecía continuamente en la Gran Bretaña en las fiestas y reuniones familiares o para hacer compañía a la Gran Reina, que regía las cortes europeas como una matriarca”.

Felipe VI de España desciende de la reina Victoria a través de una de sus nietas, Victoria Eugenia de Battemberg.
Victoria con hijos y nietos durante una visita a Coburgo (Alemania)

Cinco de las nietas de Victoria y Alberto fueron soberanas en países europeos, entre ellas la princesa Alix de Hesse (hija de la princesa Alicia de Inglaterra) quien se casó con el zar Nicolás II de Rusia y compartió la suerte fatal de la dinastía Romanov en la Revolución de 1918. Victoria Eugenia de Battemberg, la menor de todos los nietos de la reina Victoria, fue reina de España por su matrimonio con Alfonso XIII. Pero la amplia influencia de la reina Victoria también tuvo consecuencias genéticas y políticas inesperadas para las monarquías de Europa, ya que se cree que era portadora de hemofilia y, sin saberlo, introdujo la rara enfermedad hereditaria en su linaje a través de sus mencionadas nietas. Durante las generaciones posteriores, la condición reapareció en las familias reales de todo el continente. En una época de instalaciones médicas limitadas, la hemofilia, que afecta la capacidad de coagulación de la sangre, podría tener consecuencias desastrosas. Tres de los nietos de la reina también sufrieron la enfermedad, al igual que su bisnieto, el heredero asesinado del trono ruso, el zarévich Alexei, cuya enfermedad fue decisiva en la caída de la monarquía de Rusia.

káiser Guillermo II, era nieto suyo, William. Y el zar de todas las Rusias, Nicolás II, era nieto suyo por matrimonio, Nicky.
Cuatro victorias: la monarca con su hija la princesa heredera “Vicky” de Prusia, y sus nietas Victoria de Prusia, Victoria de Gales y Victoria-Melita de Edimburgo.

Desde la muerte de Victoria, en 1901, la Casa de Sajonia-Coburgo se empecinó en ocupar un puesto de importancia entre todas las casas reales de Europa, llegando a emparentar con casi todas ellas. Su nieta, la princesa Sofía de Prusia, fue reina de Grecia por su matrimonio con Constantino I, mientras otra de las nietas reales, Maud de Gales, fue la esposa del rey Haakon VII de Noruega. En la actualidad, más de 800 personas (850, según el último recuento) son descendientes de la prolífica reina y entre ellos encontramos infantes españoles, príncipes griegos, duques ingleses, archiduques austriacos, grandes duques rusos, y un sinfín de personajes de todo tipo que entremezclan su abolengo con Isabel II, Margarita II de Dinamarca, Carlos XVI Gustavo de Suecia, Harald V de Noruega (todos ellos tataranietos de Victoria), Felipe VI de España. Los últimos reyes de Grecia, Rumania y Yugoslavia son también descendientes de la gran matriarca europea y el príncipe Felipe de Inglaterra, duque de Edimburgo y consorte de Isabel II, es en la actualidad el descendiente vivo más longevo.