Bicentenario de la reina Victoria

El lado más sensual de la reina Victoria, expuesto al público en Osborne House

Los regalos intercambiados por la reina y el príncipe Alberto muestran una faceta desconocida de esta poderosa monarca.

Victoria de Gran Bretaña a veces es recordada como una señora prudente, sumisa y conservadora, pero una nueva exhibición, en la casa donde murió, revela a una mujer en contacto con el lado más sensual de su naturaleza. Los regalos románticos y atrevidos que se intercambiaron la reina y su amado príncipe Alberto se exhibirán en Osborne House, el gran retiro costero de la pareja en la Isla de Wight, que está lleno de arte y objetos fabulosos que la pareja compró a lo largo de sus 22 años de matrimonio. “Hay abundancia de piel desnuda aquí en Osborne”, dijo Michael Hunter, un curador de English Heritage.

“FLORIDA”, DE FRANZ WINTERHALTER.

Los regalos intercambiados por la reina y el príncipe Alberto muestran una faceta desconocida de esta poderosa monarca que pasó a la historia vestida de luto y luciendo siempre bastante triste. “Ella estaba muy abierta a la desnudez y lo sensual, más abierta que Alberto, que tal vez sorprendentemente fue la más prudente de la pareja”, dijo Hunter, quien menciona que uno de los regalos más llamativos es un enorme cuadro de Franz Xaver Winterhalter llamado “Florinda”, que Victoria compró para el cumpleaños número 33 del príncipe consorte, en 1852. Ella lo encargó para colgar frente a sus escritorios en su sala de estar, donde permanece hasta el día de hoy. “La reina Victoria y el príncipe Alberto trabajaban codo a codo en documentos serios y cartas, frente a frente, rodeados por una pieza de arte muy erótica de chicas semivestidas”, dijo Hunter, quien agrega que existe “una carga erótica en esta habitación”.

Para la reina y su consorte, la entrega de regalos era tan hermoso como el recibirlos. En su cumpleaños en mayo de 1855, Victoria le regaló a Alberto una sensual estatua de mármol titulada The Bather”, del escultor John Lawlor, una figura femenina desnuda sentada pensativamente sobre una roca. Todavía se puede encontrar en la sala de billar de la casa. Allí en Osborne House también llama la atención una pintura que Victoria compró para el cumpleaños de Alberto en 1848, “L’Allegro”, de William Edward Frost, que muestra a las hijas de Zeus, las Tres Gracias, que disfrutan alegremente y semidesnudas en el campo.

“L’ALLEGRO”, DE WILLIAM E. FROST.

Entre los regalos expuestos por Osborne House, el público podrá apreciar también una estatua que el príncipe Alberto le encargó a Emil Wolff como la figura de un hermoso guerrero griego: “Es una imagen erótica muy atrevida, hay un elemento de fantasía en ello”, dijo Hunter. A Victoria le encantó, calificó la escultura de “muy hermosa”, pero el conservador Alberto, más tímido y estricto que su juvenil mujer, tuvo rápidamente dudas sobre mostrarlo en público: las piernas y pies desnudos del guerrero hacían que pareciera “demasiado desvestido para colocarlo en una habitación”. Finalmente lo escondieron en el piso de arriba y se encargó una segunda versión con sandalias y una túnica más larga. Actualmente se encuentra en el Palacio de Buckingham.

La muestra marca el 200 aniversario de Victoria y Alberto. Algunos de los regalos estarán en la habitación de Osborne House llena de flores que la pareja usó para intercambiar regalos, y más de 70 se expondrán en un pasillo. Los visitantes también escucharán música, una evocación de la banda de música de Alberto que recibió instrucciones de despertar a la reina en ocasiones especiales, como cumpleaños o aniversarios. Hunter espera que el importante bicentenario proporcione más oportunidades para cambiar los prejuicios sobre Alberto de Sajonia-Coburgo. “Era muy tímido, bastante introvertido, pero en la casa de la familia, en privado, los amigos registran lo alegre y divertido que era”, dice el experto.

LA FILATRICE ADDORMENTATA, DE JULIUS TROSCHEL

El amor nunca fue un factor común entre los matrimonios de la realeza, y por eso el matrimonio entre la reina Victoria y el príncipe causó fascinación en el público por su romanticismo. Perdidamente enamorados, se casaron en 1839 y diecisiete años después ya tenían nueve hijos. Pero la vida conyugal no fue, como es de esperar, un cuento de hadas, sino una convivencia en la que no faltaron las tensiones, discusiones y reproches. La reina tenía sentimientos encontrados: admiraba a su “ángel” por su talento y habilidad y era sumisa, pero no soportaba que Alberto no la tratara como a su soberana. Según Helen Rappaport, biógrafa de la realeza, Alberto la transformó de una mujer cariñosa y cálida a una obediente ama de casa alemana: “Él la convirtió en una criatura a su semejanza”. Las discusiones en palacio eran constantes y a Alberto le aterrorizaban los enojos de Victoria, de quien se temía que hubiera heredado la locura de su abuelo, Jorge III. Cuando estaban en sus peores momentos, se limitaba a dejarle notas bajo la puerta.

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