Bicentenario de la reina Victoria

El día que un niño intruso durmió bajo la cama de la reina Victoria

La historia sorprendió a la opinión pública londinense. El joven “Boy Jones” estaba obsesionado con la monarca y vivió en el palacio de Buckingham durante meses sin ser descubierto.

En 1839, en un periodo de tan sólo tres meses, tres incidentes trastornaron el sistema de seguridad de los palacios de la reina Victoria. Una noche de octubre, en el Castillo de Windsor, rompieron los vidrios en el toilette de la soberana, y, descubierto el culpable, fue arrestado por un inspector de la guardia real. Confesó que se había escondido en el parque privado, rompiendo la ventana a pedradas. Un par de meses más tarde, por la noche, un hombre bastante bien vestido saltó las altas rejas de hierro del portal de entrada del castillo, frente al sendero central, donde habitualmente no se encontraba ningún centinela apostado.

El hombre atravesó todo el parque sin inconvenientes, hasta la puerta principal del castillo donde manifestó al portero: “Exijo el acceso a este castillo como Rey de Inglaterra”. “Muy bien, Vuestra Majestad”, le respondió con calma el portero. “¿Quisiera usted aguardar a que vaya a buscar mi sombrero?”. De allí condujo al intruso al interior del castillo, al despacho del inspector de la guardia. El intruso, socio de una gran empresa comercial mayorista de Manchester, acababa de salir de un manicomio; explicó que estaba buscando una mujer y que por tal razón iba a ver a la reina Victoria. Todo transcurrió bien y finalizó mejor, pero por segunda vez el fortificado castillo probaba su falta de seguridad.

Poco después, el Times publicaba la historia de un adolescente llamado Jones, ayudante de un farmacéutico, que ingresó al palacio de Buckingham: “Poco después de medianoche, uno de los pajes de Su Majestad, secundado por otros empleados domésticos de la casa real, fue hasta el boudoir de Su Majestad, contiguo a la habitación en la cual la reina había dado a luz [a la princesa Victoria, dos semanas antes]. Mientras se encontraban allí, tuvieron la impresión de haber escuchado un ruido. Comenzaron una búsqueda minuciosa, y debajo del sofá sobre el cual la reina había estado sentada horas antes, descubrieron a un muchacho sucio, de dudosa apariencia, al que inmediatamente sacaron de su escondite y colocaron bajo vigilancia…”.

¡Me parece terrorífico! dijo la reina

Todos en palacio comentaron sobre el aspecto sucio y desaliñado del niño. Afirmó que había estado escondido detrás de los muebles en el palacio durante 11 meses, espiando las reuniones con los ministros y vagando por las noches en busca de agua y comida para volver a esconderse durante el día. Solo cuando su padre, un pobre sastre de Londres, vio historias en los periódicos sobre la misteriosa intrusión, el niño fue identificado como Edward Jones o “The Boy Jones”, de 14 años, quien tenía un interés obsesivo en la vida de la reina Victoria y el palacio. Afirmó que había entrado por una ventana, robó comida de la cocina, se sentó en el trono, recorrió los apartamentos de la reina y se escondió debajo del sofá.

Pasaron catorce meses y Victoria se casó con el príncipe Alberto. Luego, en diciembre de 1840, poco después del nacimiento de la princesa Vicky, su comadrona encontró a un intruso que se escondía debajo de un sofá en el recámara real: era “Boy Jones” el que estaba haciendo sus trucos nuevamente. La reina estaba en la cama en la habitación contigua. Acababa de dar a luz y Boy Jones se jactó de haber escuchado llorar por primera vez al bebé real. Esta vez, para evitar revelaciones engañosas, el caso fue tratado en secreto por el Consejo Privado y al niño no se le permitió ninguna representación legal. Al día siguiente, la monarca escribía en su diario: “Alberto me ha dicho que al levantarse escuchó hablar de un hombre descubierto bajo el sofá de mi boudoir… Después supimos que ya había sido sorprendido en otra oportunidad en el palacio, que parecía no del todo cuerdo, y que se encontraba en calidad de curioso. Pero sólo suponer que hubiera entrado en el dormitorio… ¡me parece terrorífico!”.

El joven intruso fue sentenciado a tres meses de trabajos forzados, pero solo dos semanas después de que el niño fue liberado, fue capturado una vez más en la Galería de fotos del palacio. Quería escuchar a escondidas las conversaciones de la reina para poder escribir un libro y ganar dinero. A estas alturas el niño era famoso y en la población se lo conocía como “el niño que visita el palacio”, y las autoridades querían que se fuera. Fue llevado a un barco emigrante con destino a Nueva Zelanda, pero el capitán se negó a tener a bordo al descarado que había traspasado la intimidad real. Finalmente, disfrazado con una peluca, Boy Jones fue subido a un barco mercante con destino a Brasil. Enrolado en la Armada, fue un marinero rebelde (saltó dos veces por la borda) hasta que su padre presentó una petición a la Cámara de los Lores en 1847 y fue dado de baja después de cinco años y medio. En su casa, se mantuvo alejado del Palacio de Buckingham, pero fue arrestado por robo. Boy Jones mantuvo una vida errante hasta que, a los 70 años, murió a causa del alcoholismo pero habiendo cumplido su promesa de jamás volver a inculcar en los cajones de su majestad.

Lea aquí todas las historia sobre el bicentenario de la reina Victoria.

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