Japón

El 76% de los japoneses quiere una emperatriz tras la Era Reiwa

La ley imperial actual no permite que la hija del emperador, la princesa Aiko, pueda ascender al Trono del Crisantemo.

Tres de cada cuatro japoneses respaldan que una mujer pueda ser emperatriz reinante, lo que implicaría cambiar las leyes tradicionales en el país asiático, según un sondeo que ve la luz tras el debate abierto por la abdicación del emperador Akihito. Así lo reveló una encuesta publicada este lunes por el ‘Nikkei Business Daily, que evidencia que un 76 por ciento de los japoneses están a favor de permitir el ascenso al trono de las mujeres. Solo un 14 por ciento se opone a esta medida aperturista. La abdicación de Akihito -la primera en dos siglos- permitió a su hijo Naruhito ascender al trono del crisantemo el 1 de mayo. Sin embargo, la ley actual no permite que la hija del actual emperador, la princesa Aiko, que tiene actualmente 17 años, pueda sucederle.

Con la normativa actual sobre la mesa, el siguiente en la línea de sucesión es el príncipe Akishino, el hermano menor del actual emperador, y en segunda posición se sitúa su hijo Hisahito, de doce años y el único varón de su generación. Sin embargo, pese a que actualmente rige la Ley Sálica, Japón tuvo siete emperatrices. Suiko, la primera mujer que fue emperatriz, fue coronada en el año 593, pero ninguna de sus sucesoras transmitieron sus derechos al trono a sus hijos. La última emperatriz regente fue Go-Sakuramachi, quien abdicó en 1771 y no dejó la corona a su propia descendencia, sino a su sobrino.

Los expertos temen que la sucesión imperial entre en crisis en el futuro, tanto por la estricta división entre sexos como por la costumbre que obliga a todos los que se casen con plebeyos a salirse de la familia real. El primer ministro, Shinzo Abe, ha abogado por crear “una sociedad en la que todas las mujeres brillen”, pero su Gobierno, de índole conservador, es reacio por ahora a plantear cambios dinásticos. El gobierno, sin embargo, anunció que planea en 2020 discutir la posibilidad de que las princesas imperiales no pierdan su estatus al contraer matrimonio, lo que abriría las puertas a la creación de “Mikayes” o ramas imperiales paralelas que proporcionen herederos sustitutos a la corona.