Familias Reales de Europa

El heredero de Napoleón prepara su boda con una condesa descendiente de Fernando VII y Luis XV

El joven príncipe Jean-Christophe está comprometido con la condesa Olympia von und zu Arco-Zinneberg, 200 años después de la boda de Napoleón con María Luisa.

Más de 200 años después de que Napoleón se haya casado con la archiduquesa María Luisa de Austria, la antigua Casa Imperial de Francia y la Casa de los Habsburgo se unirán una vez más, cuando el heredero de Bonaparte se case con la bisnieta del último emperador de Austria. El príncipe Jean-Christophe Napoleon Bonaparte, de 32 años, el único heredero del emperador Napoleón Bonaparte y uno de los tres pretendientes al trono de Francia, prepara su boda con la condesa Olympia von und zu Arco-Zinnerberg, que además es descendiente del rey Fernando VII de España y ocupa un sitio en la línea sucesoria al trono que hoy ocupa Felipe VI.

Pero más allá de los laberintos dinásticos que los unen, la pareja dice que su unión es una por amor y no por conveniencias dinásticas. “Es una historia de amor en lugar de un guiño a la historia. Cuando conocí a Olympia, me sumergí en sus ojos y no en su árbol genealógico. Después pudimos sonreír ante esta coincidencia histórica”, contó Jean-Christophe, quien le pidió matrimonio a Olympia entregándole un anillo con un diamante de 40 quilates extraído de la corona de la esposa de Napoleón III, la emperatriz Eugenia. “Nuestro matrimonio es como el de muchas otras parejas de diferentes nacionalidades europeas en la actualidad. Es el fruto de la reconciliación y la construcción europeas, en lo que creo enormemente”, dijo en entrevista con el diario Le Figaro.

También conocido como el “Príncipe Napoleón”, Jean-Christophe es el tataranieto del hermano del gran emperador francés Napoleón, cuya dinastía reinó antes de que la Tercera República terminara definitivamente con la monarquía en Francia. Bonaparte se había declarado emperador en 1804 y había emprendido la guerra con otras potencias europeas, conquistando gran parte del continente. Finalmente, fue derrotado en la batalla de Waterloo en 1815 y encarcelado en la remota isla atlántica de Santa Elena, donde murió el 5 de mayo de 1821. Debido a que Napoleón I no tuvo hijos con su primera esposa (Josefina de Beauharnais) y solo un hijo que murió joven con la segunda emperatriz (María Luisa de Austria), la herencia dinástica pasó a la familia de su hermano, Jerôme.

Jean Christophe, un economista que estudió en Harvard, es, en opinión de algunos monárquicos, el jefe de la antigua Casa Imperial de Francia. A través de su madre, la princesa Beatriz de Borbón-Dos Sicilias, es descendiente de los reyes borbónicos que reinaron en España, y de Luis XV de Francia, mientras a través de su bisabuela, la princesa Clémentine de Bélgica, es descendiente de Luis Felipe I. Curiosamente, Luis Felipe I es el antepasado de otro pretendiente al trono francés, el príncipe Jean de Orleáns, quien este año heredó la jefatura de su dinastía y el título de conde de París al morir su padre. Aunque no son bien conocidos fuera de Francia, los seguidores del movimiento bonapartista ven a Jean-Christophe como una especie de “héroe” francés, en una época en que el país está perdiendo la fe en los políticos modernos.

Los bonapartistas ven a Jean-Christophe como el jefe de la antigua Casa Imperial de Francia. De hecho, su propio abuelo Louis, Príncipe Napoleón, dijo en su testamento que quería que su nieto, que entonces tenía 11 años, lo sucediera como jefe de la Casa Imperial, después de pelearse con su hijo, Charles, por abrazar los principios republicanos y volver a casarse sin su permiso. Según los informes bonapartistas, sus partidarios esperan que el joven príncipe Bonaparte se convierta en el centro de atención para desempeñar un “papel influyente en los asuntos públicos”, según el diario británico The Times. Jean-Cristophe ha desempeñado un papel influyente en los asuntos públicos, apareciendo junto a miembros de la realeza de países europeos como Bélgica y los Países Bajos en los compromisos oficiales, como los aniversarios de la Batalla de Waterloo. Tarik Bougherira, un experto en arte que se especializa en artículos relacionados con el emperador, describió a Bonaparte como “un príncipe moderno que entiende los problemas actuales y desempeña un papel acorde con nuestra era”.

La futura princesa Bonaparte, de 31 años, es hija de la archiduquesa austriaca Maria Beatrix de Habsburgo y del Conde Riprand von Arco-Zinneberg, quienes se casaron en 1980. El abuelo materno de Olympia fue el archiduque Roberto de Habsburgo, el tercero de los ocho hijos que el emperador Carlos I de Austria -último monarca del imperio Habsburgo- tuvo con la emperatriz Zita. La sangre real de la condesa Olympia es innegable, ya que desciende de las casas reales de Borbón y de Saboya, entre muchas otras. La condesa es licenciada en Ciencias Políticas por Yale, y se cree que conoció a su prometido mientras estudiaba en París.

Ahora la pareja está dispuesta a honrar su herencia al casarse en Les Invalides, París, donde el cuerpo de Napoleón fue devuelto de Santa Elena después de su exilio en Francia. Jean-Christophe le dijo al periódico francés Le Figaro que su matrimonio es “el fruto de la reconciliación y la construcción europeas, que creo enormemente”. Continuó diciendo que sentía un profundo compromiso y sentido del deber hacia Francia, y que estaba dispuesto a honrar el legado de sus antepasados. “Los Bonaparte siempre han sido hombres modernos en la vanguardia y ayudando a su era a avanzar, y figuras que han construido sus propias vidas con una libertad extraordinaria. Tengo la firme intención de perseguir mi patrimonio en esta dirección”, agregó Jean-Christophe. “Para mí, Napoleón es la idea del progreso”, agregaba el príncipe.

Tres dinastías para la misma corona

En 1792, la Asamblea Legislativa de Francia votó a favor de abolir la monarquía y establecer la Primera República. La decisión se produjo un año después de que el rey Luis XVI aprobara a regañadientes una nueva constitución que lo despojó de gran parte de su poder. Luis XVI había ascendido al trono francés en 1774 y desde el principio luchó por hacer frente a las dificultades financieras de su país. La Revolución Francesa había alcanzado su primer clímax en 1789, exacerbada por la escasez de alimentos.

En agosto de 1792, el rey Luis y su esposa, María Antonieta de Austria, fueron encarcelados, y la monarquía fue abolida en septiembre de ese año. En enero de 1793, Luis fue juzgado por traición y decapitado. María Antonieta también fue guillotinada nueve meses después. Curiosamente, la Revolución que despojó a los reyes de su poder dio inicio a otra monarquía, con el revolucionario Napoleón Bonaparte coronado como emperador en 1804. No pudo mantener su imperio en pie y fue derrocado en 1818.

La Segunda Revolución Francesa de 1830, también conocida como la Revolución de Julio, vio el derrocamiento del rey Carlos X, el monarca borbónico francés, tío de Luis XVI. Esto llevó al ascenso de su primo Luis Felipe, duque de Orléans, quien sería derrocado 18 años después, en 1848. Tras la caída de los Orleáns, Carlos Luis Napoleón Bonaparte, sobrino del emperador, fue nombrado presidente de la Segunda República Francesa y, posteriormente, emperador de los franceses entre 1852 y 1870 bajo el nombre de Napoleón III. Fue el último monarca que gobernó en Francia.

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