Luxemburgo

Homenaje del gran duque Enrique a su padre: “La ambición de su vida era el profundo amor que sentía por su país y el afecto por su gente”

El soberano luxemburgués publicó una carta en la que pondera la figura de su padre, Juan de Nassau.

El día del funeral y entierro de su padre, Juan de Luxemburgo, el gran duque Enrique hizo pública una carta abierta en la que se despide con elogios al patriarca de la familia gran ducal. Juan de Nassau murió a los 98 años el pasado 23 de abril y fue sepultado este 4 de mayo en la cripta real de la catedral de Luxemburgo en presencia de la realeza europea. El soberano, que accedió al trono cuando el gran duque Juan abdicó en 2000, le agradece “desde el fondo de nuestros corazones por todo lo que ha hecho por nosotros.”. Esta es la carta completa:

“Hoy, en el día del funeral de nuestro querido padre, me gustaría contarles lo mucho que significó para nosotros, sus hijos, los yernos y nueras, los nietos y los bisnietos. Siempre estuvo allí por su familia, a pesar de sus muchas obligaciones que cumplió con un gran sentido de responsabilidad y deber. En esto, siempre pudo contar con el apoyo de su esposa, mi madre, la gran duquesa Josefina-Carlota. Su naturaleza abierta y cariñosa y su capacidad para acercarse a las personas impresionaron a todos los que lo conocieron. Era una persona increíblemente positiva. Siempre podría estar entusiasmado con todo. Hasta unos días antes de ser hospitalizado, insistió en participar en el Foro (sobre la violencia sexual) que organizaba mi esposa o en visitar exposiciones.

“Estaba interesado en todo lo que pasaba en el país. Incluso las difíciles propuestas del acuerdo del Brexit contenían algunos secretos para él. Estoy convencido de que la sinceridad y el entusiasmo de nuestro padre son algunas de las razones por las que llegó a esa edad. Pasó su entusiasmo por la vida a nosotros, a su familia, y su humor trajo más de una lágrima de alegría y risas a nuestros ojos. Él fue nuestro apoyo constante, alentándonos, felicitándonos por nuestras acciones y respetando nuestras elecciones y decisiones. Por supuesto, la otra ambición en su vida era el profundo amor que sentía por su país y el gran afecto por su gente, su unidad y diversidad. Las dificultades que superó con tanto coraje crearon una conexión incomparable con su madre, la gran duquesa Carlota.

“Creía en el bien de la humanidad y su progreso, al igual que se enorgullecía del progreso de nuestro país en las últimas décadas. El afecto y los abundantes homenajes a él por parte del pueblo de Luxemburgo de las últimas dos semanas seguirán siendo para mí una de las experiencias más grandes y memorables de mi vida. Hace unas semanas, cuando el gran duque Juan fue hospitalizado, todos lo acompañamos y rodeamos. Fue el centro de tres generaciones. Dos días antes de su partida, agradeció a quienes lo cuidaron y luego se despidió de nosotros. Esas fueron sus últimas palabras. Una vez más, mostró la grandeza de su alma y su consideración por los demás. Murió con el sentimiento de una vida plena. Nosotros, sus hijos y su familia, estamos particularmente orgullosos y felices de haberlo tenido como padre”.

Monarca “discreto y carismático”

El gran duque Juan, que reinó durante 36 años (1964-2000) en este pequeño Estado europeo, antes de ceder el trono a su hijo Enrique, vivía retirado desde que abdicó en octubre del año 2000. “Nuestro gran duque Juan era un hombre de caridad, de amor discreto”, declaró el arzobispo de Luxemburgo, monseñor Jean-Claude Hollerich, en una homilía pronunciada en francés, uno de los tres idiomas oficiales de Luxemburgo, junto al alemán y el luxemburgués. Volviendo a la vida del difunto, marcado por el exilio forzado después de la invasión nazi a comienzos de la Segunda Guerra Mundial, Hollerich lanzó: “El Gran Duque Juan amaba Luxemburgo (…) Y después de su muerte (…) lo hemos visto muy bien (…) los luxemburgueses adoraban al gran duque Juan”, agregó.

Juan se alistó en 1942 como voluntario en el ejército británico y dos años más tarde participó en el Desembarco en Normandía y luego en la liberación de su país, algo que sus compatriotas nunca olvidaron. En homenaje a ese pasado, sonaron las gaitas con “The flowers in the forest”, una canción tradicional escocesa. Fuera de la catedral, durante el funeral, Jean-Marie Cottong, una luxemburguesa de 43 años, dijo a la prensa que recordaba al gran duque Juan por “su cortesía, su gentileza, la persona que se necesitaba para la liberación” de Luxemburgo. “Era nuestro ‘explorador’ n°1 en Luxemburgo”, resaltó Nicole, una joven de 23 años, ciudadana de este pequeño Estado en el corazón de Europa, que participó con otros cientos de scouts del Gran Ducado de una marcha en memoria de quien también era su jefe en el escultismo.