Coronación en Tailandia

Perfil | Rama X, el rey excéntrico, controvertido, distante e imprevisible

El décimo rey de Tailandia es un aficionado a divertirse y a pilotar aviones, de vida privada agitada, pero al mismo tiempo se le considera un estratega hábil que conoce bien las Fuerzas Armadas que controlan el país.

El 13 de octubre de 2016 pasado los tailandeses recibieron la noticia que tanto temían: el rey Bhumibol Adulyadej, protagonista de uno de los reinados más largos y prestigiosos del país, murió a los 88 años en un hospital de Bangkok y dejó la corona y el trono a su desprestigiado y excéntrico hijo, el nuevo rey Maha Vajiralongkorn. El monarca nació el 28 de julio de 1952 en el Palacio Dusit de Bangkok, cuando su progenitor llevaba seis años en el trono. Su madre es la reina Sirikit, de la rama principesca de Kitiyakara, descendientes del rey Chulalongkorn. El príncipe, proclamado heredero en 1972, cursó la educación primaria y secundaria en el centro Chitralada, en Bangkok, antes de ingresar en colegios privados en el Reino Unido y Australia. En 1975, se graduó en la Real Academia Militar de Duntroon, en Canberra. En 1987, obtuvo el título de Derecho en la universidad tailandesa de Sukhothai Thammathirat.

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A los 20 años, al ser nombrado, Vajiralongkorn juró: “Seré leal y honesto con la nación y el pueblo, dedicaré todos mis esfuerzos y abnegación en cumplir mis responsabilidades con la prosperidad, felicidad y seguridad de Tailandia hasta mi muerte“. En los años siguientes completó una solida formación militar con su integración en la Dirección de Inteligencia del Ejército, en 1975, y la Guardia Real. Participó en programas de formación en Australia y Estado Unidos, y viajes de observación a Inglaterra, Bélgica, Alemania, Francia y Holanda que le adiestraron en tácticas especiales de guerra, paracaidismo, vuelo de aviones y helicópteros y uso de armas modernas. En Tailandia, intervino en diversas operaciones militares, como las llevadas a cabo contra la insurgencia en el norte y noreste del país y las organizadas para proteger campamentos de refugiados camboyanos en Khao Lan, en la provincia de Trat.

La carrera militar elevó al príncipe heredero a los rangos de almirante en la Armada y general en los cuerpos de Aire y Tierra, al tiempo que desempeñó un papel notable en las Fuerzas Armadas durante años antes de asumir, tras el retiro, unas funciones más ceremoniales. Su vocación por los aviones y sus más de 1.000 horas de vuelo en distintos tipos de aeronaves le valieron en título en las prensa tailandesa de “príncipe piloto”. En 1987, ganó el concurso anual de operaciones aéreas que se celebró en la provincia de Lopburi. En 1994, se convirtió en instructor de pilotos de aviones F-5 E/F, un prototipo de la familia de cazas de combate supersónicos ligeros diseñados y fabricados por Northrop en Estados Unidos.

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EN EL 75º CUMPLEAÑOS DEL REY BHUMIBOL.
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CON SU TERCERA ESPOSA, SRIRASMI, Y SU HIJO DHIPANGKORN.
VAJIRALONGKORN EL DÍA DE SU ASCENSO AL TRONO EN 2016.

“Desde el primer segundo de mi vida, soy un príncipe, es difícil decir qué se siente siendo un pez cuando eres un pez, un pájaro cuando eres un pájaro”, dijo en 1979 a la BBC, en una rara entrevista. El príncipe siguió los pasos de su padre en los programas sociales y desde su juventud le acompañó en las visitas a comunidades rurales para inaugurar o seguir proyectos reales destinados a mejorar la sanidad y el uso de los recursos naturales. Bajo el patrocinio del heredero al trono se han abierto seis escuelas en áreas necesitadas y 21 hospitales denominados “Somdej Phra Yupparat”. En 2007, Vajiralongkorn pilotó un avión comercial, un Boeing 737-400, de Bangkok a la norteña Chiang Mai con el propósito de recaudar donaciones para dotar de equipos médicos hospitales en las sureñas provincias de Pattani, Yala y Narathiwat. “No es impulsivo pero puede mostrarse colérico, difícilmente soporta que se cuestione su autoridad”, explicó, bajo anonimato, un hombre de negocios tailandés que trabajo para el palacio. “Es difícil de discernir. Esa gran parte de misterio que cultiva lo hace distante y a veces inquietante”, añadió.

La vida privada del príncipe, aunque jamás criticada públicamente en Tailandia, siempre fue motivo de decepción y preocupación. En 1977 Vajiralongkorn contrajo matrimonio en una espléndida y multitudinaria ceremonia con una prima hermana, la princesa Soamsawali Kitiyakara (nacida en 1957), hija de Adulkit Kitiyakara, un hermano de la reina Sirikit. En 1981 los príncipes tuvieron una hija, la princesa Bajrakitiyabha. En virtud de una Proclamación Real de 1991, la princesa Soamsawali recibió el título de “Phravararajatinuddamatu”, lo que se traduce como “la madre del primer nieto del rey”. Vajiralongkorn y Soamsawali se divorciaron años más tarde, y el príncipe contrajo matrimonio con la joven Yuvadhida Polpraserth, que le dio cuatro hijos y una hija que no tienen derecho a sucesión. La falta de un heredero varón legítimo fue la razón para que se aprobara una legislación que permite el ascenso al trono de una mujer, y la romántica e ilegítima relación de Vajiralongkorn con Yuvadhida quedó concluida en 1996. Una vergüenza para su padre, que dio muestras de gran respeto a la familia y el matrimonio al ser el primer rey monógamo de Tailandia.

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MAHA VAJIRALONGKORN NACIÓ EN 1952.
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El último matrimonio del heredero terminó estrepitosamente. En febrero del 2001 el príncipe se casó con Srirasmi Mahidol, joven proveniente de una familia modesta que, años más tarde, fue nombrada Princesa Consorte. El 29 de abril del 2005 fue madre de un varón legítimo, el príncipe Dipangkorn Rasmichoti, hoy primero en línea sucesoria. En diciembre de 2014 estalló un escándalo que acabó con su matrimonio y con su estatus de princesa real luego de que siete miembros de su familia, entre ellos su tío, y algunos de sus hermanos, fueron detenidos y acusados de “difamar a la monarquía con sus acciones” al utilizar con intenciones codiciosas su relación con la familia real para abrir y dirigir casinos ilegales y entregarse al contrabando de petróleo, el rapto y a la extorsión a cambio de grandes sumas de dinero. Obligada por el rey, la princesa renunció a todos sus títulos y privilegios reales a cambio de una indemnización de 200 millones de bahts tailandeses (uno 5 millones de euros) a cargo de las arcas públicas. El propio príncipe hizo oficial la vergüenza al ordenar a la familia de su esposa que dejara de usar el nombre “Akrapongpreecha”, otorgado después de que se celebrara el matrimonio, que les confiere estatus de caballeros de la corte. El título significa “El que prospera con honestidad”, toda una ironía, dadas las circunstancias.

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King Bhumibol Adulyadej and Family

En 2002 la revista The Economist escribió: “Vajiralongkorn es mucho menos querido que el rey. En Bangkok se intercambian chismes sobre su sensacional vida privada. Una de sus hermanas, y posible heredera del trono, es más popular pero Tailandia nunca ha estado gobernada por una mujer. En todo caso, independientemente de cuán meritorio y calificado, ningún sucesor puede aspirar a igualar la estatura que el rey Bhumibol ha alcanzado”. Más recientemente, tres personalidades relevantes de la política tailandesa, miembros del poderoso Consejo de la Corona y asesores del rey expresaron sus reservas sobre la capacidad del príncipe heredero para asumir sus funciones, según unos cables diplomáticos difundidos por el portal de internet WikiLeaks. En un documento fechado en enero de 2010, el general Prem Tinsulanonda, ex primer ministro, Sidhi Savetsila, oficial del ejército retirado, y Anand Panyarachun, antiguo jefe de gobierno, hicieron “comentarios bastante negativos sobre el príncipe”. En el mismo cable se hace alusión a que el príncipe prefiere pasar tiempo en Alemania con su amante en lugar de estar en Tailandia con su familia.

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EN ÁMSTERDAM JUNTO A SU POPULAR HERMANA, SIRINDHORN.
ESCOLTADO POR LA SU CUARTA ESPOSA, SUTHIDA.

El embajador estadounidense agregaba que el mariscal de la Fuerza Aérea tailandesa “comentó que el príncipe heredero solía salir de Tailandia y que en la web hay todo tipo de informaciones sobre sus azafatas amantes”. El mariscal se lamentó de que un ayudante suyo, ahora embajador tailandés en Berlín, se viese obligado a volar de Berlín a Múnich con frecuencia para recibir allí a Vajiralongkorn. Con respecto a la sucesión al trono, los funcionarios manifestaban su preferencia por la princesa Maha Sirindhorn, quien goza de un alto índice de popularidad, sin dudas superior al de su hermano. Tanto es así que el pueblo la llama “Phra Thep”, la “Princesa ángel”. Los pesimistas hoy auguran que Tailandia puede sumirse en un caos semejante al del otro reino budista asiático, Nepal, el día en que falte la autoridad de Bhumibol. “La situación de la monarquía tailandesa no permanecerá así durante muchos años más”, afirma Somsak Jeamteerasakul, uno de los principales expertos en la monarquía tai. “Hay dos opciones para el futuro. O bien transformarse en una monarquía moderna, como en Europa o Japón, o no cambiar y ser definitivamente abolida. No hay una tercera opción”.

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Desde su acceso al trono, Maha Vajiralongkorn, uno de los monarcas más ricos del mundo, no ha cambiado demasiado sus hábitos y continúa pasando una gran parte de su tiempo en Alemania, donde es propietario de varias residencias y donde le gusta pilotar su Boeing 737. Rara vez aparece en público, al contrario que su padre, que visitaba sin descanso las provincias y aldeas del reino y cuyos discursos anuales, retransmitidos en la televisión, eran acontecimientos políticos esperados y minuciosamente diseccionados. “Una manera de escapar al yugo protocolario de Tailandia”, estimó Sophie Boisseau du Rocher, especialista en Tailandia del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI). Pero las ausencias reiteradas del rey en suelo tailandés no le impiden estar muy implicado en los asuntos de la monarquía, que remodeló en profundidad desde 2016, haciendo suprimir varias enmiendas constitucionales que delimitaban sus poderes y asegurándose un control directo de las arcas reales. “También interviene en política de manera más directa que su padre”, afirmó Eugenie Merieau, especialista en política tailandesa, que lo describió como “intransigente”. De esta forma, este año vetó la candidatura de su hermana al puesto de primera ministra por un partido crítico con la junta militar, un apoyo velado a los generales que dirigen el país desde 2014.

Entre el 4 y 6 de mayo de 2019, a la sombra de las paredes de palacio, grupos de monjes budistas vertirán agua sagrada, proveniente de las provincias tailandesas, en la cabeza de Vajiralongkorn para otorgarle la soberanía, antes de escoltarlo a la sala del trono, bajo el paraguas blanco de nueve pisos, donde él mismo se colocará la “Gran Corona de la Victoria” de oro y diamantes y más de siete kilos de peso que simboliza su poder y su responsabilidad. Pocos días antes de la coronación, el astrólogo de la corte, Chatchai Pinngern, elaboró el horóscopo real en el templo del Buda de la Esmeralda en Bangkok, pero su contenido no se hará nunca público porque todo lo referente al monarca es tabú. Tres días antes de esta grandiosa ceremonia, el imprevisible rey sorprendió a Tailandia al anunciar que se había vuelto a casar con su pareja de hace tiempo, una antigua azafata de Thai Airways elevada al título de “Somdet Phra Nang Chao Suthida Phra Boromna Rajini” o “Su majestad la reina Suthida”. Miembro de su escolta personal, la reina Suthida fue ascendida a general el día en que Vajiralongkorn ascendió al trono en 2016.

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