Francia

A 500 años de la amistad de Leonardo Da Vinci y Francisco I de Francia, el “Rey Sol del siglo XVI”

A los 64 años, el artista abandonó Italia para ponerse al servicio del rey Francisco I de Francia. Muchas de sus obras, incluida La Gioconda, fueron vendidas al monarca y siguen hoy en el Louvre.

El 2 de mayo de 1519, hace 500 años, murió Leonardo Da Vinci. El maestro florentino tenía 64 años cuando, mientras enfrentaba la rivalidad de Miguel Ángel y Rafael, fue convocado por el joven rey Francisco I de Francia para ayudar a dar refinamiento y sofisticación a la corte. Francisco I, conocido como “el Rey Sol del Siglo XVI”, es considerado uno de los responsables por llevar a Francia hacia el Renacimiento, siguiendo el camino que su antecesor, Luis XII, había comenzado al llevar a Francia arquitectos y artesanos de Florencia, Milán y Roma.

Viendo que los pedidos de trabajos comenzaron a disminuir en Italia, Leonardo no dudó en aceptar la invitación del monarca, quien lo contrató por un espléndido salario para ser el “primer pintor, ingeniero y arquitecto del Rey”. En ese momento, Francisco I tenía apenas 23 años, y su ambiciosa madre, Luisa de Saboya, estaba segura de que Da Vinci sería una influencia beneficiosa para su hijo. El artista cruzó los Alpes acompañado de Francesco Melzi, su discípulo más fiel, llevando en sus bolsos de cuero a la Mona Lisa, a San Juan Bautista y a Santa Ana, así como numerosos cuadernos, manuscritos y notas. Llegó a Francia en el otoño del año 1516, y Francisco y la reina madre lo recibieron con los brazos abiertos en el Castillo de Amboise, la residencia favorita del rey. Leonardo recibió una pensión real y fue invitado a instalarse en el castillo Cloux, ahora Clos-Lucé, a 400 metros de Amboise.

FRANCISCO I DE FRANCIA

El maestro italiano gozó de un exilio dorado en Francia. “Para Francisco I, la presencia de Leonardo daría brillo a la corte francesa e impulsaría un mayor desarrollo cultural y artístico de la corte francesa. Los reyes de Francia siempre habían querido igualar a las cortes italianas. Leonardo era un artista cotizado pero su protector italiano, Juliano II de Médicis, había muerto prematuramente. Esto permitió que Da Vinci aceptara la invitación del rey de Francia”, dijo el director del Castillo de Amboise, Jean-Louis Sureau. Aunque no comenzó ningún proyecto pictórico nuevo, sí se dedicó a sus investigaciones y trabajó arduamente en varios proyectos de envergadura para Francisco I tras ser nombrado ingeniero y arquitecto del rey.

En sus tres años en Amboise, “Leonardo organizó fiestas para el rey, realizó obras de ingeniería civil, siguió dibujando animales y naturaleza, dio un toque final a su Santa Ana”, explica Catherine Simon Marion, directora del museo del castillo de Clos-Lucé. “Permanecerá animado hasta el final por su inmensa curiosidad. Era un hombre sano y vegetariano que montaba a caballo”. “La madre de Francisco entendió que Leonardo sería el hombre que haría brillar a su hijo. En cuanto al joven rey, estaba fascinado por sus conocimientos en anatomía, botánica y espiritualidad. Lo veía a ver casi todos los días, le llamaba ‘mi padre’. Leonardo le aportaba una forma de aprendizaje del conocimiento”, añade.

Leonardo y el Castillo de Chambord

LEONARDO MURIÓ HACE 500 AÑOS, EL 2 DE MAYO DE 1519.

Se cree, asímismo, que Leonardo estuvo implicado en el diseño original del castillo de Chambord, cuya construcción comenzó poco tiempo después de la muerte de da Vinci. Según Haylay Edwards Dujardin, autora del libro “Leonardo da Vinci, en ese entonces “Leonardo ya no está en su fase de creación. No es lo que se esperaba de él. Ya no responde a pedidos. No produce nada para Francisco I. Ya no tiene nada que proponer y ya no quiere proponer nada. Está sumido en sus investigaciones. Vive un retiro tranquilo con un rey que lo hospeda, lo alimenta, no pide nada más que intercambios intelectuales”. En cuanto a la construcción del castillo de Chambord, que comenzó unos meses después de su muerte, “todo indica que los planos podrían haber sido inspiración de Leonardo”, estima prudente su delegada general. “Trabajó junto al rey en planos para la construcción de un castillo ideal (…) y conoció a Dominique de Cortone, arquitecto de Chambord. Leonardo da Vinci había dibujado en planos escaleras de doble o cuádruple revolución. Por lo tanto, se puede suponer que sirvieron de inspiración para Chambord”, cree la autora.

Leonardo llevó consigo a Francia numerosos dibujos así como tres cuadros emblemáticos y muy importantes para Leonardo: “La Gioconda”, el “San Juan Bautista” y “La Virgen, el niño Jesús y Santa Ana”, pinturas en las cuales trabajó durante largos años. “Fue su voluntad traer esos cuadros a Francia. De hecho, dio en Amboise dio los últimos retoques al ‘Santa Ana’, cuadro en el que trabajó durante más de 15 años. Y poco antes de la muerte de Leonardo, Francisco I compró las tres pinturas. Por eso es que hoy en día esos cuadros están en el Louvre, junto a otros dos lienzos, ‘La Virgen de las rocas’ y ‘La Belle Ferronière’. Es decir que en Francia se encuentra un tercio de la obra pictórica de da Vinci”, aseveró Vincent Delieuvin, director de pinturas italianas del Museo del Louvre y especialista de da Vinci.

Los tres años que vivió da Vinci en Francia permitieron sellar una gran amistad entre el artista y Francisco I, quien durante todo su reinado puso un gran empeño por embellecer y dar prestigio al sistema cortesano que lo rodeaba. Los expertos afirman que el joven monarca le visitaba diariamente y hasta lo llamaba “mi padre”. Pero además, Francisco estuvo fascinado por los conocimientos de anatomía, botánica, ingeniería y espiritualidad del genio italiano. Sin embargo, Leonardo no murió en los brazos del rey, como versa la leyenda. El 23 de abril de 1519, Leonardo, quien se encontraba enfermo desde hacía varios meses, redactó su testamento. Murió el 2 de mayo en Cloux, a los 67 años y fue enterrado en la capilla Saint-Hubert del castillo de Amboise, donde pasó vivió los tres últimos años de su vida.