Japón

Al ascender al trono, emperador Naruhito prometió estar siempre con los japoneses

Los tesoros imperiales fueron entregados al 126º “Tenno” en el palacio imperial, en una ceremonia que marca el inicio de la era Reiwa.

Naruhito se convirtió en el nuevo emperador de Japón tras la abdicación de su padre, con lo que se abre una nueva era bautizada Reiwa (“Bella armonía”). El soberano Akihito concluyó el martes las ceremonias de abdicación tras 30 años de reinado, cediendo en vida el trono del Crisantemo el miércoles a las 00 horas (Tokio), en la primera abdicación en Japón en más de dos siglos. El país entró así en el año 1 de la nueva era imperial “Reiwa” (“bella armonía”), después de tres décadas de era Heisei (“logrando la paz”).

Naruhito juró “actuar de acuerdo con la Constitución… y orientar siempre mis pensamientos hacia el pueblo, y estar junto a él”. En su mensaje, el 126° emperador de Japón dijo que bucará seguir el camino seguido por su padre, el popular emperador Akihito, quien es considerado el primero en tratar de aproximar la familia real a los ciudadanos japoneses, especialmente durante desastres naturales. “Cuando pienso en las importantes responsabilidades que he asumido, me siento pleno de un sentimiento solemne”, dijo el emperador, de 59 años, quien llegó al trono luego de la abdicación de Akihito, la primera en más de dos siglos.

Naruhito prometio “tener en mente el camino recorrido por emperadores pasados”, y dijo estar empeñado en mejorar constantemente. Se espera que Naruhito busque mantener el estilo de su padre, aunque también deberá proteger las centenarias tradiciones que rodean a la familia real japonesa y el Trono del Crisantemo. En nombre del pueblo japonés, el primer ministro Shinzo Abe dijo estar “determinado a crear un futuro brillante para un Japón orgulloso, lleno de paz y esperanzas en momentos en que la situación internacional cambia dramáticamente”.

En una silenciosa ceremonia llamadaKenji to Shokei no Gi” y celebrada en la Sala de Pino (Matsu no Ma) del palacio imperial de Tokio, el emperador Naruhito recibió los Tres Tesoros Imperiales, emblema del poder temporal y espiritual de los emperadores. Se trata del Espejo Sagrado (Yata no Kagami), la Espada Sagrada (Ksanagi no Tsurugi) y la Joya Sagrada (Yasakani no Magatama), que han sido transmitidos de emperador a emperador durante al menos los últimos 1.000 años. Los tesoros imperiales tienen orígenes en la mitología shintoista, que cree que fueron legados por la Diosa del Sol, Amaterasu-Omikami, a su bisnieto y primer emperador nipón, Jimmu, hace 2.600 años.

La importancia de estos objetos, cuya apariencia nadie conoce y se conservan en santuarios sagrados, llevó a que durante siglos hubiera batallas para obtenerlos. Cuando el clan Minamoto persiguió al clan Taira en la Era Heian (794-1185), los últimos huyeron de Kioto junto con el emperador Antoku y la Regalia Imperial, mientras en el Período de Nanboku-cho (1336-1392), cuando había dos líneas imperiales, hubo numerosas batallas para capturar los tesoros. Los tesoros representan las características que tiene que tener el emperador de Japón: el valor (espada), la sabiduría (espejo) y la benevolencia (la joya). Sin embargo, son objetos velados a cualquier mortal y ni siquiera los emperadores los han visto.

El momento es histórico -se decretaron diez días de vacaciones excepcionales- pero el cambio de soberano se llevó a cabo discretamente, tras las puertas cerradas del palacio. En los alrededores de este sitio protegido del centro de Tokio, donde se reforzó la presencia policial, no se congregó en cambio ninguna multitud para marcar a media noche el advenimiento de Reiwa. Solo algunos japoneses se desplazaron a pesar de la lluvia para inmortalizar el cambio de era. En los barrios festivos de la capital (Shibuya, Shinjuku), los bares se unieron a la celebración, salpicada de escasos altercados entre nacionalistas y militantes de extrema izquierda.

Desde hace un mes, las tiendas pusieron a la venta objetos conmemorativos especiales y proponen rebajas “Heisei/Reiwa”. Hubo parejas que eligieron casarse en esta noche especial, en la que las cámaras de televisión toman imágenes igualmente de los últimos bebés de Heisei y los primeros de Reiwa. Luego de una era imperial marcada por numerosas catástrofes naturales, desde el sismo de Kobe en 1995 hasta el tsunami del noreste en marzo de 2011, pasando por el estallido de la burbuja financiera e inmobiliaria, muchos son los que esperan que Reiwa se “más segura, más calmada”.

“Que Reiwa sera una era en la que todos puedan vivir felices. Por mi parte, soy empleado y me gustaría que se abra un nuevo periodo en el que disfrutemos mejor de la vida”, destacó Takashi Imamura, de 35 años. Minami Yoshida, una estudiante de 22 años, desea por su parte “una era apacible y alegre”. Al contrario que en 1989 (muerte de Hirohito), 1926 (muerte del emperador Taisho) o 1912 (muerte del emperador Meiji), el paso de Akihito a Naruhito se desprende de una ley de excepción hecha a medida y el cambio de era fue celebrado por la población. Horas antes, Akihito, de 85 años, cerró su reinado en una corta ceremonia de apenas diez minutos en el Salón del Pino (Matsu-no-Ma), considerado el más elegante salón del palacio imperial. “Expreso desde el fondo de mi corazón mi gratitud al pueblo de Japón que me aceptó como símbolo del Estado y me apoyó”, leyó en su discurso de despedida.

En un emotivo momento, tendió la mano a su esposa desde hace 60 años, Michiko, cuando esta descendía de la tribuna, y quedó inmóvil un instante mirando hacia los asistentes, antes de abandonar la sala inclinándose delante de los 300 invitados. La pareja imperial goza de gran respeto en su país por su cercanía a los ciudadanos. La emperatriz Michiko despierta “gran entusiasmo” y él supo ganarse el afecto “por ejemplo estrechando manos”, precisa Hideya Kawanishi, profesor de la universidad de Nagoya. “El emperador es alguien que pertenece a las altas esferas pero le siento muy cercano a nosotros, especialmente porque siempre se desplazaba a los lugares de catástrofes naturales para encontrarse directamente con el pueblo”, subraya Rikia Iwasaki, un estudiante reunido delante del palacio.

Pasan ahora a ser emperador y emperatriz eméritos y ceden el palacio imperial a Naruhito y a su esposa Masako, de 59 y 55 años respectivamente. En el muy esperado primer discurso de Naruhito el miércoles, después de su coronación, este debería dejar entrever el carácter que quiere dar a su reinado. Akihito trabajó para conferir al rol constitucional una esencia de “símbolo de la unidad del pueblo”, y Naruhito promete seguir los pasos de su padre. Ha dejado claro que continuará obrando para que las generaciones futuras conozcan los abusos cometidos por Japón durante la guerra y apoyando a las víctimas de catástrofes naturales.

PERFIL DEL 126º EMPERADOR

Naruhito nació el 23 de febrero de 1960, siendo el hijo mayor del emperador Akihito y la emperatriz Michiko. Se convirtió en heredero al trono en enero de 1989 tras la muerte de su abuelo, el emperador Hirohito, pasando a ocupar oficialmente el cargo de príncipe heredero en febrero de 1991.Graduado en Historia por la Universidad Gakushuin en Tokio en 1982, un año después en el Merton College de la Universidad de Oxford, donde estudió otros tres años. Además, completó la primera parte de un doctorado en humanidades en la Universidad de Gakushuin en 1988.

En 1993, Naruhito atrajo la atención mundial cuando el Palacio Imperial anunció su esperado compromiso con Masako Owada, una diplomática de carrera graduada en la Universidad de Harvard. El enlace se produjo en junio de ese mismo año. Los nuevos emperadores tienen una hija de 17 años, la princesa Aiko, nacida en 2001, ocho años después de la boda. Sin embargo, conforme a la Ley de la Casa Imperial nipona, Aiko no podrá suceder en el trono a su padre puesto que se estipula que el heredero debe ser “un vástago varón del linaje imperial”.

Sin embargo, Japón ha tenido un total de 10 emperatrices desde Suiko, cuyo reinado tuvo lugar entre los años 592 y 628, si bien la última mujer en ocupar el Trono del Crisantemo fue la emperatriz Gosakuramachi, que lo hizo entre 1762 y 1770. De esta forma, el nuevo príncipe heredero (“kotaishi”) será el hermano de Naruhito, el príncipe Akishino, de 53 años. Le seguirán en la línea sucesoria el príncipe Hisahito, de 12 años, único hijo varón del príncipe Akishino y la princesa Kiko, que también tienen otras dos hijas -Mako, de 27 años, y Kako, de 24-.

La familia imperial japonesa está menguando, en un claro reflejo de la situación del país, donde la población es cada vez menor y más vieja. Así, actualmente solo está compuesta por 18 miembros, frente a los 24 que tenía en 2005, cuando la única hija del emperador Akihito, la princesa Nori, se convirtió en plebeya tras casarse con un hombre ajeno a los círculos imperiales. Las princesas, como es el caso de Nori a la que ahora se conoce como Sayako Kuroda, deben abandonar su estatus de miembros de la Casa Imperial cuando se casan con plebeyos. Actualmente, el príncipe Hisahito es el único varón de su generación, mientras que hay seis mujeres que aún no se han casado, por lo que cabe esperar que el número de miembros siga disminuyendo en los próximos años.

SU PAPEL COMO HEREDERO

En los últimos años, Naruhito y Masako han visitado zonas afectadas por desastres tras terremotos, inundaciones y el tsunami de 2011 que provocó el desastre nuclear en Fukushima y han hablado con los residentes afectados. “Me gustaría realizar mis funciones como el símbolo del Estado mientras que siempre estoy presente para los japoneses y comparto mi alegría y penas con ellas” como han hecho Akihito y Michiko, dijo el príncipe heredero en una rueda de prensa el pasado febrero.Naruhito también es conocido por su investigación sobre cuestiones relativas al agua y ha ofrecido numerosos discursos y conferencias en todo el mundo. Al futuro emperador le gusta jugar al tenis, correr y hacer montañismo y también toca la viola y ha actuado en público.

Para ayudar a fomentar las relaciones bilaterales, Naruhito también ha visitado varios países. “Creo que la buena voluntad internacional y las actividades de intercambio relacionadas son una parte importante de nuestra obligación oficial. Eso me dio la oportunidad de visitar más de 30 países y de reunirme con invitados internacionales, jóvenes representantes y ganadores de premios internacionales que vinieron a Japón”, subrayó en febrero. “Me sentiría agradecido si tales oportunidades hubieran contribuido a la amistad y la buena voluntad entre Japón y otros países. Aprecio que estas experiencias también hayan ayudado a ampliar mi visión del mundo y profundizar mi interés”. Aunque el primer ministro, Shinzo Abe, ha minimizado el papel de Japón en las atrocidades y los crímenes de guerra cometidos por Japón, lo cual ha tensado las relaciones con otros países asiáticos, especialmente China y Corea del Sur, el príncipe heredero no parece coincidir con él. “Es importante mirar hacia el pasado de forma humilde y traspasar de forma correcta las trágicas experiencias de guerra y el conocimiento sobre el curso de la historia”, sostuvo durante una rueda de prensa celebrada en febrero de 2015.

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