Abdicación en Japón

Un espejo, una espada y una joya: los misteriosos tesoros del emperador de Japón

Las regalías pasan de emperador a emperador, según la leyenda, desde que fueron entregadas por la “diosa gloriosa que brilla en el cielo” a su bisnieto Jimmu, el primer emperador hace 2.600 años. El 1 de mayo, serán entregadas al príncipe Naruhito.

Por Darío Silva D’Andrea

En Japón los emperadores no son coronados, sino proclamados en una vistosa ceremonia tradicional que tiene lugar muchos meses después de su ascenso al trono. El instante exacto en que los príncipes se convierten en emperadores es cuando reciben los Tesoros Sagrados, también conocidos como la Regalía Imperial, que se transmiten de emperador a emperador.

Los tres tesoros que el príncipe Naruhito recibirá el próximo 1 de mayo, cuando se convierta en emperador tras la abdicación de su padre, son el Espejo Sagrado (Yata no Kagami), la Espada Sagrada (Ksanagi no Tsurugi) y la Joya Sagrada (Yasakani no Magatama), que han sido transmitidos de generación en generación durante al menos los últimos 1.000 años. Los tesoros imperiales representan las características que tiene que tener el emperador de Japón: el valor (espada), la sabiduría (espejo) y la benevolencia (la joya). Durante los siglos hubo batallas para obtener las insignias. Cuando el clan Minamoto persiguió al clan Taira a fines del Período Heian (794-1185), los miembros huyeron de la capital, Kioto, junto con el emperador Antoku y la Regalia Imperial, mientras en el Período de Nanboku-cho (1336-1392), cuando había dos líneas imperiales, hubo numerosas batallas para capturar los tesoros.

Las tres reliquias sagradas (Sanshu no Jingi) datan de la época de Jimmu, el bisnieto de los dioses y primer emperador de la línea dinástica japonesa aunque de origen mitológico: era bisnieto de Amaterasu, la diosa del Sol, cuyo nombre significa “Diosa gloriosa que brilla en el cielo”, y es una de las deidades sintoístas (kami) más importantes.

Según la tradición, la dinastía surgió cuando Ninigi-no-Mikoto, hijo de Amaterasu bajó desde las orillas del Río Celestial (la Vía Láctea), hasta la tierra en la isla de Kyushu. Ninigi-no-Mikoto quiso casarse con Konohana, hija del dios de la montaña. Aquel dios se lo concedió, y le otorgó también a su primogénita, a quien el joven pretendiente rechazó por su fealdad. El dios, enojado, puso en marcha un conjuro. La mujer rechazada hubiera dado a Ninigi-no-Mikoto una descendencia de vida eterna, mientras que Konohana sólo le daría descendientes mortales.

Aquel místico matrimonio tuvo tres hijos gemelos, Hoderi, Hosuseri y Howori. El tercero se hizo pescador y se internó en el gran océano, donde conoció a Toyo-tama Bime, la hija del dios del Mar, Susano, y se casó con ella. El único vástago de la pareja, Ugayafukiahezu, se convirtió en cocodrilo cuando su padre lo miró, desatendiendo los ruegos de su esposa. Agraviada, la diosa Toyo-tama abandonó al recién nacido, aunque no pudo olvidarse de él, por lo que encargó a su hermana, Tama-yori, que lo criara. Ella no sólo se hizo cargo del niño, sino que pasado el tiempo se casó con él.

Uno de sus cuatro hijos, Kamy-Yamato, más conocido como Jimmu, se convertiría en el primer emperador de Yamato, o Japón, lo que da como resultado que la estirpe imperial nipona descienda de la diosa del Sol, el dios de la Montaña y el dios del Mar. Jimmu recibió el rango de “Tenno” y comenzó a reinar el 11 de febrero del año 660 a.C, cuando su bisabuela Amaterasu dejó de esconderse y le concedió las insignias imperiales diciéndole: “La lozana tierra de los cañaverales es un país que heredarán nuestros descendientes. Ve allí, mi imperial nieto, y gobiérnalo. Y que nuestro linaje imperial continúe intacto y próspero, coetáneo entre el cielo y la tierra“. Y el reinado de Jimmu se extendió hasta el año 585 a. C.

Cuando el emperador Akihito fue entronizado en enero de 1989, se le entregó la espada y la joya colocándolas en una plataforma frente a él en la Matsu-no-Ma (sala estatal), en una ceremonia llamada “Kenji to Shokei no Gi“. El espejo permaneció en el Kashikodokoro, uno de los tres santuarios del Palacio Imperial, cuando se transmitió. Debido a que los Tres Tesoros Sagrados tienen raíces mitológicas, hubo oposición en el Parlamento a celebrar este rito, ya que la Constitución japonesa contempla la separación de religión y Estado, cuyo máximo símbolo en el emperador. Sin embargo, el gobierno sostuvo que la ceremonia es un activo de carácter público y que está estrechamente relacionada con el Trono del Crisantemo y, por lo tanto, la definió como un “acto en asuntos de estado”. 

La espada y la joya actualmente se guardan en el Kenji-no-Ma (Sala del Tesoro) del palacio de Tokio. Sin embargo, los expertos aseguran que el espejo y la espada en el Palacio Imperial son réplicas. Se dice que el espejo real se guarda en el Gran Santuario Ise -Prefectura de Mie-, mientras que la espada original se guarda en el Santuario Atsuta, en Nagoya. Los objetos son considerados atributos personales de cada emperador, pero según el Artículo 7 de la Ley de Finanzas de la Casa Imperial, se definen como activos “honrados por el tiempo” que deben transmitirse junto con el trono. Como tales, los tesoros del emperador no pueden ser heredados, vendidos o subastados y están libres de impuestos.

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