Bicentenario de la reina Victoria

El día que la reina Victoria ordenó al gobierno que persiguiera y “mitigara el mal” de Jack el Destripador

Jack asesinó a cinco mujeres en Whitechapel a fines de 1888. Horrorizada por lo sucedido, la monarca escribió al Ministerio del Interior y al primer ministro exigiendo una acción urgente.

En 1888 la reina Victoria de Gran Bretaña emitió un decreto real con la orden de buscar y capturar a Jack el Destripador porque estaba tan horrorizada por sus crímenes atroces. La sorprendente afirmación surge en un nuevo libro del renombrado historiador real Ian Lloyd, que encontró una nota en el diario privado de la reina el 4 de octubre de 1888, en plena conmoción por los asesinatos. Entre el 31 de agosto y el 9 de noviembre, cinco mujeres fueron asesinadas en el área de Whitechapel, al sur de Londres.

La reina escribió: ‘Terribles asesinatos de mujeres desafortunadas de una clase mala en Londres. Eran seis, con horribles mutilaciones”. Según el historiador, la reina Victoria acudió al Ministerio del Interior “para mitigar el mal” de este asesino serial que aterrorizaba los barrios pobres. Godfrey Lushington, subsecretario de Estado, dijo que el ministro del Interior estaba trabajando con la policía “con miras a tomar las medidas que sean convenientes para ayudar a los peticionarios y mitigar el mal que les aqueja”.

Cuando Mary Jane Kelly fue asesinada el 9 de noviembre, la reina fue directamente al primer ministro, el marqués de Salisbury y escribió: “Este nuevo y horrible asesinato muestra la absoluta necesidad de una acción muy decidida”. Todos los tribunales deben estar alertas y nuestros detectives deben mejorar”. Tres días después, el ministro de Interior, Henry Matthews, escribió: “La reina teme que el departamento de detectives no sea tan eficiente como podría ser. Sin duda, los recientes asesinatos en Whitechapel se cometieron en circunstancias que dificultaron mucho la detección; aún así, la Reina piensa que, en el área pequeña donde se han cometido estos horribles crímenes, se podría emplear a un gran número de detectives, y que cada posible sugerencia podría ser examinada cuidadosamente y, si es posible, seguirla”.

“¿Se han examinado los botes de ganado y los de pasajeros? ¿Se ha investigado el número de hombres solteros que ocupan las habitaciones? La ropa del asesino debe estar saturada de sangre y debe mantenerse en algún lugar. ¿Hay suficiente vigilancia por la noche? Estas son algunas de las preguntas que se le ocurren a la Reina al leer los relatos de este horrible crimen”, escribió Matthews, dejando en claro que la reina conocía los rumores de que el Destripador podría ser un marino o un huésped en una pensión. Pese a la intensa búsqueda, el Destripador nunca fue capturado, pero gracias a las características de sus “cinco asesinatos canónicos”, se consiguió extraer un pequeño perfil criminal del autor: era zurdo, con mano hábil para realizar cortes precisos, presumiblemente de clase alta y con buena presencia física. A partir de ahí, comenzaron las pesquisas para tratar de descubrir quién era el asesino en serie que tenía atemorizado a Londres.

Pero nunca se pudo llegar a una conclusión ni encontrar un nombre exacto. Muchos fueron los sospechosos detenidos y señalados de ser Jack El Destripador: desde asesinos vulgares, a violadores o enfermos mentales, pasando por prohombres de la época como el doctor William Gull, el pintor Walter Sickert hasta el mismísimo príncipe Alberto Víctor, nieto de la reina Victoria. En 1970, el Thomas Stowell escribió en The Criminologist que el asesino era un “heredero del poder y la riqueza”, lo que aumentó la sensación de que Alberto Víctor era el verdadero Jack. Agregó en la investigación que el “heredero” tenía la sífilis del cerebro, que contrajo de las prostitutas de los barrios pobres de Londres y se vengó de las “damas de la noche”. (S.C.)

Anuncios