Asia & Oriente Medio

Los palacios abandonados de un príncipe malasio podrían valer US$3.500 millones

En el interior del vasto parque Tyersall se encuentran las ruinas de Istana Woodneuk, el palacio construido por sus antepasados ​, los sultanes de Johor, ​a finales del siglo XIX.

En el corazón de Singapur, una de las ciudades más caras del mundo, hay un extenso terreno baldío de terrenos privados 30 veces más grande que la Casa Blanca. Cerca de la embajada de los Estados Unidos, una zona donde los condominios limítrofes tienen un valor de 3,3 millones de dólares cada uno, la franja de la jungla abandonada esconde los restos de dos palacios abandonados que tendían un valor de unos 3.500 millones de dólares, según una estimación. En una ciudad donde casi 8.000 personas se amontonan en cada kilómetro cuadrado y los precios inmobiliarios se encuentran entre los más altos del mundo, es uno de los anacronismos urbanos más grandes de Asia.

“Ser propietario de un pedazo de tierra en Singapur es ciertamente un privilegio, ya que la tierra es el recurso más valioso en la ciudad-estado”, dijo Christine Li, directora senior y jefa de investigación para Singapur en Cushman & Wakefield. “Durante los últimos cinco años décadas, los precios de la tierra se han apreciado significativamente. Esto ha impulsado la creación de riqueza para las generaciones mayores. Muchos también aspiran a poseer una propiedad de tierras, ya que es un símbolo de estatus para los adinerados”, dijo la especialista citada por Bloomberg.

Lo más sorprendente del caso es que los palacios abandonados pertenecen al príncipe heredero Tunku Ismail Sultan Ibrahim de Johor, un joven de 34 años que aparece como propietario registrado de la parcela de 210.875 metros cuadrados ubicada en el antiguo Parque Tyersall, junto al Jardín Botánico. En el interior, devastadas por el fuego y la decadencia, se encuentran las ruinas de Istana Woodneuk, el palacio construido por sus antepasados ​, los sultanes de Johor, ​a finales del siglo XIX. El lugar fue una vez más grande, pero se redujo gradualmente a medida que el gobierno de Singapur adquirió tierras para ampliar los Jardines Botánicos, un sitio del Patrimonio Mundial de la Unesco.

Malasia tiene una monarquía constitucional, donde el trono nacional rota entre los gobernantes de los nueve estados del país cada cinco años. El estado sureño de Johor está gobernado por el padre del príncipe heredero, el sultán Ibrahim Sultan Iskandar, uno de los hombres más ricos y ostentosos de Malasia. El año pasado, el monarca de 60 años puso 12 autos de lujo de su extensa colección en exhibición en un evento celebrado para conmemorar el 90 aniversario del recinto de la Singapore’s Fullerton Heritage. Incluían un Lamborghini LM002 de 1991 y un LG6 Lagonda Lightweight de 1938, el único en el mundo.

Los otros activos del sultán, que algún día pasarán a manos de su hijo, incluyen una participación del 22 por ciento en Forest City de Malasia, un proyecto de 100.000 millones de dólares construido en China con apartamentos en islas artificiales en el sur del país, y la familia también posee participaciones en una variedad de compañías públicas de 7-Eleven Malaysia Holdings a la firma de telecomunicaciones REDtone International. Sin embargo, el príncipe heredero no podrá sacar provecho de su tierra de Singapur en el corto plazo, incluso si quisiera. El área no desarrollada está zonificada para “uso especial de espacios verdes”, lo que significa que el desarrollo para otros fines, como residencial o comercial, está restringido.

Si eso cambia, el terreno se encuentra en uno de los distritos residenciales más deseados de Singapur, podría valer al menos 4.700 millones de dólares, superando con creces a residencia más cara de Singapur, comprada por un magnate petrolero por 78 millones, según informó Business Times. El sultán, sin embargo, es pragmático cuando se trata de asuntos de dinero. “Seamos honestos, somos un monarca constitucional. Tengo que ganarme la vida como todo el mundo”, el sultán dijo en una entrevista de 2015 con el periódico local The Star. “No puedo depender de mis asignaciones de RM27,000 ($ 6,640) por mes. Debo ganarme la vida, como los malayos comunes”.

Gracias a sus negocios, el sultán Ibrahim Ismail de Johor es uno de los hombres más ricos de Malasia. Muy aficionado a viajar, en su palacio guarda una colección de más de 300 coches y motos donde se cuentan por decenas los Rolls-Royces, Bentleys, Aston Martin, Mercedes y BMW, tanto nuevos como antiguos. Pero, por muy lujosos que sean dichos vehículos, ninguno de ellos iguala su última adquisición: un avión Boeing 737 pintado en oro, con capacidad para 30 pasajeros, un salón comedor, dormitorio, ducha y tres cocinas. El sultán también es el más poderoso, ya que tiene su propio ejército, una condición acordada para que el estado se una a la Malasia moderna. El papel de su ejército es en gran parte ceremonial hoy en día.

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