Bicentenario de la reina Victoria

Revelan una desgarradora carta de la reina Victoria tras la muerte de su hijo menor

El príncipe Leopoldo, víctima de la hemofilia, murió a los 30 años. La monarca se sentía profundamente conmovida por una serie de pérdidas muy cercanas.

Una carta de 1884, en la que la reina Victoria de Gran Bretaña abrió su corazón para describir su “terrible tristeza” solo tres días después de que el menor de sus hijos varones, el príncipe Leopoldo, será subastada por la casa de subastas Swann en Nueva York, el próximo 21 de marzo. El príncipe y duque de Albany padecía de hemofilia desde su nacimiento y murió a causa de una hemorragia cerebral, a los 30 años, mientras se encontraba en un viaje de reposo en Francia.

Dirigida al poeta Alfred Tennyson desde el Castillo de Windsor, una desconsolada reina Victoria escribe: “Casi todo lo que más necesito para sostenerme es lo que me han quitado. Pero aunque toda la felicidad se haya acabado para mí en este mundo, estoy lista para seguir luchando, y rezando para que me apoyen en la carga de mi pesada cruz”. “Todos estos terribles dolores nos muestran, sin embargo, de verdad y de verdad que aquí no es nuestro hogar permanente”, dice la reina Victoria, que escribió esa carta 22 años después de la intempestiva muerte de su esposo, Alberto de Sajonia-Coburgo, y solo 5 después de la trágica muerte de su hija Alicia y varios de sus nietos, víctimas de una epidemia de fiebre tifoidea. Además, en 1883 había muerto John Brown, el caballerizo escocés y amigo íntimo de la reina, lo cual supuso un golpe muy grande a su corazón.

El príncipe Leopoldo sufría de hemofilia y viajó al sur de Francia por orden de un médico en febrero de 1884. “Es muy difícil ver una vida tan joven, tan llena de talento, tan dotada y tan útil que se corta tan pronto”, agrega la reina. “Mientras viva, me dedicaré al bien de mi querido país, que en todas las ocasiones de dolor ha mostrado tanta simpatía conmigo”. Tras la muerte de Alberto, Victoria fue reconfortada por el poema In Memoriam de 1850 de Tennyson, quien había sido respaldado por el príncipe consorte para convertirse en poeta laureado. Victoria conoció a Tennyson en 1883 y le reveló lo importante que sus poemas habían sido para ella durante los tiempos oscuros.

Ivan MacQuisten, consultor de Swann Auction Galleries, dijo: “Esta carta que aparece ahora trae de nuevo al público a la luz pública uno de los miembros más interesantes de la Familia Real. Debido a que Leopoldo murió tan joven y nunca iba a ser rey, desapareció del recuerdo público. Pero él estaba muy cerca de su madre y ella lo llamaba su ‘hijo favorito’. Era particularmente brillante y esto era algo que Tennyson reconoció en él”. “Victoria estaba muy sorprendida con Tennyson”, agrega MacQuisten. “Cuando Albert murió, todo el mundo sabe cuán desolaba estaba y le dijo a Tennyson que “In Memoriam” realmente la consoló. Se puede ver en su carta que, teniendo en cuenta que fue más de 20 años después de la muerte de Albert, todavía se refería a su pérdida”.

Cuando Tennyson conoció a la reina, dijo que le impresionó su dominio de sí misma, su voz melancólica y dulce. Según escribió, la soberana “tenía una majestuosa inocencia, distinta a la que podía verse en otras mujeres”. En otra carta escrita después del fallecimiento de Leopoldo, revelada por la historiadora Carolly Erickson, Victoria le decía a su anciana amiga la princesa Augusta de Prusia: “Me siento profundamente conmovida y aplastada. En su diario no dudaría tampoco en manifestar sus sentimientos más profundos: “Soy una pobre y triste anciana ¡y mi copa de dolor desborda! ¡Oh, Dios mío, en tu compasión salva a mis restantes y queridos hijos!”.

Nacido en 1884, Leopoldo fue el menos conocido, el más inteligente y el más desventurado de los cuatro hijos varones de la reina Victoria. En 1881 contrajo matrimonio con la hermosa princesa alemana Helena de Waldeck-Pyrmont y recibió el título de duque de Albany. Se entregó a varios emprendimientos culturales y filantrópicos, pero una mañana de la primavera de 1884, en Cannes, resbaló sobre un piso embaldosado. Murió a las pocas horas; para unos, de hemorragia interna, para otros, de un ataque epiléptico. Desde su nacimiento, Leopoldo padecía hemofilia, esa enfermedad genética incurable que impide la coagulación sanguínea y convierte en peligro mortal hasta una magulladura o rasguño leves. Se trata de un mal hereditario que se transmite por vía materna (las mujeres son inmunes a sus síntomas) y ataca a los hijos varones en forma aleatoria. La reina Victoria era portadora. Charlotte Zeepvat, la autora de una biografía bien documentada sobre Leopoldo ( Prince Leopold: The Untold Story of Queen Victoria´s Youngest Son ) da a entender que fue el padre de Victoria quien implantó en ella la mutación genética. La había engendrado a los 50 años, lo cual, supuestamente, habría aumentado el riesgo. (S.C.)

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