Personajes

Lalla Salma, la princesa que desapareció del mundo

La esposa de Mohammed VI parece haber sido víctima del mismo destino de sus antecesoras, las reinas a las que Marruecos jamás vio el rostro.

La esposa del rey de Marruecos brilló por su ausencia en la recepción oficial que el monarca, Mohammed VI, ofreció a los reyes de España de visita oficial en su país. La princesa Lalla Salma no apareció en el aeropuerto y tampoco aparece mencionada en el programa oficial de la visita real. El paradero de la consorte es incierto desde hace mucho tiempo y la hermética casa real alauita no pronunció ni una sola palabra al respecto.

La princesa consorte ha estado oficialmente ausente por más de un año, en lo que se rumorea que es una separación matrimonial que las fuentes oficiales nunca han confirmado. Salma desapareció de las inauguraciones, ceremonias cortesanas y no tiene citas oficiales en su agenda, ni siquiera para la fundación de la que fue presidenta, que estaba dedicada a los niños con cáncer. La consorte del rey, como las antiguas esposas de los sultanes marroquíes, parece haber desaparecido en el aire.

La prensa en Marruecos no se atreve a escribir nada acerca de la separación que se rumorea, ya que los asuntos privados de la familia real son tabú. Sin embargo la hermana del rey Mohammed, la princesa Lalla Hasna, en una situación sin precedentes, asumió “de facto” el papel de primera dama y fue la encargada de escoltar este miércoles a la reina Letizia a su llegada a Rabat. La visita del rey Felipe VI y la reina Letizia de España, después de haber sido pospuesta cuatro veces, pareció ser la ocasión ideal para que la Corte Real de Marruecos oficializara, sin palabras, la separación de Mohammed VI y Salma, casi veinte años después de que se comprometieran matrimonialmente.

El padre de Mohammed VI, el rey Hassan II se casó en 1961 con Lalla Latifa, una mujer de una gran familia bereber, y años después algunos historiadores recalcaron que el difunto rey quiso así sellar la alianza entre los árabes y los primitivos pobladores de Marruecos, que constituyen al menos un tercio de la población del país. Sin embargo, el antiguo monarca continuó la costumbre de sus ancestros, tomando a dos esposas y manteniendo un harén con decenas de esclavas y concubinas.

Apenas ascendió al trono alauita, Mohammed VI cerró el harén, indemnizó a las cientos de mujeres que vivían en él y les dio la libertad de llevar una vida normal o continuar viviendo en el palacio de Rabat. Acto seguido, el joven rey rompió con la tradición y reveló el nombre y el rostro de la mujer que había elegido como esposa, Salma Bennani, especialista en matemáticas y primera de su promoción de ingenieros informáticos. La dio el título principesco -algo que ninguna esposa real había gozado en la historia marroquí- y la ubicó en un sitio principal dentro del protocolo real. Por primera vez en los 400 años de la dinastía Al-Alaoui, los marroquíes conocían a quien era, de hecho, su reina.

La anterior “reina” de Marruecos, Latifa Hannoum, nunca ocupó un lugar relevante en la vida pública marroquí. Según la escritora Malika Ufkir, la joven bereber fue enviada al palacio con 15 años por la familia beréber más importante del país con su prima Fátima -de 13 años- y junto a una enorme remesa de jóvenes concubinas “donadas” por prominentes tribus. Latifa sólo consiguió el apelativo de “Madre de los Príncipes” (en realidad en Marruecos no se la llama reina) cuando dio a luz a su primera hija, la princesa Lalla Meryem, en 1962. Como “prerrogativa real”, Hassan mantuvo un harén, pero las mujeres (muchas heredadas de su padre) podían pasar semanas sin verlo.

“Hassan II llegó a disponer de 80 féminas, incluidas las 40 que heredó de Mohamed V y que recibían apelativos según su función en la corte: concubina del cuarto de baño, concubina encargada de las llaves del exterior”, aseguraba Ufkir. Después de seguir una exquisita formación sexual, “las casaban con el rey de cuatro en cuatro en ceremonias suntuosas en el palacio de Fez”. La historiadora habló de un régimen “casi carcelario” para las concubinas e incluso para la propia Latifa recluidas, eso sí, en unos lujosos palacios donde se dedicaban a exhibir caftanes (el traje típico marroquí) ataviados “con piedras preciosas, cinturones de oro, collares, diademas y perlas”. “Latifa era la más elegante y la más adornada”, y Hasan II siempre iba acompañado por ella, pero nadie podía ver su rostro y los periódicos no podían publicar sus fotos. 

Mohammed VI y Salma tuvieron dos hijos: el príncipe Moulay Hassan y la princesa Lalla Khadija. Durante una década, la princesa consorte fue la cara amable de la monarquía marroquí en el mundo, asistiendo a las grandes pompas, bodas reales y coronaciones. Pero algo rompió la armonía en el palacio de Rabat y el encanto se rompió. En 2017, un bloguero anónimo, cercano al entorno real, acusó a Salma de hablar con desprecio a los demás, de tener un carácter “colérico y agresivo”, “grandes dosis de narcisismo”, un “ego desmesurado” y “una preocupación desproporcionada” por su imagen.

El autor desconocido del artículo decía que la princesa consorte discutía con los miembros de la corte y la familia de Mohamed VI, “a pesar de las llamadas al orden recurrentes de su esposo”. Paralelamente, mientras algunas revistas europeas confirmaban la separación del rey y la princesa, otros medios gráficos decían que Lalla Salma se encuentra luchando contra el cáncer, enfermedad que ya no le permite participar de la vida pública. Nada fue confirmado y lo único cierto es que la consorte real marroquí vive hoy bajo una cortina de silencio y muchos creen que tendrá el mismo destino que todas sus antecesoras.

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