Asia & Oriente Medio

Los emperadores de China también abdicaban pero muchos no tuvieron exilios dorados

De las “jubilaciones” en palacios dorados a la tortura pública: fueron muchas las desgracias experimentadas por los antiguos gobernantes chinos.

La repentina renuncia del sultán Muhammad V de Kelantan como el rey de Malasia dejó a mucha gente en la incertidumbre. El monarca debía reinar hasta 2021, pero por razones románticas nunca aclaradas prefirió quitarse la corona de esta particular monarquía rotatoria y dejar que las nueve familias reales del país eligieran a su sucesor.

También este año está prevista la abdicación del emperador Akihito de Japón, la primera vez que un “tenno” (título del emperador que significa ‘príncipe celestial’) se baja del Trono del Crisantemo voluntariamente después de 200 años. A sus 85 años, Akihito adoptará incluso un nuevo título, el de “su majestad el emperador retirado” (joko heika)

Antes de Akihito sin embargo, hubo muchas abdicaciones en una línea dinástica con 2.600 años de historia: se estima que la mitad de los 124 emperadores anteriores renunciaron para convertirse en emperadores-monjes, ocultos de la vista pública para siempre.

Durante los milenios en los que China fue un imperio, hasta la abolición de la monarquía a principios del siglo XX, los casos de emperadores que abdicaron o fueron expulsados por la fuerza de sus tronos estaban lejos de ser poco comunes.

Algunos de estos monarcas fueron asesinados, como el emperador Ai (892-908) de la dinastía Tang; otros, como el emperador Chongzhen (1611-1644) de la dinastía Ming, se suicidaron en lugar de vivir en vergüenza; y muchos se convirtieron en prisioneros del régimen sucesor, aunque en circunstancias mucho más cómodas que cualquier celda.

La mayoría de ellos eran “jubilados” con un título formidable, un estipendio anual y una corte interminable de sirvientes, y a pesar de que sus movimientos estaban severamente restringidos, disfrutaban de un cierto nivel de dignidad como corresponde a un antiguo monarca.

La libertad de los emperadores destronados, sin embargo, era mantenida esencialmente bajo un severo arresto domiciliario. El emperador Xian (181-234) de la dinastía Han, por ejemplo, fue forzado abdicar en el año 220 y nombrado duque de Shanyang. Vivió fastuosamente y murió 14 años después para ser sepultado con todos los honores imperiales.

Algunos fueron menos afortunados. Después de que el emperador Min de Jin se rindiera en medio de una disputa política en el año 316, fue sometido a una humillación ritual antes de ser ejecutado. Otro rey desdichado fue Min, un gobernante ambicioso cuyo reino, bajo su autoridad, estuvo constantemente en guerra con sus vecinos.

En 284 aC, el comandante militar Zhuo Chi se alió con estados vecinos para ayudar al Rey Min a defender su reino. Entonces, por razones desconocidas, Zhuo lo traicionó y mató al rey con una crueldad inusitada. Le quitó los ligamentos de las extremidades y lo tendió en el suelo, dejándolo gritando de dolor por un día y una noche hasta que finalmente el rey murió.

El rey Min fue la excepción. La mayoría de los ex gobernantes que fueron ejecutados murieron rápidamente, mientras que los que quedaron pasaron sus días en una lujosa prisión-palacio, aunque uno se pregunta cómo estos lidiaron la vergüenza de su dramática caída durante el resto de sus vidas.

Hubo muchas abdicación más pacíficas en el pasado imperial de China. Algunos emperadores renunciaron voluntariamente, como el emperador Qianlong de la dinastía Qing, que se retiró en 1795 en el 60 aniversario de su reinado.

Lo hizo por respeto a su difunto abuelo, el emperador Kangxi, que había reinado durante 61 años. Sin embargo, Qianlong se retiró solo de nombre. Como emperador emérito (“taishang huangdi”), continuó manejando los asuntos de estado, con su hijo emperador Jiaqing en asistencia respetuosa, hasta su muerte en 1799, contó el South China Morning Post.

En contraste, la abdicación voluntaria de Huizong, de la dinastía Song del Norte, en 1126, fue un acto irresponsable y cobarde. Al enfrentar un inminente ataque del estado de Jin, Huizong pasó rápidamente la corona a su hijo mayor, el emperador Qinzong, para no tener que lidiar con la crisis. Los invasores saquearon la capital del reino y capturaron a ambos, padre e hijo, que fueron llevados prisioneros recibiendo el tratamiento más degradante.

La mayoría de las abdicaciones imperiales en China no fueron voluntarias, sino el producto de la coerción y la violencia. Para garantizar la seguridad y la estabilidad del nuevo régimen, el emperador entrante con frecuencia asesinó al ex emperador, a veces inmediatamente, a veces después de un intervalo “decente”, cuando ya todos se habían olvidado de su antecesor.

Algunos ex emperadores tuvieron más suerte. En el caso de Puyi, el último emperador de la dinastía Qing, quien renunció en 1912, el gobierno de la República de China le permitió conservar su título de “emperador” y le concedió las cortesías de un monarca extranjero. Sin embargo, eso solo duró hasta 1924, cuando fue degradado a ciudadano de la república. Más tarde, el que había sido el “Hijo del Cielo” y el “Señor de los Mil Años” fue enviado a un campo de “reeducación” donde se convirtió en un ferviente comunista.

Prohibido estrictamente copiar completa o parcialmente los contenidos de SECRETOSCORTESANOS.COM sin haber obtenido previamente permiso por escrito y sin incluir el link al texto original.

Anuncios