Belgica

Así luce el renovado museo que recuerda el dominio personal de Leopoldo II en África

El tataranieto de aquel monarca, el rey Felipe I, no quiso inaugurar al museo para evitar la polémica. Una señal de que las heridas del pasado colonial les costarán mucho más cicatrizar. Tiene 120.000 piezas llevadas desde el Congo en el siglo XIX.

Leopoldo II, rey de Bélgica, tuvo como propiedad privada el Congo sin poner un pie allí en toda su vida. Con 76 veces el tamaño de su país a su antojo, el rey se convirtió en uno de los mayores tiranos de la Historia por sus prácticas en Congo, donde esclavizó a la población, extrajo los recursos naturales y terminó con la vida de millones de personas. En 1908 el territorio pasó a ser propiedad del Estado hasta la independencia de Congo en 1960.

Denominado originalmente “Museo Africano de Bélgica”, en Tervueren, cerró sus puertas en 2013 para realizar trabajos de renovación y reabrió sus puertas a finales de 2018. En ese periodo, uno de los cuestionamientos era sobre cómo iban a aplicar una visión crítica con el legado imperialista de Bélgica. Para el director general del museo, Guido Gryssels, “con la renovación, tratamos de mostrar la imagen de la África contemporánea, ofrecer una visión crítica del pasado colonial y al mismo tiempo, mostrarlo todo en una infraestructura totalmente nueva”.

La renovación costó más de 66 millones de euros, se amplió a 11.000 metros cuadrados y fue rebautizado “Africa Museum”, porque sus directores quieren apostar por una imagen moderna. Atrás quedaría el “Museo del Congo”, como se lo conoció a principios del siglo XX, que mostraba obras que denigraban a las personas de raza negra. La institución posee la mayor colección sobre ese continente en el mundo y quiere demostrar que puede ofrecer una visión amplia y en sus diferentes salas, se puede aprender sobre la cultura, la riqueza lingüística, la historia y el arte del vasto continente.

La antropóloga Bambi Ceuppens, una de las personas que ha contribuido a la nueva imagen de la institución, explica a la cadena francesa RFI que “la representación colonial que se hacía del Congo en la época, era como si este país no tuviera historia; como si en él no vivieran seres humanos y como si solo hubiera animales y plantas. Así que el gran desafío era sobre todo mostrar la historia de la colonización, que es la razón por la que se creó este museo y este edificio, pero también mostrar la África contemporánea“. Pero el museo no puede esconder su pasado.

Los elementos que exhibe el Africa Museum no dejan lugar a dudas: más de 120.000 piezas proceden del Congo, extraídas por los distintos grupos de población que acabaron en el continente africano y volvieron a Europa. En total, más de 170.000 fotos, seis millones de insectos, 200.000 piedras o 650 grabaciones de Congo, Ruanda y Burundi tomadas entre 1940 y 1960 llenan el espacio. Antes de perder las elecciones para repetir como presidente de Congo, Joseph Kabila hizo una petición formal para que se devolvieran algunas de las piezas que trufan el museo para abrir uno propio.

El espectacular palacio neoclásico donde se encuentra el Africa Museum es un lugar de discordia. En este sitio, a finales del siglo XIX el rey Lepoldo II, el monarca que se enriqueció con la colonización del Congo, creó un verdadero “zoológico humano” para la Exposición Universal de 1897. En él, 200 congoleños vivían encerrados, para que las personas blancas los observaran. Muchos de ellos, murieron de frío y gripe por las bajas temperaturas. De hecho, a Leopoldo II se le atribuye la muerte de entre 5 y 12 millones de congoleños en 20 años de reinado, una cifra muy controvertida, por lo que su sucesor, el actual rey Felipe de Bélgica, no quiso asistir a la reinauguración a finales del año pasado para evitar polémicas.

El Museo se enfrenta además a la polémica sobre la restitución de obras a África, especialmente ahora que la República Democrática del Congo esperar abrir su propio museo en 2019 y anunció que pedirá una devolución. “Estoy dispuesto a hablar sobre la restitución de ciertas obras”, admite el director Gryssels. “Pero primero de todo creo que es necesario hacer un análisis de qué podría restituirse: como qué es lo que se adquirió legalmente y lo que se adquirió ilegalmente…así que en este aspecto aun queda trabajo por hacer. Yo hablé ya con museos del Congo, de Luanda, y Senegal, y nos pusimos de acuerdo para un programa de colaboración para mejorar sus capacidades en materia de conservación y restauración de las colecciones, y desarrollar exposiciones temporales“. (SC/DS)