Francia

La princesa y la plebeya: las historias de las dos esposas del conde de París

El fallecido príncipe Enrique de Orleáns, conde de París y pretendiente al trono de Francia, escandalizó a su familia al dejar a su primera esposa por otra mujer. El problema fue tal que su padre, el anterior conde de París, lo “exilió” de la familia y lo desheredó, en una crisis dinástica sin precedentes que solo se solucionó muchos años después.

Enrique de Orleáns, conocido por los monárquicos franceses orleanistas como “Henri VII” y por entonces titulado Conde de Clèrmont, protagonizó lo que muchas revistas europeas llamaron “cuento de hadas” en 1957, a los 23 años, cuando se casó con una verdadera princesa de sangre azul. Se trataba de la duquesa María Teresa de Wurttemberg, descendiente de los reyes de ese desaparecido reino alemán, una princesa bonita, discreta y culta, educada en un convento de Alemania.

Enrique de Orleáns y su primera esposa, María Teresa de Wurttemberg.

Los novios, que se habían conocido en vacaciones, se comprometieron en 1956 en el castillo de Altshausen, residencia de los padres de María Teresa. La prometida, descendiente de los reyes franceses Carlos X y Luis Felipe I, había recibido una educación muy francesa debido a su padre, gran amante de Francia y su cultura. La esplendorosa boda se celebró cinco días después en la capilla real de Saint-Louis de Dreux, a la que acudieron príncipes y princesas de toda Europa.

El matrimonio tuvo a su primera hija, la princesa María Isabel, en 1959, por lo que se esperaba que su segundo hijo fuera un varón que heredara la jefatura dinástica. La alegría de la familia fue inmensa cuando en 1961 nació el esperado varón, el príncipe Francisco, pero pronto los médicos detectaron que el niño padecía una grave discapacidad mental que lo acompañaría el resto de su vida. María Teresa había padecido toxoplasmosis, un virus que había contraído en Argelia, durante el embarazo. Lo mismo sucedió con su siguiente hija, Blanca, nacida en 1962 y discapacitada de por vida.

María Teresa de Wurttemberg asistió el funeral de su exmarido el 2 de febrero. La condesa de París no puso asistir porque se encuentra internada en estado delicado.

Se puede decir que este período de 1957 a los setenta fue un momento muy feliz”, dijo el príncipe Jean, el nuevo conde de París, en una entrevista con el diario francé L’Echo Republican. “Pero en los años setenta, las cosas se complicaron. Mi abuelo, que tenía estrechas relaciones con De Gaulle y dependía mucho de él, se sintió decepcionado al final de su mandato. Este ambiente repercutió en toda la familia. Las parejas rompieron y la de mi padre también”.

Lo que sucedió después fue solo una continuación de la catástrofe familiar. En 1974, el Conde de Clèrmont abandonó el hogar familiar obligando a María Teresa a cuidar y educar a sus cinco hijos, especialmente, a los más vulnerables, Francisco y Blanca. A principios de 1984, los condes firmaron el el divorcio y el jefe de la familia decidió conceder a su nuera el título vitalicio de Duquesa de Montpensier, a modo de disculpa por el maltrato sufrido por su hijo. El conde de París apoyó a su nuera y se ocupó personalmente de la suerte de sus nietos.

Micaela Cousiño y Quiñones de León, de ascendencia vasca, fue la segunda esposa de Enrique de Orleáns.

La “venganza” del conde de París contra su hijo no se hizo esperar: el heredero de la familia fue exiliado de la familia y desheredado. Según relató el príncipe Jean, el divorcio separó a Enrique de sus hijos, que acusaron a la nueva mujer de su padre de haber roto el matrimonio. “A nivel personal y emocional, fue más complicado. Como mi abuelo, era muy generoso, mi padre tenía un lado seductor, sensible, pero podría ser muy duro con su familia. Tienes que ser exigente con tus hijos, pero la relación emocional, por complicada que sea, es importante. No pudo separar el dominio político del dominio personal”, recordó.

La otra mujer era Micaëla Cousinho y Quiñones de León. Divorciada de su primer esposo y padre de su única hija, conoció a Enrique de Orleáns en 1984 y se casó con él civilmente en Burdeos el 31 de octubre del mismo año. En 1999, Enrique de Orleáns sucedió a su padre en la jefatura dinástica y asumió el título de conde de París, pero Micaela tuvo que esperar a 2003 a convertirse en la condesa, tras la muerte de su suegra, la histórica princesa brasileña Isabel de Orleáns-Braganza.

Cuando finalmente El Vaticano anuló el primer matrimonio de Enrique, este pudo casarse con Micaela en una iglesia francesa, ceremonia a la que no asistió ninguno de sus hijos. Los príncipes consideraban a Micaela culpable de la ruptura de sus padres. “Es la coronación de nuestro amor tras 34 años de paciencia, pero ha sido un camino largo y penoso”, dijo entonces Enrique de Orleáns. (S.C./D.S.)