Newsroom

En medio de una eterna guerra familiar, los Romanov quieren cambiar las reglas del juego sucesorio

El objetivo de la gran duquesa María es permitir que los miembros de la dinastía contraigan matrimonio con personas sin “sangre azul”.

El objetivo de la gran duquesa María es permitir que los miembros de la dinastía contraigan matrimonio con personas sin “sangre azul”.

María Vladimirovna, proclamada heredera de la corona imperial de Rusia, espera la bendición del Patriarca Kirill, jefe de la iglesia ortodoxa de su país, para cambiar las leyes de sucesión a la casa imperial vigentes desde 1820. Citado por la agencia rusa Politics Today, el Director de la Cancillería del Jefe de la Casa Imperial Rusa, Alexander Zakatov dijo que el asunto está siendo estudiado, pero las reformas podrían volver a enfrentar a María con sus parientes y rivales de otras ramas de la dinastía que disputan los derechos sucesorios.

El objetivo de la gran duquesa María es permitir que los miembros de la familia imperial contraigan matrimonio con personas que no son de la realeza ni practican la fe ortodoxa, poniendo fin a la ley sucesoria vigente, firmada por el zar Alejandro I que estipula que “ si una persona de la Familia Imperial contrae matrimonio se casa con una persona de un estado desigual al suyo, es decir, no pertenece a ningún Casa real o gobernante, en tal caso, la persona de la familia imperial no puede transmitir a la otra persona los derechos que pertenecen a los miembros de la familia imperial, y los hijos que emanan de ese matrimonio no tienen derecho de sucesión al trono”.

La gran duquesa María, una de las pretendientes al trono ruso.

La Gran Duquesa ha declarado en repetidas ocasiones públicamente que es posible, después de un tiempo, hacer ajustes a las reglas de sucesión al trono, como lo han hecho muchas casas europeas”, dijo Zakatov. “Ella siempre ha enfatizado que tal cambio es posible solo con el consentimiento y la bendición de la iglesia. La Gran Duquesa consulta con el Patriarca sobre todos los asuntos”.

La modificación pretende beneficiaría al gran duque heredero, Jorge Mikhailovich, de 37 años, quien permanece soltero y le abriría las puertas para casarse con la mujer que sea de su elección. “La falta de princesas reales elegibles, y mucho menos una que se convertiría a la ortodoxia ciertamente reduce sus posibilidades de contraer un matrimonio igualitario. Un cambio a la sucesión dinástica, sin embargo, ahora despejará el camino para que Jorge se case por amor”, explica el experto en historia dinástica rusa Paul Gilbert.

La gran duquesa María y su hijo no son descendientes del último zar, Nicolás II, sino de Alejandro II, asesinado en 1881. Una veintena de Romanov fueron ejecutados por los bolcheviques durante la Revolución Rusa, en 1918, y otros muchos fueron enviados al exilio.

María Vladimirovna, hija única del gran duque Vladimir de Rusia, nieta del gran duque Kirill y tataranieta del zar Alejandro II, asesinado en 1881. En 1976 María contrajo matrimonio con el príncipe Franz de Prusia, bisnieto del último kaiser de Alemania, de quien se separó poco después. Actualmente María vive en España y afirma ser la auténtica depositaria de los derechos sucesorios con su hijo, Jorge Mikhailovich, como el verdadero heredero. Varios Romanov afirman que María no tiene tales derechos porque su padre se casó con una princesa de la nobleza georgiana cuyo estatus no estaba a la altura de las reglas sucesorias de 1820.

El gran duque Jorge Mikhailovich fue proclamado “zarévich” cuando nació, una posición discutida.

Cuando en 1981 nació el primer y único hijo de María, bautizado Jorge Mikhailovich, el príncipe Vasili Alexandrovich, quien en ese entonces era el jefe de la Asociación de la Familia Romanov, dijo: “El feliz acontecimiento en la familia real prusiana no afecta a los Romanov porque el príncipe recién nacido no pertenece a la Casa Imperial rusa ni a la familia Romanov“. Acusan también a su fallecido abuelo, Vladimir Kirillovich, cuya titulación como gran duque fue “una violación de la Ley Imperial Rusa”, según Evgeny Pchelov, un historiador ruso y un especialista de renombre internacional en la genealogía Romanov. “Los Grandes Duques solo podían ser aquellos que eran al menos nietos de cualquier Emperador. Y Vladimir Kirillovich era el bisnieto de Alejandro II. Así que no podía tener el título de Gran Duque y Zarévich, como su padre lo nombró“.

“Solamente los miembros de la Casa Imperial Rusa de Romanov pueden reclamar derechos al trono”, agrega Pchelov citado por RBTH. “Esas personas deben nacer primero en un matrimonio igualitario, entre descendientes de dinastías reales”. El último Romanov en satisfacer estas demandas fue la princesa Catherine Ivanovna, quien pasó los últimos años de su vida en Uruguay, donde murió en 2017. “En la actualidad, no hay Romanov nacidos de matrimonios iguales, por lo que, de acuerdo con la Ley Imperial Rusa, nadie puede reclamar los derechos al trono”, concluyó Pchelov.

Hay varios Romanov esparcidos por el mundo, como el artista y autor Andrej Romanov, bisnieto del emperador Nicolás I, que nació en Londres, vive en los Estados Unidos y también reclama la jefatura de la Casa Imperial. En Italia, la actriz Nicoletta Romanoff es la bisnieta de Nicolás I y ha capitalizado su origen colaborando con la firma Damiani para producir la línea de joyería Romanov Collection. El príncipe Rostislav Romanov, uno de los pocos descendientes que viven en Rusia a pesar de haber nacido en EE.UU., actualmente dirige una fábrica de relojes de prestigio y es nieto de la gran duquesa Xenia. (S.C./D.S.)

Prohibido estrictamente copiar completa o parcialmente los contenidos de SECRETOSCORTESANOS.COM sin haber obtenido previamente permiso por escrito y sin incluir el link al texto original.