Dinastia Romanov

Bajo llave, perdidos o robados: los destinos de cinco tesoros de los Romanov

Tras la caía de la monarquía rusa, hace 100 años, el Estado socialista no perdió tiempo en vender huevos Fabergé y otras joyas para recaudar fondos. ¿Qué sucedió con estos tesoros?

Hasta la Revolución de 1917 la familia Romanov gobernó Rusia durante más de 300 años, y durante este tiempo acumuló un gran número de joyas de la corona hechas por los mejores artesanos. De vestidos de gala y huevos Fabergé, a pulseras y broches que impresionaron tanto a los embajadores y gobernantes europeos que muchos de ellos mencionaron estas joyas en sus memorias tras visitar la corte imperial de Rusia.

Después de la caída de la monarquía y la devastadora guerra civil, el joven Estado socialista no perdió tiempo en vender estas joyas para recaudar fondos para construir una nueva sociedad. Los tesoros de valor incalculable acumulados por el antiguo régimen fueron subastados o vendidos directamente a millonarios de Estados Unidos y Europa.

Algunos artículos, principalmente joyas de señora, se dividieron en pequeñas piezas y se vendieron discretamente. Otros encontraron nuevos propietarios en el extranjero o se perdieron sin dejar rastro. Sin embargo, varias piezas importantes permanecieron en el país y ahora se mantienen bajo llave en el Kremlin. Russia Beyond nos cuenta sus historias:

La Corona Imperial de Rusia

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También conocida como la Gran Corona Imperial, la corona fue el principal símbolo de poder para los monarcas rusos y la principal insignia imperial entre 1762 y 1917. Fue utilizada por todos los monarcas rusos, comenzando por Catalina II y terminando con Nicolás II.

Creada por el joyero de la corte George Friedrich Eckart y el artesano de diamantes Jeremiah Posier en sólo dos meses para Catalina II, la corona está decorada con 4.936 diamantes (2.858 quilates en total), 75 perlas mate grandes de la India y una espinela de 398,72 quilates.

Después de la Revolución de 1917, afortunadamente la corona sobrevivió y permaneció en el país. Hoy está guardada en la colección del Fondo de Diamantes, pero no se exhibe al público porque es simplemente demasiado valiosa. Sin embargo, para mostrar el esplendor de la corona, en 2012 se fabricó una réplica especial que costó alrededor de 1.000 millones de rublos (15,1 millones de dólares) y se exhibió en toda Rusia e incluso en el extranjero.

La Diadema Kokóshnik de María Feodorovna

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Otro tesoro que conserva el Fondo de Diamantes, es la Diadema Kokóshnik que perteneció a la esposa del zar Pablo I, la emperatriz María Feodorovna. Podría decirse que es la única diadema original que queda en Rusia, sobrevivió a la Revolución y ahora es una parte de valor incalculable de la colección de la fundación.

Un elemento habitual del aspecto nupcial imperial, la diadema triangular estilo Imperio está formada por diamantes de diferentes tallados y tamaños. Las briolette (piedras preciosas en forma de pera alargada) son móviles: a la más mínima vuelta de la cabeza tiemblan y centellean. La piedra central de la diadema es un raro diamante rosa pálido de 13,35 quilates.

Diadema ‘La Belleza Rusa’

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Una impresionante diadema de perlas y diamantes llamada “La Belleza Rusa” sufrió un destino menos afortunado. Hecha en 1842 por el joyero de la corte Carl Bolin para Alejandra Feodorovna, la esposa de Nicolás I, era una de las piezas favorita de la emperatriz de Rusia María Feodorovna, princesa danesa casada con el zar Alejandro III de Rusia.

La diadema es tan espléndida que en algún momento la Emperatriz la guardó en sus habitaciones. En 1919, después de que su hijo Nicolás II y su familia fueran asesinados, ella huyó del país, llevando sólo con ella las joyas que usaba diariamente. La tiara y otros objetos preciosos de la colección de la corona fueron tomados por los bolcheviques.

Según cuenta la historia, “La Belleza Rusa” fue vendida en Christie’s en 1927 a Holmes & Co, que más tarde la vendió al noveno duque de Marlborough, que la compró para su segunda esposa, Gladys. Cuando murió en 1977, la tiara volvió a cambiar de manos y terminó en la colección de la primera dama de Filipinas, Imelda Marcos.

Después de que ella y su esposo huyeran a Hawai en 1986, la tiara, junto con toda la colección de Marcos, fue confiscada por las autoridades. Se dice que podría reaparecer si el gobierno de Filipinas decide exhibir la tiara o sacarla a subasta.

La gargantilla de perlas y zafiros

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Otro objeto de la colección de María Feodorovna terminó en manos de la realeza británica. El diamante y la gargantilla de perlas, con un zafiro geométrico y un diamante, se vendieron en una subasta junto con otras piezas después de la muerte de Marie.

Supuestamente, fue comprada por la Reina María y después de su muerte en 1953 fue heredada por Isabel II. El collar ha sido usado a menudo por la hija de la reina, Ana, para ocasiones especiales como una gala de 2011, celebrada la noche antes de la boda del príncipe Guillermo.

Un broche de zafiro con arco de diamante

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Este gran broche de zafiro fue una de las cuatro joyas Romanov descubiertas hace unos años en la biblioteca americana de la USGS (Biblioteca de la Inspección Geológica de Estados Unidos, por sus siglas en inglés). Junto con el broche, los investigadores encontraron fotos de una tiara de zafiro y diamante, un brazalete de zafiro y un collar de esmeraldas.

Dichas fotos aparecen en un álbum del Fondo de Diamantes ruso de 1922 pero no están incluidas en la documentación oficial de las Joyas de la Corona Rusa publicada en 1925. Investigadores estadounidenses concluyeron que el broche de zafiro se vendió en Londres en 1927. Lo que le sucedió después, junto a las otras tres piezas, aún no ha sido aclarado.

Lea además: Las joyas de la corona rusa: historias de poder, amor y sangre

Fuente: RBTH

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