Gran Bretaña

Así fue, el 30 de enero de 1649, la ejecución del rey Carlos I de Inglaterra

Fue sentenciado por un tribunal especial, a la medida del revolucionario Oliver Cromwell, a ser decapitado por “traidor, asesino y enemigo público de la nación”.

En vano, el desafortunado rey recusó al tribunal insistiendo en que éste manifestara en virtud de qué ley y de qué derecho se había constituido. Las varias veces que compadeció ante el tribunal, Carlos I fue objeto de insultos por parte del nuevo dictador puritano. Al salir de la sesión en que fue condenado a muerte, el populacho lo recibió con gritos de “¡Justicia! ¡Ejecución!” Uno de los soldados tuvo la indignidad de escupir a la cara del monarca.

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CARLOS I Y SU ESPOSA FRANCESA, ENRIQUETA DE ORLEÁNS.

Carlos I sufrió aquel ultraje con calma y resignación, diciendo: ¡Pobre gente! Por un par d reales harían lo mismo a sus jefes”. Se le dieron unos días más para disponerse a morir. Aquellas noches, Carlos durmió con tanta tranquilidad que no parecía que estuviera a las puertas de la muerte, aunque no cesaba el ruido de los operarios encargados de levantar el patíbulo delante de las habitaciones que ocupaba en el palacio de Whitehall.

Al amanecer del día señalado para su muerte, el rey se levantó y llamó a uno de sus criados, le pidió que lo ayudara a vestirse con más cuidado que de costumbre, con el objetivo de presentarse bien en la gran solemnidad que iba a celebrarse. El rey se puso dos camisas porque hacía mucho frío y no quería que interpretaban el temblor de su cuerpo como miedo. Una de las camisas, de seda y muy gruesa, todavía se conserva como reliquia..

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CARLOS I FUE EJECUTADO COMO SU ABUELA, MARÍA ESTUARDO, EN 1587.

Cuando todavía se estaba vistiendo, le enviaron, sin duda con el propósito de asustarlo, un mensaje diciéndole que se preparara, porque solo le quedaba una hora de vida. La crueldad de sus verdugos llegó hasta el extremo de hacerle pasar por la sala de banquetes de su palacio, la Banqueting House, que es lo único que sobrevivió al incendio que destruyó el palacio de Whitehall y era la sala favorita de Carlos.

El sitio de ejecución fue construido delante de la sala de banquetes, construida expresamente por Carlos y donde el monarca había pasado las horas más felices de su vida. En aquel suntuoso salón Carlos I pasó por al lado del féretro que los revolucionarios habían destinado para él.

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Fue recubierto de negro y rodeado por un regimiento bajo el mando del coronel Tomlinson. Sobre el tablado se veían el tajo, unas poleas y unas cuerdas destinadas a atar al rey y conducirlo al suplicio como un buey al matadero en caso de que opusiera resistencia. Al ver los preparativos, Carlos I alzó sus ojos al cielo diciendo: “Soy un pecador y quiero someterme a la mano vengadora de Dios, pero no a la sentencia inicua de los hombres”.

Dicho esto, se entregó frente a una multitud insultante que clamaba por la sangre del rey. Subió al patíbulo acompañado de su fiel amigo, el obispo Juxon, y después de mirar con tranquilidad el tajo y el pueblo, como sabía que no le sería permitido hacer una declaración pública, dirigió unas cuantas frases a las personas que se hallaban más cercanas.

Justficó su conducta en la guerra contra el Parlamento y dijo humildemente que reconocía la justicia con que Dios lo castigaba por el delito que había cometido al consentir la ejecución de la sentencia contra su amigo y leal servidor, el conde de Strafford.

En el momento en que iba a arrodillarse, le dijo al obispo Juxon: “Abandono una corona corruptible por otra incorruptible, y de la cual disfrutaré eternamente”. Después, dijo a los verdugos que iba a hacer una breve oración silenciosa y que cuando levantase los brazos podían cortale la cabeza

Uno de los enmascarados cortó la cabeza del rey con un solo golpe del hacha mientras otro, tomándola por los pelos, la exhibió ante una multitud que se deshacía en festejos: “¡He aquí la cabeza del traidor!” En recompensa por su servicio al pueblo inglés, el verdugo recibió 30 escudos y una naranja, pero cinco meses después murió, lleno de remordimientos. El pueblo quiso destrozar su cadáver.

El destino de la cabeza del rey

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DIBUJO DE 1888 QUE MUESTRA EL FÉRETRO DE CARLOS I (IZQUIERDA) JUNTO A LOS DE ENRIQUE VIII Y JANE SEYMOUR.

Una semana más tarde, después de ser exhibidos públicamente en el palacio de Whitehall, el cuerpo y la cabeza de Carlos I fueron llevados al castillo de Windsor en medio de una feroz tormenta de nieve por un pequeño grupo de amigos que lo condujeron a la cripta de la capilla de San Jorge.

“Cuando entraron en ella”, escribió el historiador Clarendon, “para elegir sitio de sepultura, encontraron la capilla tan alterada por las profanaciones y los derribos de los soldados revolucionarios que no pudieron descubrir el sitio donde era costumbre dar sepultura a los monarcas”. A duras penas pudieron encontrar a un vecino de Windsor, el cual les indicó una bóveda donde hacían los cuerpos de Enrique VIII y de su esposa Jane Seymour.

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CARICATURA SOBRE LA EXHUMACIÓN DE CARLOS I EN 1813.

Lo más cerca posible de esa tumba, depositaron el cuerpo del rey, sin ceremonia ni honores reales. Sobre el féretro colocaron una plancha de lata con las palabras “KING CHARLES. 1649”. Como no había ningún monumento que señalara el lugar de sepultura, no fue sino hasta 1813 , por decisión del entonces príncipe regente y príncipe de Gales -el futuro Jorge IV- que se encontró el féretro de Carlos I y se exhumó su cuerpo.

Después de desprender el lienzo empapado en materia resinosa que sujetaba la cabeza al cuerpo, ésta fue separada y expuesta a la vista de los pocos espectadores de aquella escena. Los músculos y la piel estaban completos; la nariz y uno de los ojos se habían caído mientras el otro ojo se conservaba bien. La barba acabada en punta, el cabello, la cara alargada en forma de óvalo recordaban vivamente a los retratos de aquel desafortunado rey Carlos I. El corte limpio de las vértebras cervicales y los músculos contraídos no dejaron lugar a dudas acerca de la identidad de esos restos.

(c) Bristol Museum and Art Gallery; Supplied by The Public Catalogue Foundation
TRASLADO DEL CUERPO DE CARLOS I A WINDSOR.

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