Gran Bretaña

Las tumbas de los reyes de Inglaterra y algunas curiosidades funerarias

El 2 de febrero de 1901, el cuerpo de la reina Victoria de Inglaterra fue sepultado junto a la tumba de su amado esposo, Alberto, que había abandonado el mundo cuarenta años antes dejando a la monarca sumida en la más profunda depresión. La pareja reposa en el mausoleo real de Frogmore, cercano al castillo de Windsor.

El mausoleo, costeado por Victoria con dinero personal, fue muy costoso, pero no era hermoso. El pesado sarcófago destinado a sostener los restos de la que fue reina durante 64 años era de un solo bloque de granito con un hueco para dos féretros y pesa 9 toneladas. Victoria se convirtió en la primera monarca que no recibió sepultura en la cripta de la capilla de San Jorge o en la Abadía de Westminster, en Londres.

MAUSOLEO DE LA REINA VICTORIA Y EL PRÍNCIPE ALBERTO.

De los 42 monarcas que ha reinado en Inglaterra desde la conquista de los normandos, en el año 1066, solo dieciséis descansan perpetuamente en la Abadía de Westminster. Otros 10 están en la capilla real de San Jorge, ubicada dentro de la fortaleza de Windsor, y los demás se hallan dispersos por varias ciudades de Inglaterra. Se dio el caso curioso de que el cuerpo de Ricardo III fue hallado hace muy pocos años debajo del estacionamiento de un supermercado.

Enrique III, fallecido en 1272, fue el primer soberano que recibió sepultura en la histórica abadía. De la Casa de Lancaster no hay más que uno con sepultura allí, Enrique V, que murió en Francia en 1422 en una época en que era muy frecuente emprender larguísimos viajes con los cadáveres de los monarcas para sepultarlos en los panteones familiares. El último de los 16 soberanos enterrados en Westminster fue Jorge II, muerto en 1760.

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EL CUERPO DE EDUARDO EL CONFESOR FUE EXHUMADO EN 1774.

En la abadía, escenario de las coronaciones reales desde el siglo XI, la tumba real más hermosa es la capilla construida por Enrique VII -primer monarca de la Casa de Tudor- para que le sirviera de sepultura y que es una verdadera obra maestra del estilo gótico inglés. Su hijo Enrique VIII y sus nietos, Eduardo VI, María I e Isabel I, así como su otra nieta, la decapitada María de Escocia, también descansan allí.

Antiguamente, los entierros reales de Inglaterra eran muy originales. Se colocaba el cuerpo en un féretro de plomo que en el acto quedaba soldado herméticamente. Una figura de cera, de fiel parecido al rey o la reina, era lo que ocupaba el puesto del cadáver en la capilla ardiente y en la carroza fúnebre para recibir el homenaje del pueblo.

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LA EFIGIE FUNERARIA DE CERA DE CARLOS I SE EXHIBE EN LA ABADÍA DE WESTMINSTER

A aquella imagen le colocaban la corona del fallecido sobre la cabeza, el centro en una mano y otras insignias en su vestimenta. Los artistas se empeñaban en que las figuras de cera fueran lo más idénticas posible a los difuntos a fin de lograr “engañar” al público. Para ello, hacían moldes de yeso sobre la cara del rey muerto y los pintaban con colores que asemejaran su piel. Una peluca y ojos de cristal completaban la obra.

Durante siglos, en un sector casi secreto de la abadía se Westminster, se almacenaron las curiosas efigies de cera de once de los 16 monarcas sepultados allí, como Isabel Tudor o Carlos II, el “monarca alegre”, protegidos dentro de urnas de cristal. Describiendo la máscara funeraria de Isabel I, dijo un escritor inglés: “Parece mitad bruja, mitad fantasma, coronada con diadema la anciana cabeza y llena de polvo la alta gola. Joyas falsas cubren el corpiño y el largo manto de terciopelo está bordado de oro”.

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TUMBA DE LA REINA ISABEL I, LA ÚLTIMA MONARCA TUDOR

La imagen de Carlos II, de la Casa de Estuardo, está vestida de terciopelo azul y rojo, con cuello, puños y chorreras de encajes finos, muy al estilo de ese monarca amante de la elegancia y la sofisticación. Su imagen, dentro de una urna, permaneció durante 150 años encima de la tumba del galante rey en la capilla de Enrique VII y constituye el único monumento levantado a la memoria de aquel rey.

De los diez monarcas ingleses sepultados en el castillo de Windsor, el primero fue uno de la dinastía Lancaster, Enrique VI, que se supone murió asesinado en la Torre de Londres por orden del duque de Gloucester, quien más tarde ocupó el trono con el nombre de Ricardo III, siniestro personaje de las obras de Shakespeare.

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CARICATURA DEL MOMENTO EN QUE EL PRÍNCIPE REGENTE EXHUMÓ TUMBAS REALES EN 1813

En Windsor también descansan Enrique VIII y el mutilado cadáver de Carlos I, a quien algunos días después de su ejecución en Londres llevaron en medio de una noche de tormenta de nieve a Windsor y lo depositaron en la misma bóveda que Enrique. El féretro de plomo de Carlos I fue abierto en 1813 para satisfacer la curiosidad del príncipe de Gales.

Los restos de Guillermo el Conquistador no fueron sepultados en la tierra que había conquistado por las armas. Aquel guerrero murió en Rouan, Francia, y fue sepultado en la abadía que había hecho construir en Caen, en su amada Normandía, no sin algunos incidentes que le impidieron una despedida digna.

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LAS EFIGIES FUNERARIAS DE GUILLERMO III Y MARÍA II.

El cuerpo de Guillermo I fue robado; aprovechando la ocasión que les habían brindado, los ambiciosos criados le despojaron de todo, inclusos de sus ropas, y el cadáver quedó tirado en el suelo, desnudo, durante días. El cadáver fue finalmente homenajeado dignamente en una ceremonia fúnebre hecha por unos monjes. Sin embargo, cuando iban a colocarlo en el ataúd, se dieron cuenta de que no entraba porque había engordado mucho.

El hijo del Conquistador, Guillermo el Rojo, murió de un flechazo en la cabeza cuando estaba de cacería y lo enterraron en la catedral de Winchester sin ceremonia religisa alguna “porque su maldad había sido grande y los hombres miraban su muerte como un juicio de Dios”, dice un historiador.

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LA CAPILLA DE ENRIQUE VIII
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LA EFIGIE FUNERARIA DE CARLOS I.

Dos reyes ingleses de la dinastía de los Plantagenets, Enrique I y Ricardo I “Corazón de León”, descansan en Francia, en la iglesia abadía de Fontevrault, mientras Ricardo III, asesino de sus sobrinos Enrique VI y Eduardo V, murió en una batalla, tras lo cual su cadáver fue objeto de insultos y vejaciones populares.

Tras esta poco digna despedida a un monarca, los restos de Ricardo III fueron llevados a la ciudad de Leicester, donde estuvo expuesto al público durante dos días y después lo enterraron en el cementerio de los Monjes Grises. El paso de los siglos transformó el lugar en un supermercado, bajo cuyo estacionamiento se hallaron los huesos de este controvertido monarca en 2013.

La cripta de San Jorge, en Windsor, alberga hoy los restos de todos los monarcas del siglo XX, excepto uno: Eduardo VII y la reina Alejandra, Jorge V y la reina María, Jorge VI y la reina Isabel. También se encuentran allí las sepulturas de Jorge III y la reina Carlota, Jorge IV y los reyes Guillermo IV y Adelaida. Eduardo VIII, el rey que abdicó para casarse con una plebeya, descansa bajo la sombra de los árboles del parque que rodea el mausoleo de Frogmore.

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