La Constitución rusa pone límites a las reeleciones consecutivas de sus presidentes, por lo cual un grupo de activistas pro-Kremlin, que pretende “eternizar” al popular presidente Vladimir Putin tiene ahora en mente una idea diferente: proclamarlo Zar Vladimir. “Haremos todo lo posible para asegurarnos de que Putin se mantenga en el poder el mayor tiempo posible“, dijo recientemente Konstantin Malofeyev, un empresario políticamente activo, ante cientos de sacerdotes ortodoxos rusos y miembros de los principales partidos políticos del país reunidos en una conferencia. Fue aclamado por esa multitud, unida por una sola causa: devolver la monarquía a Rusia.

Si bien no hay planes para coronar a un nuevo Emperador y Soberano de Todas las Rusas, el principal de los 55 títulos que tuvo el último zar, Nicolás II, la idea plantea la posibilidad de que Putin pueda mantenerse más allá del límite de dos mandatos que permite la constitución. El Kremlin, sede del poder ruso, dio pocas señales sobre quién podría ser el sucesor de Putin cuando finalice su mandato de seis años en 2024, dejando a muchos especular, a veces de forma desenfrenada, sobre lo que debería suceder a partir de ese año.

Rusia no ha tenido un zar desde 1917, cuando Nicolás II renunció al trono bajo la presión de los revolucionarios, quienes lo asesinaron junto a su familia un año más tarde. La idea de restituir el sistema monárquico es un poco alocada, dicen algunos: ¿Es una monarquía absoluta mejor que una monarquía constitucional? Otros saborean la idea: ¿debería establecerse una línea dinástica o debería un zar electo democráticamente? Para aquellos que favorecen la sucesión masculina, ¿sería un problema que Putin supuestamente solo tenga dos hijas?

Putin nació en una familia pobre y creció en duras condiciones en un barrio de San Petersburgo. Pero superó las dificultades para ir a la universidad y obtener un cargo modesto en la KGB, el Comité para la Seguridad Estatal que solo duró hasta la caída de la Unión Soviética. “Conozco a Putin desde 1992. Éramos vecinos de dacha (casa de campo)”, comentó el exsenador Pugachev. “Putin tenía un cargo de muy bajo nivel en la KGB, había miles como él. Fue desechado por el sistema, por la Unión Soviética, a la calle. Él no tenía ambiciones de ningún tipo… no tenía ambiciones de carrera, y mucho menos ambiciones políticas. Fue por accidente que acabó en la oficina del alcalde”.

“La monarquía solo tiene que ver con la sangre por definición”, dijo Yevgeniy Nikofoforov, director general de una estación de radio dedicada a la Iglesia ortodoxa rusa. “No, absolutamente no”, replicó Andrey Afanasiev, un presentador del canal de internet perteneciente a Malofeyev, Tsargrad. “¿Qué ha hecho Rusia en los últimos 30 años? Ha resucitado un imperio y ha elegido un emperador”, dijo Afanasiev, y agregó que la falta de una cuna noble de nacimiento no es un impedimento para que Putin sea coronado emperador.

Malofeyev asegura que su grupo “Águila de dos cabezas”, que lleva el nombre de un símbolo en el escudo de armas de la Rusia imperial, está floreciendo; el número de sucursales regionales aumentó casi la mitad este año a más de 50. Abierto en 2016, el grupo dice que quiere ilustrar a los rusos sobre el pasado pre-soviético de su nación y resucitar las tradiciones rusas, incluída la recuperación de los nombres de ciudades y calles de la época zarista, así como la monarquía. “Somos una sociedad muy paternalista“, dijo Malofeyev, y agregó que los rusos están regresando a sus raíces históricas.

El teniente general Leonid Reshetnikov, un miembro del servicio de inteligencia extranjero de la Unión Soviética que ahora es vicepresidente del grupo “Águila de dos cabezas”, dijo que tuvo una conversación sobre la monarquía el año pasado con Putin, en la que el presidente describió la idea como “hermosa”. Sin embargo, le preocupaba que la monarquía pudiera conducir al “zastoi”, o estancamiento, un término usado para describir el letargo económico de los últimos años soviéticos y ahora se usa cada vez más en referencia a las tasas de crecimiento lento bajo el actual gobierno. Según el “Wall Street Journal, el portavoz del Kremlin dijo que a Putin no le gusta la idea de restaurar la monarquía.

España restableció su monarquía bajo el régimen del dictador fascista Francisco Franco, quien aprovechó a un heredero del trono abolido, el Príncipe Juan Carlos de Borbon, para sucederlo en 1969. Los británicos restauraron su monarquía después de su breve derrocamiento en el siglo XVII. En Rusia, la última familia real, los Romanov, fueron ejecutados en 1918, y las personas que afirmaban tener una ascendencia real se quejaron de quién es más legítimo para reclamar ser el jefe de la casa imperial.

Anton Bakov, un hombre de negocios en la ciudad de Ekaterimburgo, es un defender de la restauración de la monarquía, como miles de ciudadanos rusos, pero siempre en a la vuelta de la dinastía de los Romanov, que reinó desde 1613 hasta la Revolución. Bakov asegura que todavía quedan unos 200 miembros de la familia, descendientes de grandes zares como Catalina la Grande, Alejandro I o Alejandro II, de los que Putin es un gran admirador. “Si queremos restaurar la monarquía, deberíamos restaurar la que conocemos”, dijo.

Por lo pronto, Bakov -hijo de ingenieros de Sverdlovsk, la actual Ekaterimburgo- no está reclamando el trono de los Romanov para sí ni para Putin, sino para el príncipe alemán Karl Emil de Leiningen, bisnieto del Gran duque Kiril Vladímirovich de Rusia, un primo del zar Nicolás II, y como tal descendiente directo de Alejandro II. No es el único que asegura ser el legítimo heredero del trono ruso, pero luego de su conversión al cristianismo ortodoxo, en 2013, el Partido Monárquico -fundado por Bakov- lo reconoció como tal.

Un año después, el extravagante empresario también consiguió que el príncipe, rebautizado como Nikolai Kirillovich Leiningen-Romanov, aceptara el trono de lo que en ese entonces se llamaba Estado Soberano Sede Imperial, así como el título de emperador, bajo el nombre de Nicolás III. Bakov, por su parte, asumió el rango de Archicanciller y Primer Ministro del microestado, además del título de “príncipe serenísimo” (knyaz), lo que le valió el derecho a ser saludado como “su alteza serenísima”.

Muchos en “Águila de dos cabezas” esperan que Putin termine aceptando la idea de que, para muchos, es el hombre ideal para ascender al trono del Kremlin y recibir la corona. Yelena Sharoykina, miembro del grupo y presentadora de noticias del canal Tsargrad, dijo que podría ser solo una cuestión de tiempo: “Nunca se sabe lo que va a pensar en cinco años. El Putin de hace cinco años es diferente del Putin de hoy, y nunca se sabe si cambiará de opinión”.

Un 28% de los rusos se declara “a favor” o “no contrarios” a un retorno a la monarquía, según una encuesta conducida por el instituto VTsIOM publicada en marzo de 2017. Un sector minoritario, que aumentó en los últimos 12 años, cuando sumaban un 22%, y que es más marcada entre los jóvenes: un 33% para el segmento de entre 18 y 24 años y 35% entre 25 y 34 años. “Se ve claramente que para las generaciones ‘soviéticas’ hay una resistencia a esta idea más fuerte que entre los jóvenes, para quienes la monarquía es una forma de gobierno que puede ser factible“, dijo el sociólogo Stepan Lvov, que dirigió el estudio. Entre los jóvenes rusos, explicó, la monarquía ya no está asociada a una idea de falta de libertades y de democracia, “incluso es algo atractivo por su racionalidad y eficacia”.

Pavel Markov, nacido en el momento del colapso de la URSS, forma parte del grupo de jóvenes que ven la monarquía como “un sistema más adecuado y equilibrado”. “La democracia no le conviene a los rusos, nuestra mentalidad exige un poder autoritario y centralizado”, afirmó este profesor de historia de Nizni Nóvgorod, citado por la BBC.

“Una monarquía constitucional permitiría consolidar nuestros valores tradicionales para darle al fin fuerza y vigor a la población”, afirmó Markov. Para Elena Melnikova, una estudiante de 22 años especializada en restauración de íconos, no hay duda: “Vladimir Putin ya es un zar”, dijo la joven, para quien un retorno a la monarquía sería una vuelta a los “verdaderos valores rusos”.

Lo único que se sabe, de momento, es que de ascender al Trono de Rusia, el presidente Putin sería coronado como Vladimir IV.

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