Gran Bretaña

“La Favorita”, un relato obsesión, traición y venganza sobre la vida amorosa de la reina Ana de Inglaterra

La carta reflejaba una pasión mal disimulada: “Espero tener un momento o dos para estar con Mi Querida…”, escribió la joven. “Quisiera tener un querido abrazo, el cual anhelo más de lo que puedo expresar”. En otra carta, la joven le rogó: “¡Ven a mí tan pronto como puedas, para que me abrace a ti (…) No puedo ir a la cama sin verte … Si supieras en qué condición me has dejado, estoy segura de que tendrías lástima“.

La correspondencia, escrita hace más de 300 años, es muy íntima pero dentro de los estándares pasionales de cualquier persona enamorada. Sin embargo, la autora de estas apasionadas misivas no era una mujer común y corriente, sino una princesa, Ana Estuardo, que se convirtió en la reina de Gran Bretaña en 1702. Y lo que hace a las cartas aún más intrigantes es que el destinatario del deseo de la joven princesa era otra mujer.

ana 2

ANA DE INGLATERRA MURIÓ EN 1714.

La mujer que la princesa Ana amaba con un ardor que iba mucho más allá de la amistad era Sarah Churchill, la bella, carismática e intrigante Duquesa de Marlborough, cuyo vínculo con la princesa era tan íntimo que escandalizaba a la corte de Londres. Ana amaba a su esposo, el príncipe Jorge de Dinamarca, y de hecho fruto de su unión fueron los constantes embarazos de la princesa (uno cada 18 meses).

Ahora, 300 años después, el Palacio de Kensington, una de las residencias de la realeza británica en Londres, abrió las puertas de una exposición que recuerda la vida de la que es una de las monarcas menos conocidas de la historia inglesa justo cuando se estrena una película sobre su vida, “La favorita”, dirigida por Yorgos Lanthimos y protagonizada por Olivia Coleman, Emma Stone y Rachel Weisz.

La muestra exhibe los trajes utilizados en la película con el propósito de contar la “verdadera historia” de la última monarca de la dinastía Estuardo. Matthew Storey, curador de las Colecciones Históricas de los Palacios Reales, dijo: “Hemos querido contar la historia de la reina Ana por un tiempo. Parece una monarca algo olvidada. Hemos estado investigando mucho sobre cómo podemos contar historias diversas, especialmente historias LGBT, y la reina Ana es una persona clave para eso“.

“Kensington es el lugar donde estas mujeres vivieron, amaron y donde la reina Ana murió en 1714”, agrega Storey. “Los vestuarios de la tres veces ganadora de premios de la Academia Sandy Powell se inspiraron en los estilos y siluetas de la moda de los días de la reina Ana, pero usaron telas y técnicas modernas para dar vida a las historias de esas mujeres”.

img_20181217_040849_209388564057.jpg

La favorita“, ganadora de varios premios de la “British Independent Film Awards“, detalla la relación íntima de Ana con la duquesa de Marlborough y con Abigail Hill, además de la amarga rivalidad entre las tres que consumiría la corte de la última monarca de la dinastía Estuardo.

Ana amaba a Sarah Jennings, con quien estaba obsesionada, casi desde su niñez. La princesa, era capaz de viajar por todo el país sólo para poder estar unas pocas horas junto a ella u organizar una citas nocturnas secretas. Era tan grande la pasión de Ana por Sarah que poco a poco ambas fueron víctimas de celos obsesivos y peleas monumentales.

Nadie sabe si la refinada Sarah en realidad amaba a Ana, pero se quejaba constantemente de los celos de su amante. Ana, por su parte, se manifestaba atormentada por las otras amistades femeninas y sensuales de Sarah, provenientes de la alta sociedad. Por eso, después de más de veinte años de intimidad, la relación se agrió y la princesa pareció transferir su amor a una simple burguesa llamada Abigail Masham, que era su dama del guardarropas real.

La duquesa fue expulsada y, como tantos cortesanos, exigió una venganza por lo que consideraba su traición. Primero, ella acusó públicamente a Ana de mantener relaciones lésbicas con Abigail. Luego escribió sus memorias, poniendo al descubierto las cartas de amor que la inocente y enamorada princesa le había escrito. Posesivas, apasionadas y vibrantes, las cartas plantean interrogantes acerca de la naturaleza de la relación entre Ana, la duquesa y su dama.

Una reina y una pasión desconocidas

Queen_Anne_of_Great_Britain

La historia ha considerado durante mucho tiempo a Ana como una de las monarcas más oscuras de la historia inglesa: gorda, aburrida, sin encanto y de inteligencia limitada. Nacida en 1665, fue la segunda hija sobreviviente de James Estuardo, duque de York, y de Lady Anne Hyde, y desde temprana edad, mantuvo una serie de amistades femeninas que causaron escándalo en la corte debido a su naturaleza obsesiva e íntima.

Siendo una adolescente, Ana se enamoró de una dama del guardarropas real, Mary Cornwallis, a quien ella escribió cartas tan ardientes que el duque de York se preocupó por la naturaleza de la relación y despidió a la dama. Según Sarah, el tío de Ana, el rey Carlos II, también lo había notado, comentando: “Ningún hombre ha amado a su señora tanto como Ana ha amado a la señora Cornwallis”.

Las relaciones de lesbianas no eran inauditas en la acalorada Corte de los Estuardo, que llegó a Inglaterra desde Escocia de la mano de un homosexual, Jacobo I. Su nieta Ana creció en el ambiente libertino de la corte de Carlos II, donde había pocos tabúes. De hecho, fue el “Monarca Alegre” quien encontró, con gran sorpresa, a una de sus amantes en la cama con otra mujer, y, tras unos instantes de perplejidad, se metió a la cama con ellas. Algunos años más tarde, se mostró menos feliz cuando otra de sus amantes inició un romance con su hija ilegítima.

“Deseaba poseerme completamente”

sarah

SARAH, DUQUESA DE MARLBOROUGH

Sarah Jennings y la princesa Ana eran amigas desde la niñez, aunque la duquesa era cinco años mayor. Cuando era adolescente, Sarah ya era descrita como una de las grandes bellezas de la corte. Rubia, vivaz y carismática, cautivaba a hombres y mujeres por igual y se casó con un ambicioso y apuesto joven oficial del ejército, John Churchill, diez años mayor que ella.

Churchill estaba apasionadamente enamorado de su esposa, y sus cartas ardían de deseo, pero él pasaba la mayor parte de su tiempo en el extranjero, luchando en la guerra contra Francia. Sarah no se contentaba con jugar a la esposa sumisa y obediente, y en su lugar, decidió a la tímida y regordeta princesa Ana, para la que se hizo indispensable.

Para tener cerca a la duquesa, Ana la nombró dama de la recámara (lady of the Bedchamber), lo que le confería un acceso completo a la vida íntima de la princesa. Por entonces el padre de la princesa desaprobaba esta relación, temiendo que Sarah dominara a su influenciable hija, y tenía razón, pero era demasiado tarde. De pronto, la encandilada Ana obedecía todos los mandatos de Sarah Churchill. Ingeniosa, confiada, encantadora y hermosa, la duquesa era todo lo que Ana no era, y eso la cautivaba.

Las cartas de Ana revelan lo encantada que estaba con su amiga: “Aunque escribiera volúmenes enteros, nunca podría expresar lo mucho que te amo”, le escribió. Como Sarah confesó más tarde, la princesa “deseaba poseerme completamente”. En cartas, Sarah y la princesa se referían entre sí por apodos. Ana era “Miss Morley” mientras la duquesa era “Mrs Freeman“, para subrayar que la relación no era una de una princesa y su sirviente, sino de iguales.

380028-1365763520

LA DUQUESA DE MARLBOROUGH FUE UNA DE LAS MUJERES MÁS RICAS Y PODEROSAS DE SU TIEMPO

En 1688, el padre de Ana fue depuesto y reemplazado por su hija mayor, María II, y su esposo, el príncipe Guillermo de Orange (el futuro rey Guillermo III), ambos protestantes. La princesa Ana se puso del lado de Guillermo y María, pero Sarah la animó a mantener la distancia (ella y Ana llamaban en privado a Guillermo III con el apodo de “aborto holandés”).

Furiosa, la reina María exigió a su hermana que expulsara a Sarah de la corte, culpándola por su alejamiento, pero Ana se negó. En protesta, ella misma abandonó palacio con su marido y se mudó al campo, a una residencia cercana a la de Sarah. Fue en ese tiempo cuando Ana se volvió cada vez más dependiente de Sarah, soportando sus frecuentes berrinches, críticas e intimidación.

A pesar de su feliz matrimonio, Ana era una mujer absolutamente solitaria. Su padre abandonó Inglaterra rumbo al exilio en Francia, su madre estaba muerta, su hermana estaba enfrentada con ella y perdió a 17 hijos en abortos espontáneos, partos mortales o enfermedades de la infancia. Solo uno de los niños sobrevivió a la infancia, el príncipe Guillermo, duque de Gloucester.

Los sirvientes eran espías de la reina María II, los cortesanos conspiraban y los nobles intrigaban contra Ana, por lo que no era de extrañar que la princesa -presunta heredera del trono porque María no tenía hijos- se aferrara a la astuta duquesa de Marlborough.

Guerra de favoritas en el palacio de Kensington

abigail

ABIGAIL, BARONESA MASHAM

Cuando Ana fue coronada reina, en 1702, después de la muerte de su hermana y de su cuñado, era una mujer obesa y con una salud quebrantada por la gota y otros males. Sarah se convirtió en la mujer más poderosa en la corte, ostentando los cargos de Guardián del Monedero Privado -que controlaba las finanzas de la reina-, y ejerció el cargo de “Groom of the Stool”, el puesto más alto e influyente de la corte, que tenía por objetivo asistir a la reina mientras hacía sus necesidades más íntimas.

Durante varios años, la duquesa de Marlborough intrigó e influyó poderosamente en la corte, haciendo notar a todos que la reina no era más que un títere suyo, una mujer vaga y poco interesada en los asuntos del gobierno.

Muy afectada por la actitud de su favorita, Ana se refugió en la tierna compañía de la joven Abigail Masham, una mujer sencilla que desde el principio se mostró dispuesta a escuchar, y consolar a la atribulada Ana, que para principios del siglo XVIII ya estaba muy enferma.

Cuando Sarah se dio cuenta de que Abigail la había reemplazado en el corazón de la reina Ana, reaccionó con furia amarga, llamando públicamente a Abigail como “la víbora” y la “perra desagradecida”. La despechada duquesa acusó violentamente a la reina de mantener “una pasión tan grande por tal mujer” y le advirtió que si el mundo se enteraba de su “intimidad” con Abigail y que la reina “no tenía inclinación hacia nadie del sexo opuesto”, su reputación quedaría arruinada para siempre.

En 1709, Sarah Churchill amenazó a la reina con contarle a todo el mundo que era lesbiana a menos que se deshiciera de Abigail, pero Ana se negó a ser chantajeada, respondiéndole: “Yo puedo amar a quien yo quiera”. Celosa, la duquesa comenzó a difundir rumores sobre la reina y su dama, insinuando que el país estaba siendo gobernado por un par de lesbianas.

Uno de los aliados de la duquesa de Marlborugh escribió una balada vergonzosa acerca de la relación “antinatural” de Ana con su “puta de Estado”, describiendo cómo le encantaba la “sucia camarera” Abigail ofrecer sus “dulces servicios” a la reina por las noches.

Los chismes comenzaron a extenderse. La corte murmuraba el “vicio femenino” de la reina, que se entregaba a los actos “más detestables de la naturaleza” y Sarah insinuaba que, mientras el príncipe Jorge estaba vivo, Ana y Abigail habían disfrutado de encuentros amorosos durante sus siestas de la tarde.

gettyimages-51160663-1024x1024

ANA FUE LA ÚLTIMA MONARCA DE LA DINASTÍA ESTUARDO.

Completamente enfurecida por las acusaciones de Sarah, Ana la expulsó de la corte junto a su marido. Los aliados de la duquesa en la corte y el gobierno fueron remplazados por amigos y familiares de Abigail.

Desde su exilio cortesano, una furiosa duquesa de Marlborough comenzó a amenazar a la reina con publicar las cartas privadas que le había enviado a través de los años: “Si esto se conoce, podrías perder la corona”. Pero esta vez las amenazas funcionaron: la reina pagó generosamente por las cartas y las ocultó para siempre.

Para ese entonces la duquesa era la mujer más rica de Inglaterra, con una fortuna equivalente a más de 100 millones de dólares actuales y era ama y señora del esplendoroso palacio de Blenheim. Pero aún ansiaba tener la última palabra revelando las cartas de Ana en sus propias memorias.

Cualquiera que sea la verdad sobre cualquier intimidad sexual en el dormitorio real, la historia de la reina Ana, la dama Abigail y la duquesa de Marlborough siendo un relato tentador de obsesión, traición y venganza.